Hay cosas que no encajan en el pequeño mastodonte municipal en que se ha convertido Divertia. Resulta que el invento creado para evitar que los dineros del Botánico, de la Sociedad de Turismo y del Jovellanos se fueran por las cañerías arroja un déficit de los que hacen afición en el primer año de andadura. Con esta criatura de nombre rimbombante se racionalizaba el gasto mediante las economías de escala, la reducción de externalizaciones, el mejor aprovechamiento de los recursos internos, la unificación de sedes y toda una serie de acciones de las que saben muy bien los economistas, de tal manera que el Ayuntamiento ahorraba cerca de tres millones de euros sobre las aportaciones que la Corporación socialista realizaba a los tres entes allá por 2010. Es más, todo ello sin reducir personal ni programación, circunstancia que era para vanagloriarse, como es lógico. La misma diversión a menor coste. Pero claro, luego viene la cruda realidad y Divertia cierra el ejercicio de estreno con un desfase de casi un millón de euros, por lo que los gestores no tienen más remedio que tomar medidas para este año compensar tamaña desviación. Y entonces, al amparo de la prórroga presupuestaria, se les ocurre recortar la programación de actividades gratuitas, esto es, menos días de Semana Grande, menos conciertos abiertos al público, menos arte en la calle, etcétera. En esta ciudad, que concentra la tercera parte del paro en Asturias y la mayor bolsa de pobreza de la región, pierden el derecho a divertirse aquellos que no pueden pagar por disfrutar de la fiesta. Ni pan, ni circo.
Más de la mitad del desvío en las cuentas tiene su origen en el fracaso del espectáculo de Elton John, que había que desembolsar 62 euros en pista para verlo, y en la incapacidad para ajustarse a lo que se disponía en el Festival de Cine. Divertia, por lo tanto, carga el sobrecoste al apartado ‘jolgorio para todos’, como si fuera una especie de subvención prorrateada, y apenas toca aquello que obliga a pasar por taquilla, donde el riesgo, al final, es no poder colgar el cartel de ‘no hay entradas’.
Muchas veces hemos oído hablar de que el dinero destinado a shows, sean musicales, pirotécnicos o deportivos, no es como tal un gasto, sino una inversión, porque sirven de foco de atracción, dan vida a la ciudad, generan estancias y animan al consumo. Es decir, si se recorta se pierden oportunidades. Menos mal que Wenceslao tampoco está en condiciones de contraprogramar y poner trenes gratis a la capital.