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Ángel M. González

Viento de Nordeste

Los cien días y El Musel

El presidente del Gobierno acude hoy a Oviedo para celebrar su particular efeméride en este fin de semana de conmemoraciones simbólicas en Asturias. Pedro Sánchez aprovecha la Fiesta de la Rosa para relatar los logros en sus cien días de gobernante, que sus más leales escuderos han resumido como la etapa de recuperación de la ilusión en España y de la vocación de transformar el país, frente a la resignación y el inmovilismo del Ejecutivo desalojado con la moción relámpago izquierdo-nacionalista. El líder socialista, sin embargo, se ha dedicado más al rearme ideológico emboscado por sus socios que a sembrar confianza para apuntalar el despegue económico y aumentar el bienestar. La política que ha desplegado ha generado una mayor incertidumbre, hasta el punto de que ya ha empezado a tener efectos sobre la economía. La inversión extranjera desciende, las cifras de turismo también, el desempleo inicia una escalada y el crecimiento se está desacelerando. Mientras tanto planea elevar los impuestos, gravar más a las grandes corporaciones y liderar una transición energética, que ya está provocando una reacción anticipada en los mercados lesiva para la industria y para los consumidores con un alza sin precedentes en el precio de la luz.
El Gobierno ha mirado más hacia el Mediterráneo que hacia el Cantábrico. Asturias se ha visto, hasta el momento, relegada y por ende los compromisos adquiridos con esta ciudad por la Administración central vienen sufriendo la detención. En esos cien días de gestión no solo no se han producidos avances en ninguno de los planes heredados en materia ferroviaria, sino que se puso en cuestión su seriedad por razones de gancho electoral. De esta manera, junto a una variante de Pajares cuya apertura sigue sin tener plazos claros, el proyecto para la modernización de los servicios de cercanías ha quedado guardado en el cajón y el plan de vías continúa a la espera de que un buen viernes reciba los parabienes del Consejo de Ministros.
Pero tan preocupante como la situación de las comunicaciones por tren, aunque también dependientes de ellas, es el devenir del puerto. El futuro de El Musel como enclave básico en el desarrollo de la economía regional, encierra ahora más incógnitas que nunca. Las infraestructuras vinculadas a incrementar su rentabilidad continúan sumidas en la parálisis. La financiación de la zona logística sigue bloqueada, los accesos por autovía se construyen al ralentí, la autopista del mar lleva desaparecida tres años sin solución de reapertura y la regasificadora mantiene la hibernación con posibilidades todavía remotas de que se ponga algún día en marcha. Claro que en tres meses sería un milagro solventar lo que no se hizo en años, pero la inquietud se ha agigantado precisamente por los planes que el gobierno ha ido desvelando para convertir este país en el rincón más verde del planeta. La descarbonización justa que defiende el Ejecutivo, la «utopía austera», como bien dijo el presidente Javier Fernández, es la mayor amenaza para la industria regional y la puntilla a la viabilidad del puerto. No hay diversificación de tráficos posible que pueda compensar la pérdida que irá sufriendo El Musel con la desaparición del carbón como materia prima energética. Un proceso además que, lejos de alargarse en el tiempo, se irá acelerando por las condiciones que ya está imponiendo el propio mercado. Lo estamos viendo estos días con la escalada de los precios de los derechos de emisión, que atenta contra la competitividad de las empresas.
El Musel tiene por delante un horizonte tremendamente complicado: atender una deuda de más de 400 millones de euros por la obra de ampliación en un escenario tan negro como el mineral que le ha permitido aguantar las cuentas. Por lo tanto, qué bien le vendría una quita como la que el Gobierno de Sánchez decidió para el puerto de Valencia. Trescientos cincuenta millones de euros borrados de un plumazo. Con una diferencia, allí era por construir instalaciones para la Copa de América y un gran premio de Fórmula 1. Aquí para dar un servicio esencial a la industria de este país.

Sobre el autor

Periodista del diario EL COMERCIO desde 1990. Fui redactor de Economía, jefe de área de Actualidad, subdirector y jefe de Información durante doce años y desde febrero de 2016, director adjunto del periódico.


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