Se necesita oxígeno para recuperar el ritmo. El proceso de desaceleración de la economía empieza a ser más evidente, aunque los mandatarios mantengan sus ojos cerrados ante semejante certeza, y el nivel de desconfianza se agranda por el cúmulo de despropósitos de quienes rigen nuestros destinos, que tan siquiera somos capaces ya de decidir. Dependemos del tanque de pirañas en el que se ha convertido la política, donde los partidos se despedazan antes de arrimar el hombro para resolver los verdaderos problemas de los ciudadanos, escuchar sus preocupaciones y atender las demandas de empleo y bienestar. El tiempo pasa y los brotes verdes comienzan a marchitarse por esa falta de regadío público para facilitar un crecimiento con vigor. La evolución de la economía continúa huérfana de compañía. La inversión de las administraciones no existe salvo esas pequeñas partidas de papel con niveles de ejecución ridículos mientras van pasando una y otra vez los plazos comprometidos, transformando las promesas incumplidas en una inabarcable deuda con la ciudadanía.
Sin embargo, con un poco de voluntad, aún se puede inyectar una dosis de espabilina. En el caso de Gijón está muy claro. La Comisión de Urbanismo y Ordenación del Territorio del Principado está agotando el periodo para su pronunciamiento sobre el plan urbanístico. Había cuatro meses para que la temible CUOTA dictara su sentencia y a punto están de cumplirse los cuatro. En días venideros tendrá que emitir su veredicto y no se espera un fallo distinto que el respaldo a un proyecto que, además de planificar el crecimiento de la ciudad, movilizará recursos que generarán riqueza sin duda alguna. La decisión de la CUOTA es el último trámite antes de su aprobación definitiva por la Corporación municipal. Por lo tanto, la última esperanza también para que está norma fundamental pueda estar vigente en enero y entremos en año electoral con un instrumento que, frente a ese estado de paralización cronificada, impulse la actividad por el bien general.
Los efectos del PGO, después de siete años de desamparo urbanístico, van a ser inmediatos. No en vano existen unos cuantos proyectos pendientes del dichoso documento, con cuantiosas inversiones detrás, para el desarrollo de espacios donde ahora solo hay ruina y abandono. Actuaciones en el centro, en El Rinconín, en el Chas o en Cabueñes aguardan en la parrilla de salida la validez del nuevo plan. De la misma forma que lo está haciendo la ampliación de la Milla del Conocimiento al otro lado de la avenida de la Pecuaria, en un lugar privilegiado que garantizará por décadas el asentamiento científico-tecnológico de la región. Un entorno que experimentará una transformación notable con otro proyecto perfectamente integrado en el polo posiblemente de mayor futuro de Asturias. La construcción del CAHU, el nuevo Hospital Universitario de Cabueñes, está previsto que arranque a mediados del próximo año, según avanzó el consejero de Sanidad, Francisco del Busto, en la jornada que hace unos días este periódico dedicó al fabuloso proyecto con motivo del cincuenta aniversario del complejo hospitalario. Ahora bien, para llevarlo a cabo se requiere lógicamente destinar dinero y, por lo tanto, una situación de prórroga presupuestaria como la que se aventura en el próximo ejercicio puede poner en riesgo las fases de la obra. Volvemos al canibalismo político. Jamás se podría entender que una iniciativa como esta sufriera dilaciones por la falta de entendimiento entre los partidos. El CAHU tiene que ser un proyecto asumido por una unanimidad sin rodeos, más allá de cualquier sigla o gobierno de turno. Quien así no lo entienda, tendría que armarse de muchas razones para explicarlo.