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Ángel M. González

Viento de Nordeste

La realidad de la colas

Da la impresión de que esta última semana nos ha tocado a diario levantarnos con mal pie. En este país de pandereta las instituciones fueron haciendo lo indecible para quebrar la credibilidad, de tal manera que luego se adoptan decisiones por impulsos en medio de la crispación y como reacción al incremento de la desconfianza. Hace falta sosiego, pero difícilmente se alcanzará si quienes tienen el poder y la capacidad para cambiar el rumbo siguen sin atender los problemas reales de la ciudadanía adelantándose a ellos y no cuando ya han comenzado a devorar la sociedad por no haber tenido antes remedio. Eso es lo que ha pasado con el affaire de las hipotecas y eso es lo que puede suceder, por ejemplo, con la pérdida de gas de la economía. Los datos sobre la evolución del paro empiezan a ser preocupantes y aún no he visto a los gobernantes, de aquí y de allá, inquietos en el sillón por el freno en el ritmo de creación de empleo de hace escasamente un año. Las perspectivas no son buenas. Esta misma semana leía una encuesta entre directivos de grandes empresas que vaticinaban la aceleración de la desaceleración. No acompaña el entorno interior ni lo hace el exterior. Por lo tanto, nos podemos ver envueltos en un nuevo proceso de destrucción de puestos de trabajo, que es en realidad lo que nos tiene que importar. En Asturias, descendiendo a lo cercano, los planes puestos sobre la mesa llevarán, en poco tiempo y de un plumazo, a la eliminación de más de un millar de empleos industriales directos entre el metal y la minería. El combate contra el paro no se gana solo por campañas de navidad o verano en tanto el motor productivo siga cayendo.
Estos días también fuimos testigos de las colas formadas en los centros municipales de la ciudad para solicitar la renta social. Los criterios de la nueva convocatoria para atender las peticiones y el escaso dinero a repartir generaron una avalancha de gente ante los mostradores de la administración. La imagen pone de manifiesto que existe necesidad de la ayuda, sea cual sea su figura, pese a aquellos que la denostan sin una alternativa a cambio. En todo caso no creo que haya nadie que guarde el turno por placer. Más pan y menos fiesta dirían los que tienden a utilizar la hipérbole. En resumen, lo que se requiere de verdad es tomarse más en serio que la falta de trabajo supone el mayor problema que seguimos teniendo. Sin embargo, ni en la tarea de reducir el desempleo se ponen de acuerdo los políticos. En Gijón, con 20.000 parados y la mitad sin cobrar la prestación, nuestros representantes van a dejarnos de nuevo sin presupuestos, que es tanto como decir, un año más, que invierta rita porque con lo que hay solo da para mantener a duras penas lo que tenemos. Y llevamos así en la práctica todo el mandato.
Tampoco se ve un interés desmedido por destinar mayores recursos públicos a generar ocupación. No hay ningún partido que esté permanentemente con la cantinela de promover el empleo y de aquí no me muevo, exigiendo acabar con la austeridad para dedicar todo el dinero que no se ha podido usar por la pecaminosa regla de gasto a la dinamización de la economía y del trabajo. No veo a ninguna formación que lleve como estandarte que lo primero es un consenso contra el paro. Y si la hay, que levante el dedo y haga sin desfallecer bandera de ello. A buen seguro que quienes guardaron cola estos días sabrán agradecerlo.

Sobre el autor

Periodista del diario EL COMERCIO desde 1990. Fui redactor de Economía, jefe de área de Actualidad, subdirector y jefe de Información durante doce años y desde febrero de 2016, director adjunto del periódico.


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