Bastó que el conde diera la voz para que las huestes se movilizaran en defensa del Palacio de Revillagigedo. El toque de atención de don Álvaro Armada y Barcáiztegui sobre el uso innoble que estaba haciendo la Fundación Bancaria Cajastur del noble edificio no pudo ser más eficaz y oportuno. La unanimidad en torno a la denuncia del aristócrata ha permitido abrir una senda para recuperar el espíritu para que el había sido concebido el emblemático conjunto de la plaza del Marqués cuando se produjo el traspaso de propiedad con el fin de pasar a formar parte del patrimonio público de Gijón.
Por las vueltas que da la vida es curioso que sea el conde quien activara la alarma sobre el excelso contenido comprometido para el hermoso inmueble cuando su antecesor familiar había planteado en los años setenta convertir el palacio en un hotel de alto standing con 35 habitaciones mediante un proyecto firmado por el inolvidable arquitecto Juan Bautista Martínez Gemar antes de que fuera rescatado por la administración y la Caja. Pero bueno, eso son anécdotas de la historia local.
Entiendo, aunque ello no quiere decir que en este caso tenga justificación, que la fundación buscara fórmulas para rentabilizar de alguna manera el palacio, que permitieran mantenerlo abierto aunque fuera con ferias y mercadillos, con el ánimo de contribuir a su mantenimiento mientras el negocio bancario no fuera fuente de recursos por su participación en Liberbank. La política era tan sencilla como salvémonos nosotros para poder salvar lo que tenemos. Estas mismas fórmulas son aplicadas también en otros equipamientos culturales de la ciudad por el Principado y el Ayuntamiento ante la estrechez presupuestaria y hasta ahora nadie ha protestado por ello.
Ahora bien, el compromiso de la Caja con Gijón, antes a través de la Obra Social y Cultural y luego mediante su heredera, la fundación, era que el palacio fuera un centro internacional de arte, así se llama, que no era simplemente colgar cuadros, como alguien llegó a expresar para ridiculizar la utilización original. Un lugar para el encuentro de las expresiones artísticas actuales con el público, para disfrutar de las nuevas tendencias y de la confrontación de ideas entre autores y estudiosos, además de ofrecer representaciones escénicas, musicales y de danza.
La fundación reaccionó con rapidez pidiendo disculpas, cancelando la celebración del zoco que se iba a tener lugar la próxima semana y prometiendo llenar el monumento de actividad en colaboración con instituciones y entidades públicas y privadas pero respetando, cómo no, los fines establecidos en sus estatutos. Y en los estatutos el término cultura, así de subrayado, brilla por su ausencia.
La nueva Cajastur está orientada a la acción social, a la promoción de la investigación científica y técnica y a la participación de proyectos institucionales que supongan un beneficio general para la sociedad. Solo teniendo encaje en este último objetivo, el Revillagigedo podría volver a entrar en los circuitos internacionales del arte y programar exposiciones tan relevantes como aquella antología de Eduardo Chillida que sirvió de apertura después de su cuantiosa rehabilitación hace veinticinco años este mismo mes. Con voluntad e imaginación se está todavía a tiempo de que la oferta del palacio recobre brillo para satisfacción de todos, incluida la del conde.