Esteban Aparicio es uno de los concejales de moda. No porque sus apariciones sean estelares o extravagantes como se podría entender con tal apreciación, sino porque en las últimas semanas ha tenido más protagonismo que otros ediles del equipo que lleva las riendas municipales coincidiendo, por cierto, con el ecuador del mandato de la alcaldesa y su gobierno, sobre el que estos días se hacen tantos pronósticos e interpretaciones. Aparicio es un hombre vehemente, con sorna, de buena dialéctica y rápida reacción.
De esta forma, al responsable de la seguridad ciudadana no le duelen prendas en multar a la banda de gaitas ‘Villa de Xixón’ si actúa en la plaza del Lavaderu sin autorización. Sobre él pesa, por mencionar algún asunto, el cumplimiento de la ordenanza cívica que regula el botellón, de tal manera que si durante los fines de semana en Cimavilla o ahora en les fiestes de prau aparecen restos de jarana será porque alguien estuvo por la noche de copas en la calle. En este tema habrá más control. O el plan de movilidad, que nos quiere poner a todos los gijoneses a circular a veinte por hora por el centro de la ciudad, sea en coche, moto o autobús, cuando las zonas treinta no las respetan ni los que transitan en bicicleta por fuera del carril. Aquí se promete flexibilidad. O la reforma del modelo de gestión y funcionamiento jerárquico del voluntariado de protección civil, donde la solución es cambiar la cabeza.
Y la pajarita azul. El puerto deportivo de Gijón ha perdido la bandera de los mares limpios de Europa porque el muelle local se ha convertido en un vertedero, pero tenemos pajarita. Esta semana hemos visto al señor concejal posando henchido con la responsable de la Empresa Municipal de Limpiezas, doña Pilar Vázquez, en el paseo del Muro de San Lorenzo con la preciada figurita encerrada en una urna de metacrilato. El Ministerio de Medio Ambiente de la señora Isabel García Tejerina, la misma que no sabe todavía el destino de la depuradora del Este mientras vertemos libremente las aguas fecales al mar, ha distinguido al Ayuntamiento con el premio a la excelente gestión del reciclaje del papel y del cartón. En realidad, el galardón destaca el esfuerzo municipal por intentar alcanzar el objetivo marcado por las autoridades comunitarias sobre el uso del contenedor del mismo color que el reconocimiento, aunque estamos aún a la mitad del camino. Queda todavía mucha labor de concienciación.
Tres de cada cuatro ciudadanos continúan sin realizar la separación en origen de los residuos y siguen sin utilizar como es debido los depósitos instalados en la calle. Ni el azul, ni el verde ni el amarillo. Emulsa ha comenzado a habilitar un cuarto contenedor, el marrón, para completar la gama y cerrar el círculo de recogida de los desperdicios urbanos con la lógica reticencia vecinal al tener que usar la tarjeta ciudadana para poder arrojar los restos de la comida o los posos del café. O sea, el colmo del absurdo. Hacer difícil lo que a toda costa hay que facilitar.
La gestión de los residuos es un proceso muy costoso. Los puntos de recogida, los sistemas especiales de transporte, el tratamiento en Cogersa y las campañas de sensibilización requieren destinar una elevada cuantía de recursos económicos que comprometen las finanzas de la empresa municipal. Y con ello volvemos a nuestro concejal de la semana. Don Esteban Aparicio dejó caer, así como el que no quiere la cosa, que el próximo año el Ayuntamiento tendrá que subir la tasa de la basura, congelada desde hace varios años como una buena parte de las tarifas locales, para poder atender el gasto que supone el tema del reciclaje. Quizás la idea del edil sea una ‘boutade’, pero a buen seguro su compañera de Hacienda estará echando ya cuentas para ver en cuanto se puede aumentar la recaudación si sacamos los precios por los servicios públicos del frigorífico.