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Ángel M. González

Viento de Nordeste

Duro, cuestión de confianza

La lista de tareas del consejero de Industria apenas tiene espacio para más anotaciones. Isaac Pola es uno de los integrantes del Gobierno regional ahora más ocupados ante el inicio de un nuevo proceso de reconversión en Asturias, que ya ha empezado a enseñar sus colmillos. El cierre de Alcoa, el desmantelamiento definitivo de la minería y la imparable transición energética, que en lugar de emprender un camino pausado se está acelerando, son asuntos suficientemente trascendentales para tener más que entretenida a la autoridad del ramo. Al fin y al cabo, están en juego los pilares de la estructura industrial de la región, por lo que poco hueco puede tener ya la agenda consejeril.
Sin embargo, colean situaciones pendientes de remedio que amenazan con elevar la tensión en un sector plagado de incertidumbres. Esta semana la plantilla de Duro Felguera volvió a retomar los paros ante una evidente preocupación por la evolución de la compañía. Los trabajadores reclaman información sobre el momento que atraviesa el grupo metalúrgico tras su capitalización por el goteo de salidas de personal de la empresa y la falta de contratación de nuevos pedidos. El último año de la Duro es como el relato del náufrago que logra arribar a una isla donde recomponer fuerzas, pero sigue a la espera de que en el horizonte aparezca el auxilio final que le pueda conducir a tierra firme. La ampliación de capital ha servido para alimentar a la sociedad, aunque corre el riesgo de que los recursos obtenidos mediante esta vía queden totalmente digeridos si antes no logra enrolarse rumbo a buen puerto.
La crisis financiera de la empresa continúa latente, pese a la reestructuración pactada con los bancos y la inyección de dinero recibido por los nuevos partícipes. El grupo, que acumula una deuda cercana a los 300 millones de euros, sigue padeciendo tensiones de tesorería y no acaba de ganarse la confianza del mercado para conseguir los avales requeridos que permitan incrementar su cartera de negocio, lejos de los riesgos que ha llegado a sufrir con los contratos que le condujeron a su particular declive. A este problema, el mayor sin duda, se añade la falta de credibilidad dentro de la propia empresa, que lo agudiza. Difícilmente se puede trenzar un camino hacia la viabilidad rodeado de un plantel lleno de inseguridades. La labor corresponde a todos, también a quienes han decidido convertirse en accionistas, algunos de ellos con una larga tradición empresarial, para que la insigne compañía vuelva a enarbolar con orgullo la bandera del liderazgo en la fabricación de los bienes de equipo del país. Con ese mismo objetivo, la Duro necesita igualmente mayor respaldo institucional durante la encrucijada. Hay razones para mantener la inquietud y responder con apoyos. No en vano se trata de un conglomerado que aporta más del dos por ciento al producto interior bruto regional y que emplea a 1.500 personas, entre las que trabajan en El Tallerón, en el Parque Científico y Tecnológico y aquellas que llevan la marca de la ingeniería asturiana por todo el mundo.

Postdata. Se consumó la prórroga de los presupuestos municipales. Gijón afronta la segunda en dos ejercicios consecutivos. Habrá menos inversión y menos gasto, que son la recetas perfectas de los guardianes de la austeridad por encima de cualquier otra consideración. Mal ungüento para un año en desaceleración. La prórroga, para decepción del ciudadano, no deja de ser un fracaso de los políticos. Esta vez, incluso, apenas hubo interés por el mercadeo.

Sobre el autor

Periodista del diario EL COMERCIO desde 1990. Fui redactor de Economía, jefe de área de Actualidad, subdirector y jefe de Información durante doce años y desde febrero de 2016, director adjunto del periódico.


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