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Ángel M. González

Viento de Nordeste

‘Had trick’

Fíjense ustedes, queridos lectores, lo que les voy a confesar: Tengo más confianza en que el Sporting llegue a pelear por los puestos de ascenso a la división de la gloria, la que por honor le corresponde, que en el hecho de que el próximo año la ciudad tenga nuevos presupuestos. Estoy deseando que hoy llegue las seis de la tarde para ver a los once chavales guerrear como fieras y correr como galgos, aunque con sentido, para placer de la afición y beneficio de la empresa, que es de lo que realmente se trata el club rojiblanco, como recuerda muchas veces mi compañero y certero analista José Antonio Rodríguez Canal. Una empresa, por cierto, rentable.

Me ha entristecido la destitución de Paco Herrera por abatimiento anímico, como en su momento fue la marcha de Abelardo, pero el fútbol no entiende de bondad ni de nobleza, solo de resultados y clasificación. En función de ello estás vivo o muerto. Herrera me recordaba por su efigie a un senador romano, que aquí intentó tocar la lira pero se encontró con alguna cuerda rota, hasta que le emperador decidió quitarle los tributos por la presión soberana del pueblo. Para bien o para mal, El Molinón es una caldera plagada de un sportinguismo insaciable. Representa el permanente inconformismo que imprime el carácter gijonés, tan difícil de entender desde fuera y tan fácil de comprender cuando estás dentro. Herrera lo sabía, era perfectamente conocedor de ello, pero así todo le hizo mella. Ahora es Rubén Baraja el que tiene que satisfacer la devoción del respetable. Es de esperar que tras el parón navideño pueda sacar un as de la manga para llevar la fiebre en las gradas, como diría el escritor e hincha del Arsenal, Nick Hornby.

Les comentaba que es más factible que el equipo vuelva a los primeros lugares de la tabla que Gijón tenga nuevas cuentas visto como están las cosas por el Ayuntamiento. Todo el mundo quiere presupuestos, incluidos los políticos, que luego silban con las manos en el bolsillo mirando al cielo. Ese juego engañoso siempre se ha empleado cuando en el horizonte se empiezan a divisar las urnas, como es el caso, y más aún en los momentos que vivimos, tan confusos e inciertos. Los rivales son más que nunca y los espacios más estrechos. Por lo tanto, la riña en el campo político se irá agudizando. Se trata, como en el balompié, de meter goles al contrario. Algunos balones golpearán en la escuadra, otros en el larguero, pero el objetivo es debilitar al contrincante en todos los escenarios posibles ante la próxima rendición de cuentas al electorado.

Nos encontramos a las puertas de la prórroga local y corremos el riesgo de que suframos un ‘had trick’. El impacto del triplete, es decir que la prórroga tenga lugar en los tres ámbitos de la administración, no tendría parangón en Gijón, la ciudad que concentra la tercera parte del desempleo en Asturias y actúa como tractora de la economía regional. Estamos hablando de compromisos inalcanzables y de expectativas frustradas. ¿Qué plan de vías ni que cuartos se puede llevar adelante sin dinero disponible para mover? ¿Cuánta renta social seríamos capaces de mantener? ¿En que quedarían las promesas del ‘Gijón crece’, ‘Gijón impulsa’ y todas esas cuestiones? En resumen, decidimos echar el freno, mientras el entorno avanza, por las cuitas de quienes nos representan, que además tienen la desfachatez de apelar a la responsabilidad de los otros, con un ojo puesto en el adversario y el otro, en el ombligo.

 

Sobre el autor

Periodista del diario EL COMERCIO desde 1990. Fui redactor de Economía, jefe de área de Actualidad, subdirector y jefe de Información durante doce años y desde febrero de 2016, director adjunto del periódico.


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