El Comercio
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Autor: oquillas
A corchar
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Adrián Ausín | 24-02-2018 | 2:48| 0

Anda la parroquia revolucionada por la subida de la botella. «¡2,90!», claman algunos. Además de tener la bebida más ligera, alegre y sabrosa del mundo mundial, tenemos la más barata. Sin embargo, hay quien la bebe a diario, en la comida y en la cena (solo les falta el desayuno). Y no toman solo una. De forma que veinte céntimos más, multiplicados por equis equis equis, suponen unos cuantos euros al mes. Si a esto le sumamos que somos un pueblo habituado a la queja, al lamento, a la protesta la ecuación es clara. Hay quien se ha tomado incluso la molestia de calcular a cómo ha pagado el llagarero el kilo de manzana para poner el grito en el cielo por esos dos euros y noventa céntimos que debe aflojar cada vez que el camarero levanta el brazo para escanciar.

Para quien busque consuelo ahí van dos flotadores. Uno, ¿cuánto costaría nuestra sidra si fuera obra de vascos o catalanes? Dos, aunque resulte anecdótico, en la Expo’92 de Sevilla, la botella llegó a venderse a 720 pesetas (4,32 euros) en la sidrería del Pabellón de Asturias, la de Tino El Roxu. ¡Hace 26 años! Pese al precio se facuraban tráilers todas las semanas desde Trabanco, pues los visitantes se la quitaban de las manos. Eran tres cuartos de litro de una sabrosa y refrescante bebida alcohólica a cuatro euros; y el resto de la oferta se iba por los cerros de Úbeda. Algún astur que visitaba su estand se soliviantaba a la hora de pagar («¿no se vos cae la cara?»), pero allí estaba y no en el bar de La Rioja o de Andalucía.

a-corcharsidra-2Si el bebedor de sidra no ha hallado consuelo aún, siempre le quedará una bala en la recámara:fabricarla. Ahí bajará los costes al mínimo. Solo le falta tener una pomarada, un llagarín, una trituradora y poco más. Quienes tienen grandes toneles suelen aguardar a abril o mayo para corchar. Pero los que van a pequeña escala, con recipientes de cincuenta litros, andan ya en la faena. Incluso, sin expirar febrero, han corchado su producción. En cantidades menores la sidra fermenta antes. Yhay indicadores para tener claro que la decisión de enfundarle su abrigo verde esmeralda no ha sido precipitada. Un color claro, un poco de burbuja, un sabor ácido y, finalmente, el densiómetro. Si el líquido elemento está a mil es que está. E incluso, si al hacer una prueba al azar, ha bajado un pelín de esta cifra no hay tiempo que perder.
En estos tiempos de alarma social por el precio de la sidra, al corchar sus botellas, una por una, el cilúrnigo canta alegre:«¡2,90!». Y así cuando completa sus cien litros de elixir único y exclusivo en pleno febrero, o sea, 150 botellas, doce cajas y media, se siente cuasimillonario en el bien más preciado de esta archiprotestona región. Si alguien tiene dudas del resultado, que no dude en pasarse. ¿Un culín?

(Publicado en EL COMERCIO el viernes 23 de febrero de 2018)

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El raposo (juguetón) de Fontaciera
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Adrián Ausín | 16-02-2018 | 1:25| 0

Hay ventanas privilegiadas en Gijón. La mayoría solo tienen vistas al bloque de enfrente y eso, salvo afán de cotilleo, aporta más bien poco. Otras miran al mar, palabras mayores. Yluego están las que viven en contacto directo con la naturaleza. En Fontaciera, en plena zona rural, la ventana de un joven matrimonio no deja de sorprenderle un día tras otro. Su casa es la última de una empinada cuesta y tras ella, al otro lado de un vallado traslúcido, hay toda una selva autóctona a su disposición. Entre manzanos, zarzas y praos, la vida salvaje asturiana se manifiesta con una naturalidad pasmosa. En especial, a primera y última hora.

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Suenan las motosierras
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Adrián Ausín | 10-02-2018 | 1:12| 0

En plena invernada, con los termómetros y el ánimo bajo cero, el campo es la válvula de escape perfecta. Da igual que esté encharcado. Solo es cuestión de ponerse las botas de agua, equiparse y aguardar como un raposo esos tiempos intermedios que van dejando los chaparrones. El frío glacial mantiene la naturaleza estática, hay tal quietud en los prados que cualquier tarea tiene un resultado de larga duración. Una de las principales entre enero y febrero son las podas, que le dejan a uno la misma sensación que cuando sale del barbero. Cortar para fortalecer, para regenerar, para reequilibrar.

motAsí, desde Fano hasta Castiello, desde Fontaciera hasta Deva, en la zona rural es moneda común en estos días toparse con el sonido de las motosierras haciendo su contradictoria labor. Pues cortan vida para renovarla. Y, de paso, llenan las leñeras de provisiones para afrontar con éxito otra guerra paralela: la del calor contra el frío, la del fuego contra (en casos extremos)la nieve.
Antes de empezar la tarea, es bueno rodear el árbol, escrutarlo, analizar inclinaciones peligrosas sobre las que puede cebarse un vendaval, descubrir ramas que distorsionan la armonía interna y, con el plan de ataque en mente, arrancar la motosierra. Cuando el grosor es importante, procede ir de fuera adentro, lo cual permite ya trocear los tucos para la chimenea en el propio árbol. El característico sonido balbuceante del acelerador inunda el campo a media mañana, dejándose oír en la distancia como una injerencia no del todo desagradable. Del eficaz trabajo de la motosierra salen enseguida una montaña de troncos, por un lado, y otra de ramas, por otro. Ambas para quemar, una en la vivienda y otra en la hoguera cuando haya secado un poco. La poda resulta esencial con los manzanos que, en su caótico crecimiento, tienen especial querencia a las declinaciones más inverosímiles, los chupones y cruces de caminos que acaban afeándolos y haciéndolos vulnerables. Algunas veces, ojo, también graciosos.

La peligrosa maquinona hace su tarea a velocidad de vértigo. Solo falta criterio. Luego vendrán las tijeras de podar para las ramas menores. Finalmente, una buena inyección de cobre y antídotos contra las ‘formas invernantes’, esa maravillosa semántica que engloba a línquenes, hongos y musgos varios. Una buena fumigada resultará providencial para que, llegada la primavera, todo esté en perfecto estado de revista.
El campo le marca los tiempos al hombre. Seguirlos es garantía de éxito. Y de paz interior. Cuando en un par de meses la sidra esté fermentada en las barricas, lista para el embotellado, quien haya hecho ahora los deberes podrá laborar tranquilo mientras su pomarada se despereza con fuerza. La motosierra actuó a tiempo.

(Publicado en EL COMERCIO el sábado 10 de febrero de 2018)

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La partitura
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Adrián Ausín | 09-02-2018 | 9:55| 0

El silencio forma parte de la partitura. Hay silencio antes y hay silencio después. En la naturaleza, el silencio es una nota musical más, con la que congenian maravillosamente los pájaros, el viento, el sonido del río e incluso los animales salvajes. Entre los hombres, cuando se hace el silencio la cosa cambia. Puede ser un reposo. Pero puede ser un drama.

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Sin cucho no hay paraíso
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Adrián Ausín | 26-01-2018 | 7:16| 0

Un joven lleva al güelu a Cabueñes con una parálisis que le afecta a la mitad de su cuerpo. El señor pasa de los 90 años y en Urgencias le notifican que la cosa no tiene remedio. Plantean internarlo con un tratamiento farmacológico y el chaval pregunta: «Pero eso, ¿no puede tomarlo en casa?». La respuesta es afirmativa. El hospital le ofrece entonces una ambulancia para regresar al hogar, en la zona rural de Villaviciosa, pero rechaza la oferta:
–Trájelu yo, llévolu yo.

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Sobre el autor Adrián Ausín
Adrián Ausín (Gijón, 1967) es periodista. Trabaja en el diario EL COMERCIO desde 1995. Antes, se inició en la profesión en Bilbao, Sevilla y Granada. Sus aficiones apuntan en muchas direcciones: naturaleza, bricolaje, viajes, fotografía, cine y literatura. Todo ello con epicentro en Gijón.