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Ángel M. González

Viento de Nordeste

Colección de edificios

Ha tenido suerte el puerto al encontrar en el Ayuntamiento al Ortega de turno que le va comprando los activos improductivos que saca al mercado. Después de cerrar la adquisición del caserón de la Quinta La Vega por 1,3 millones de euros y acordar el traspaso del campo de fútbol de Jove por 600.000, el gobierno municipal está dispuesto a hacerse con el noble edificio de la antigua sede de la Autoridad Portuaria en el muelle local. La venta del inmueble, con una ubicación de lujo y vistas al mar, le reportaría al propietario como mínimo 2,9 millones de euros, que es la cantidad que está dispuesto a pagar el Consistorio con cargo al erario gijonés. Un patrimonio público que seguiría siendo de todos en el caso de que se lleve adelante la operación después de que fuera frenado un proyecto privado para convertirlo mediante arrendamiento en hotel de la máxima categoría. La idea de los mandatarios municipales es albergar allí los servicios de urbanismo y las oficinas de Te-Crea, que es el departamento de asistencia a la creación de empresas y de impulso a las actividades económicas. Desde luego, magnífico sitio para trabajar.
Los grupos políticos de la oposición han expresado sus reticencias al entender que convierte a la Administración local en una de las fuentes para el saneamiento financiero de El Musel y además considerar que no resulta prioritario. Las cuentas del puerto no dependen tanto del traspaso de los activos ociosos como de la propia actividad en los muelles. Este año ha sido el denostado carbón para las térmicas y el tráfico de contenedores, que va camino de batir récord absoluto, los que conseguirán que el resultado tras la última raya sea positivo. El puerto cerrará el ejercicio con un beneficio abultado, similar a los mejores años precrisis y suficiente, por lo tanto, para atender los compromisos de la deuda contraída por la ampliación. Ello no quiere decir que se reste importancia a los recursos obtenidos por la vía municipal porque, entre otras cosas, contribuyen por ejemplo al gasto acometido por la Autoridad Portuaria para reducir la contaminación por las nubes de mineral en polvo. Estoy hablando de apantallamientos, barreras vegetales, tolvas ecológicas y demás cuestiones que no son propias de la gestión vinculada a la entrada y salida de barcos.
Por el contrario, la segunda razón que exponen los partidos que no gobiernan para oponerse al planteamiento de quien lo hace es un argumento suficientemente válido para oponerse a la operación. La compra de la sede para el destino mencionado no es una cuestión ahora mismo preferente. Engrosaría los bienes de titularidad municipal para centralizar unos servicios que ya cubren suficientemente las necesidades de los ciudadanos. En conclusión, el Ayuntamiento sería un poco más rico en propiedades, pero con una inversión sin impacto alguno en la actividad económica y en el empleo de la ciudad.
La casa consistorial, al parecer, está forrada. Guarda en el cajón abundante dinero por la obsesa vigilancia de Montoro, armado con la regla para zumbarle en la mano al Ayuntamiento cual maestro de los años de la Enciclopedia Álvarez. Si es así, si hay excedente por doquier, se puede reservar para, cuando se rompa el techo de la restricción, impulsar un plan que vaya cambiando renta social por trabajo para quienes ahora sobreviven con la prestación. Más que coleccionar edificios, sigamos salvando a las personas.

Sobre el autor

Periodista del diario EL COMERCIO desde 1990. Fui redactor de Economía, jefe de área de Actualidad, subdirector y jefe de Información durante doce años y desde febrero de 2016, director adjunto del periódico.


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