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Ángel M. González

Viento de Nordeste

La conexión con Europa

El Noroeste también existe. Figura en el mapa, somos un cuadrante de la piel de toro, pero no estamos en los papeles que maneja la UE para conectarnos con Europa. Bruselas nos mantiene desenchufados. La autoridad comunitaria tiene previsto repartir 26.500 millones de euros para impulsar nueve corredores de transporte en todo el continente, entre ellos el del Atlántico, que es el que nos atañe, pero del que los diseñadores del programa nos han dejado injustamente descolgados. El camino ferroviario con prioridad financiera que han trazado enlaza Algeciras con el centro de Portugal para luego encaminarse hacia Francia a través de Palencia y el País Vasco. Los puertos de Sines, Lisboa y Aveiro y el de Bilbao figuran en la ruta y, por lo tanto, gozan de preferencia en las inversiones para mejorar infraestructuras logísticas y accesos. En el plan, las conexiones con El Musel o con Avilés son simplemente ramas de ese tronco, con un tratamiento distinto, secundario y marginal. Es decir, Asturias, una vez más, queda relegada, en este caso junto a sus comunidades vecinas, en un programa que de manera marketiniana llaman ‘Conectar Europa’ sin tener en cuenta que Europa también es la periferia. Así es como los regentes de la bandera azul entienden la igualdad y el equilibrio entre los territorios.

Por ello es relevante que las organizaciones empresariales de Asturias, Galicia, León y Cantabria hayan constituido una plataforma para el impulso de la logística en el Noroeste. La iniciativa, además, cuenta con el respaldo de otras agrupaciones encabezadas por personas con amplia experiencia en todo ello, a las que resulta aconsejable escuchar, que en los últimos meses venían expresando su preocupación por la quietud general ante el planteamiento comunitario.

Bruselas solo atiende a los grandes grupos de presión, a la influencia del alto funcionariado y al liderazgo político. La creación de este lobby es sustancial para levantar la bandera contra la marginación del corredor, pero tiene que crecer como una bola de nieve. No hace falta volver a recordar que el tren y los puertos son vitales para el empuje de Asturias. El diagnóstico de los males de la región para competir están suficientemente relatados. La plataforma tendría que recibir las adhesiones de municipios, partidos políticos, agentes sociales y colectivos ciudadanos sin apenas mover un dedo.

Ahora bien, la respuesta de algunas administraciones está siendo tibia. La alianza resulta incómoda. El Ministerio de Fomento ha salido rápidamente al paso del nacimiento de la plataforma para resaltar que la conexión ferroviaria del Noroeste es una prioridad, pero la realidad hasta ahora ha puesto de manifiesto que una cosa es predicar y otra dar trigo. De momento, anunció que presentará el sistema de seguridad del AVE por la variante de Pajares dentro del paquete de iniciativas a financiar por el programa de la UE, pero con este proyecto simplemente no podemos darnos por satisfechos.

Al tiempo que surge esta plataforma, los gobiernos de las comunidades respectivas promueven con Portugal la macrorregión del Sudoeste Europeo para desarrollar estrategias conjuntas en transportes, logística, competitividad industrial e investigación. Hace unos meses acordaron un catálogo de propuestas para intentar su financiación con el dinero de Bruselas y de Asturias fueron seleccionados 21 planes a los que no podemos renunciar. La alta velocidad entre Gijón y León en ancho internacional, la modernización de la línea de Feve entre Bilbao y Ferrol, los accesos a los dos puertos y la reforma de la red ferroviaria interior en ambos casos, las infraestructuras pendientes de la ZALIA y la recuperación de la autopista del mar figuran en el portfolio de esas actuaciones. Todo ello está muy bien puesto en el papel, pero hace falta un mayor liderazgo político para que los proyectos relacionados con esas grandes acciones sean incluidos en los presupuestos de Europa. Ante tal ausencia, la compañía del lobby refuerza a quienes tienen la responsabilidad de acabar con ese eterno aislamiento frente a aquellas instancias que si fuera por ellas continuaríamos siendo la aldea perdida. Entender que la plataforma divide más que suma, como se pudo ya escuchar en alguna de las comunidades implicadas, es cuando menos una aberración.

Sobre el autor

Periodista del diario EL COMERCIO desde 1990. Fui redactor de Economía, jefe de área de Actualidad, subdirector y jefe de Información durante doce años y desde febrero de 2016, director adjunto del periódico.


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