Arrancó la semana de tantos puentes como en el juego de la oca con don Fernando Couto rodeado de representantes de la ‘troupe’ opositora con la colección de banderas detrás para, en modo institucional, invitar a los munícipes del urbanismo de Oviedo, Avilés, Siero, Mieres y Langreo a sentarse en una mesa con el fin de hablar de la gran metrópolis. No encajó bien la idea la consejera de Fomento del Principado de Asturias, la señora Belén Fernández, que mucho más pródiga en palabras que el ministro De la Serna con el plan de vías, advirtió desde el despacho que para discutir sobre la ‘ciudad astur’ ya estaba creado un grupo de trabajo en la Federación de Concejos con la participación, y el liderazgo, del Gobierno regional. Por lo tanto, a tomar vientos, de nuevo, la iniciativa municipal en tan espinoso asunto.
Llama la atención como el envite de Gijón movilizó al socialismo. No faltó tiempo para que don José María Pérez saliera al paso de la propuesta de Foro y de sus socios de viaje con el calificativo de «postureo». El dirigente local del PSOE hizo además una lectura que da que pensar. Acusó al concejal de Urbanismo de utilizar la invitación de «escaparate». ‘Josechu’ considera a Couto el tapado en la sucesión si finalmente la alcaldesa decide volver al hospital cuando finalice su segundo mandato. Magnífica revelación. Habrá que estar atentos.
Pero a lo que íbamos. La idea de Gijón no halló respuesta en los municipios comandados por el partido socialista. En Avilés y Siero guardaron silencio y en Oviedo se produjo división. La formación de Wenceslao López no quiere ni oír hablar de ello y Somos, a través del edil competente en la materia, sostiene que ya era hora de que alguien moviera ficha. Así están las cosas en la ciudad invicta desde que gobierna el tripartito. Sólo Mieres y Langreo aceptaron de buen grado acudir a la mesa con coherencia, todo hay que decirlo. La misma coherencia que demostró el alcalde de Navia y presidente de la Federación de Concejos, don Ignacio García Palacios, al quitar hierro al asunto y concebir la ‘minicumbre’ como una cuestión complementaria a la comisión formada en la propia asociación municipal.
Mientras aguardamos a la reunión del grupo de concejos que ampara el Principado prevista para este miércoles, 14 de diciembre, nos encontramos con un debate que, como casi todos los temas importantes en esta región, se ha venido alargando más de treinta años. Echando la vista atrás recuerdo aquel documento, que en 1994 se convirtió en libro pero no llegó a ‘best seller’, llamado ‘Estrategias para la Reindustrializacion de Asturias’, elaborado por un equipo dirigido por el profesor Manuel Castells, que entre las recomendaciones que hacía figuraba la creación del sistema metropolitano central. Para ello establecía básicamente cuatro grandes medidas: mejorar la red de transporte público interurbano por carretera y ferrocarril, con nuevas estaciones centrales en Gijón, Oviedo y Avilés; modernizar las telecomunicaciones con la integración de todos los municipios de la zona central por igual; potenciar los consorcios intermunicipales para atender los servicios y armonizar los instrumentos de planificación urbana con las directrices regionales. En definitiva, lo mismo que se pretende hacer ahora dos décadas después. El mismo estribillo.
La constitución de la ‘asturciudad’ o de la ‘ciudad astur’, como queramos llamarle, es un buen objetivo. Irrenunciable, como dicen los políticos en su argot. Todos los pasos que se den para avanzar en la idea deberían ser bienvenidos. Sin medallas ni protagonismos, sin invasores ni invadidos. El respeto a la iniciativa de cada cual, a la identidad y a la autonomía tendrían que ser condiciones indispensables. La exclusión partidista, el pulso por el poder, la desconfianza o el cantonalismo no son el camino. Ni tampoco que tengamos más alcaldones de los que ya hay. Lo que acabo de exponer son obviedades, pero no pocas veces nuestros administradores tienen para las evidencias una memoria frágil. Por lo tanto, qué más da una reunión si luego nos encontramos con que en Asturias sentarse para debatir sin llegar a nada es un mal pactado con el diablo. Como el discurrir del tiempo.