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Ángel M. González

Viento de Nordeste

¿Se puede vivir sin coche?

Si quieren una respuesta personal, sin meditarlo, diría que no, pero me sumo a una reflexión que un poco sobre la marcha realizó Paul Krugman en un post publicado en su blog a propósito de los servicios de coche que prestan empresas como Uber o Lyft a través de los smartphones. Dice mi admirado economista que “servicios de conductor fiables y de respuesta rápida podrían liberar a mucha gente de la necesidad de invertir todos esos recursos en algo que solo usa de vez en cuando. Y desde un punto de vista social, reduciría la necesidad de invertir tanto capital en algo que no se usa la mayor parte del tiempo”.
Desde luego, estoy de acuerdo con él, pero antes de pensar en la oportunidad de negocio que se abre con este tipo de actividades a partir del uso de los teléfonos inteligentes, deberíamos de agotar las posibilidades que ofrecen los sistemas tradicionales de transporte público, utilizando también la misma tecnología, especialmente en aquellos lugares donde pueden funcionar más y mejor porque tienen, al mismo tiempo, una gran experiencia acumulada. En Asturias, sin ir más lejos, existe una enorme potencialidad en el área central para desarrollar un gran proyecto metropolitano sin coches aprovechando las redes de autobuses, trenes y taxis que existen y potenciándolas mediante el consorcio ya vigente o a través de la fórmula que se quiera, pero es necesaria mayor voluntad política y, sobre todo, un enorme cambio de mentalidad ciudadana.
Sostiene Krugman que el problema evidente son las horas punta en los desplazamientos, pero propone el Premio Nobel norteamericano la reorganización de horarios de personas y empresas para evitar las franjas donde se producen los grandes embotellamientos y conseguir ahorrar en tiempos y costes. Una buena idea si la desarrollamos de manera colectiva. ¿Seríamos capaces en Asturias de ponernos de acuerdo y conseguir cambiar las horas de entrada y salida en polígonos, empresas, establecimientos comerciales, etcétera, para escalonar los tráficos en los accesos a las urbes?
Cuando se repasan los datos sobre movilidad en Asturias encontramos cifras escalofriantes. El parque de turismos alcanza el medio millón, tocamos a un vehículo por cada dos habitantes, y se producen más de 40 millones de desplazamientos al año, sólo el 12 por ciento a través de medios de transporte público. El uso del coche privado para ir de un lado a otro en la ciudad o entre Gijón y Oviedo es de lo más elevados de España. La dependencia es absoluta. Consumimos cerca de 700.000 toneladas de gasolina cada año y nos quedamos tan contentos. Y otras 450.000 toneladas de gasóleo y como si nada. Además, se contribuye a aumentar la contaminación y el ruido, las necesidades de espacio para circular y aparcar son una fuente de problemas y la siniestralidad, no digamos. La sostenibilidad, por lo tanto, es cada vez más difícil.
Por ello, un mayor uso de los servicios públicos de transporte, de la utilización compartida del vehículo o de la bicicleta en aquellas ciudades como Gijón, donde se aplica desde hace justo diez años el plan Gijón-Bici, que implica el desarrollo de carriles y una flota de bicicletas públicas a disposición de los ciudadanos, sería adecuado para ir aparcando definitivamente el coche en casa. E incluso para ir pensando en deshacerse de él. ¿Podemos hacerlo?

Sobre el autor

Periodista del diario EL COMERCIO desde 1990. Fui redactor de Economía, jefe de área de Actualidad, subdirector y jefe de Información durante doce años y desde febrero de 2016, director adjunto del periódico.


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