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Ángel M. González

Viento de Nordeste

Histerias y milagros

El desconcierto es total. Ninguna actuación sirve, ninguna de ellas es eficaz; lo que ayer valía, hoy es insuficiente; nadie es capaz de ayudar a nadie y vamos de sobresalto en sobresalto. Estamos viviendo una situación de convulsión permanente, en un estado paranoico, de histerismo colectivo que lleva de la economía del miedo a la de la locura.
El Gobierno se siente incapaz. La crisis es de tal virulencia que arrasa, incluso, con el vigor de un gobierno en la práctica recién estrenado con una de las mayorías parlamentarias más amplias de nuestra historia democrática. Luis de Guindos cada vez que regresa de Bruselas trae la libreta cargada de deberes. Todas las medidas adoptadas no son suficientes para calmar los mercados y convencer a los socios. La prima de riesgo llega a niveles insostenibles, la deuda alcanza costes que empiezan a ser insoportables, crece la desconfianza y el presidente lanza una advertencia: “Existe el riesgo de que nadie preste a España”. La solución inmediata no está ya en manos del Ejecutivo y por eso Rajoy pide el auxilio de las autoridades comunitarias y del Banco Central Europeo.

Los bancos, en peligro. Bankia registra caída libre en la bolsa. Los pequeños inversores huyen despavoridos. El pánico recorre el parqué por el enorme debilitamiento de las entidades financieras ante las dudas generadas sobre sus balances. El Banco de España queda desacreditado hasta por el propio Gobierno y bancos y cajas serán sometidos a la evaluación de dos auditores independientes, BlackRock y Oliver Wyman, para intentar convencer al mundo de que el sector financiero español es solvente y viable. Ojalá acierten. El plan aprobado por el Gobierno recibe el visto bueno de los compañeros del euro porque es una reforma valiente, pero dejará muchas plumas en el sector. Las provisiones comerán los beneficios de los grandes y los medianos lo pasarán mal. Se tendrán que endeudar más para cubrir lo que tienen de momento sano.
Los ahorradores, con la piel de gallina. En Grecia se están retirando fondos de los bancos porque el regreso
al dracma está ya a la vuelta de la esquina. En España, el temido contagio está llegando. En el último año se produjo la desbandada de capital extranjero. Cerca de 130.000 millones de euros fueron extraidos de los bancos españoles por inversores foráneos. De Bankia se sacaron casi 1.000 millones en un día. Los depositantes buscan fórmulas para poner su dinero a resguardo. En bancos de otros países, en inversiones ‘refugio’, incluso bajo el colchón. La situación no puede ser más alarmante.
Las autonomías pagan el plato. Después de los bancos, son el objetivo de las autoridades comunitarias. Tienen una buena parte de culpa y son incapaces de sacudirse ahora la fama del despilfarro. El problema es que son quienes gestionan los pilares del estado del bienestar que los mercados quieren destruir y por ello la presión se concentra en ellas. No sirve reducir el tamaño del sector público, ni recortar los sueldos de los funcionarios, ni eliminar gastos superfluos, ni paralizar inversiones, ni aplazar los pagos a los proveedores… El ajuste tiene que ser vía reducción de las conquistas logradas en sanidad, educación y servicios sociales. Ahí se tiene que aplicar el tijeretazo. Lo que fue ejemplo de prestaciones en  todo el mundo está ahora en la diana.
Europa no se pone de acuerdo. El flamante gobierno francés ya lo ha dicho: no ratificará el pacto fiscal sin plan de crecimiento. Hollande le echa el pulso a Merkel en una Unión totalmente desorientada, sin rumbo. Es necesario un pacto entre las dos orientaciones político-económicas cuanto antes para emprender actuaciones que impidan que la moneda única salga por los aires. España no aguanta más elementos de incertidumbre.
Y entretanto, los agoreros. A la profecía de Paul Krugman se une el ‘Doctor Muerte’. Si el Premio Nobel pronostica el ‘corralito’ en España y el fin del euro, Nouriel Roubini vaticina que si la desconfianza de los mercados persiste, nuestro país no tiene más salida que el rescate. Lo contrario sería un milagro. ¿Pero existen los milagros?

Sobre el autor

Periodista del diario EL COMERCIO desde 1990. Fui redactor de Economía, jefe de área de Actualidad, subdirector y jefe de Información durante doce años y desde febrero de 2016, director adjunto del periódico.


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