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Ángel M. González

Viento de Nordeste

En víspera de un día fasto

Estamos en vísperas del día ‘de’, la hora ‘hache’ y el minuto ‘eme’. Llevamos más de catorce años a la espera de que llegara un momento como este. Hemos entrado en la cuenta atrás para la consecución de un nuevo hito en la larga historia del plan de vías de la ciudad. El consejo de administración de Gijón al Norte se reunirá mañana para empezar a encarrilar el último acuerdo sobre la integración ferroviaria con la prolongación hacia los dos costados de la urbe, el soterramiento hasta La Calzada y la extensión del metrotrén hasta Cabueñes.
Si todo discurre como tendría que ser, la sociedad gestora dará el pistoletazo de salida a una actuación que concentrará la mayor inversión pública en Asturias de los próximos años. El proyecto completo del plan de vías, sin tener en cuenta la modernización de la red de cercanías que tiene previsto acometer el Ministerio de Fomento con salida y destino en Gijón, supera los ochocientos millones de euros, mucho más de lo que se gastó en la ampliación de El Musel, con sobrecostes incluidos, que hasta ahora había marcado el récord de dinero destinado a una obra pública en la ciudad. A ello habría que sumar la intervención privada que algún día se generará con la construcción en las parcelas de las antiguas vías, pero ahora lo que nos atañe, una vez que se ha desvinculado el programa ferroviario de los ingresos que se obtendrían por la venta del ‘solarón’, es que el plan arranque cuanto antes y se desarrolle con buen pie.
La reunión promete dar juego. No se espera otra cosa que pueda conducir a la decepción. Los voladores ya están preparados para la celebración de un día fasto. Desde luego la fiesta está garantizada si se confirma que se pone en marcha todo el proceso para la construcción de la estación intermodal y de las dos terminales del metrotrén en El Bibio y en la avenida de Justo del Castillo, el inicio del vaciado del túnel a finales de este año y el calendario de los preparativos correspondientes para que pueda ser utilizado como es debido.
Ahora bien, los responsables de las tres administraciones comprometidas tienen un año por delante para demostrar que lo que se está dirimiendo sobre el plan de vías no es producto de la prestidigitación. Los gijoneses no están para más trucos electoralistas. Una vez alcanzado el consenso sobre un proyecto tan prioritario como es la articulación de un sistema de transporte ferroviario moderno, cómodo, rápido y ecológico, romper esa baraja por cuestiones partidistas ajenas a los deseos de la ciudadanía tiene que ser, cuando menos, condenable. El mejor lugar para el castigo son las urnas.
Por el contrario, una vez sentadas las bases para hacer realidad lo que poco tiempo atrás parecía irrealizable, los gobiernos que salgan elegidos dentro de un año en los comicios locales y autonómicos van a tener bajo su responsabilidad un goloso proyecto que definirá el éxito o el fracaso de todo un mandato.
La gestión del plan de vías, una vez que empiece a rodar, es una perita en dulce para cualquier político que se precie. En la actuación concluyen ingredientes de todo tipo: actividad, integración de la ciudad, transformación urbanística, servicios a los usuarios, movilidad, medio ambiente, etcétera. Con un legado así, bien llevado, hasta puede resultar fácil salir al balcón de la Casa Consistorial y saludar.

Sobre el autor

Periodista del diario EL COMERCIO desde 1990. Fui redactor de Economía, jefe de área de Actualidad, subdirector y jefe de Información durante doce años y desde febrero de 2016, director adjunto del periódico.


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