Julen Lopetegui señalaba esta semana, en la presentación del partido de la selección española del próximo 23 de marzo, que prefería quedarse con la voluntad de las mayorías frente a los colectivos descontentos con la presencia de Israel en Gijón. Por mayoría había aprobado el Ayuntamiento la declaración institucional de boicot al Estado de Israel y a las empresas de este país, pero el concepto al que se refiere el seleccionador es distinto al que tuvo lugar en aquella sesión plenaria de hace un año porque el fútbol sigue siendo ese fenómeno de masas que está por encima del bien y del mal, nada comparable con la política, cada vez más sumida en la desafección. En este caso me quedo con las palabras del técnico nacional, absolutamente convencido de que los aficionados llenarán las gradas del estadio gijonés para llevar en volandas hacia la victoria a las estrellas de ‘La Roja’.
El partido oficial de clasificación para el Mundial coincide con un fin de semana que también estará marcado por otra competición deportiva de gran interés, la final femenina de la Copa de Europa de hockey sobre patines, en la que nuestras particulares guerreras, las campeonas del Hostelcur, competirán por su quinto trofeo continental. Casi nada.
La presencia de la selección de fútbol y el campeonato de hockey son acontecimientos de primer orden en una ciudad que reúne las mejores condiciones para conseguir que el deporte sea una actividad tractora y generadora de riqueza. Hace unos días la Fundación del Sporting realizó su puesta de largo con el objetivo, entre otros, de promocionar e impulsar la marca dentro y fuera de Asturias. Bienvenida sea la entidad con el deseo de que mediante su labor contribuya a realzar las oportunidades del deporte en la villa que le ha visto nacer.
Gijón dispone de todos los ingredientes que pueden convertir la práctica deportiva, en toda su diversidad, en uno de los pilares de atracción para el impulso de la economía local. Tiene magníficas infraestructuras, sociedades polideportivas relevantes, experiencia contrastada en una buena parte de las disciplinas, profesionales con capacidad para aportar su amplio conocimiento y enclave y entorno envidiables. ¿Qué más se puede pedir para aprovechar este filón?
En 2016 fuimos proclamados Ciudad Europea del Deporte y desplegamos una amplísima programación de actividades y citas deportivas, casi trescientas, para mostrar con orgullo tal reconocimiento. Las instituciones, con el Ayuntamiento a la cabeza, aglutinaron esfuerzos y compromisos para llevar adelante con éxito aquella bandera al podium de las distinciones. Pero el espíritu conseguido a lo largo de todo un año no puede quedarse en esos doce meses, tiene que mantenerse y ser reforzado en el tiempo de manera imaginativa y con más ambición.
Existen campos que están aún sin explotar o que ofrecen mayores posibilidades que las que se han desarrollado hasta ahora. Actividades relacionadas con la náutica, el running, las maratones y el atletismo en general o con el ciclismo en todas sus modalidades. El deporte para la tercera edad, el deporte para la discapacidad y la rehabilitación de la salud, el deporte preventivo o el infantil. Y luego la industria del deporte o la investigación y el desarrollo de nuevas tecnologías aplicadas a la actividad. Por ejemplo, ¿cuántas ferias se celebran en el Norte de España exclusivamente dedicadas al sector? ¿Es posible que Gijón albergue algún día un grado universitario sobre la materia? La ciudad está suficientemente entrenada para competir y ganar esta carrera. Mientras tanto, lo más inmediato, vencer esta tarde al Dépor en El Molinón.