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Ángel M. González

Viento de Nordeste

Central park

Hace más de un año que se derribó la estación de cercanías del Humedal y con ello desaparecía el último vestigio del sistema ferroviario gijonés al que iba a sustituir un modelo mucho más acorde con las necesidades de comunicación de la ciudad, mejor planificado, moderno e intermodal. Sin embargo, una década después de que se proyectara el plan de vías lo que tenemos es el túnelon hasta Viesques, medio solar convertido en pradera, otro medio de escombro y una estación circunstancial que costó la intemerata. Es decir, provisionalidad, que además de incómoda amenaza con ser eterna.
Esta semana, coincidiendo con el Día Internacional de la Mujer, fue inaugurado el nuevo parque El Tren de la Libertad en memoria a la marcha que hace dos años le rompió el espinazo a Gallardón por su ley antiabortista.
Por lo tanto, la gran mancha verde destinada a construir pisos, popularmente conocida por el ‘solarón’, entra en el callejero con título oficial escrito en letras malva. Y aunque también parezca provisional, existe la promesa municipal de que si algún día el ‘solarón’ deja de ser tal, el Tren de la Libertad seguirá teniendo su placa en el lugar, bien dando nombre a una calle, bien a una plaza. O sea, del nuevo plan de vías quizás sea esta circunstancia la que está más garantizada, porque los planos y el dinero continúan estando en el aire.
En cuanto a los planos, la decisión de cambiar el emplazamiento de la futura terminal a la altura del Museo del Ferrocarril para recuperar la centralidad perdida en los bocetos iniciales, a mi juicio acertada, está en manos de un juez por empeño del Principado. Raramente se moverán más papeles si de tres socios que se sientan en Gijón al Norte uno se encuentra en funciones, otro promueve litigios y el tercero solo tiene el uso de la palabra. Sobre el dinero, más de lo mismo. Se pondrán las primeras parcelas a la venta y aparecerá algún inversor atrevido en busca de refugio ante la última artillería de ‘Supermario’, pero de ahí a que el ladrillo resucite podemos seguir sentados haciendo calceta.
Entonces, como la provisionalidad es para rato, la primera autoridad local ha puesto sobre la mesa una idea genial: Extender el ‘prau’ hasta la Comisaría. Sustituir la cochambre por una playona verde que una el maravilloso parque de Moreda con el centro de Gijón. Eso sí, yo pondría un estanque, unos cuantos arbolinos, algún parterre y otro ‘kilómetrín’ para que la gente, además de esparcer, pueda mantenerse en forma. Se admiten más propuestas. Quiero decir con ello que, para ganar tiempo al tiempo, me agarro a lo que plantea la primera edil y si no tenemos de momento estación central disfrutemos, por lo menos, de un central park.

Sobre el autor

Periodista del diario EL COMERCIO desde 1990. Fui redactor de Economía, jefe de área de Actualidad, subdirector y jefe de Información durante doce años y desde febrero de 2016, director adjunto del periódico.


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