El Comercio
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Autor: oquillas
Jamie, un peligro para el hombre
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Adrián Ausín | 17-04-2018 | 9:58| 0

Ahora que vivimos inmersos en las series, debemos tener mucho cuidado con el material elegido. ¡Atención! Un título desacertado y podemos cavar nuestra propia fosa. El hombre, el home, el paisanu de toda la vida, el rudo machoman peludo ajeno a melindrosidades y depilaciones está en serio peligro. Un engañoso producto llamado ‘Outlander’ puede acabar definitivamente con lo poco que queda de nosotros. Bajo una atrayente capa de historia de época, de la rudeza de la Escocia del siglo XVIII, de castillos, espadas y brujas, se oculta el hombre perfecto. Ojo, el hombre perfecto a ojos de la mujer, de la escritora en concreto, que nos pinta un especimen totalmente irreal, inexistente y en absoluto creíble: Jamie.

385Este Julen Guerrero del siglo XXI trasvasado a 1745 presenta las siguientes características: pelirrojucu, ñocla, rudo guerrero depilau, tierno amante y tan tan tan comprensivo con su amada, venida del futuro, que la cosa acaba por chirriar tanto que mientras la muyer sigue por la tercera temporada embelesada el home corta por lo sano al empezar al segunda (demasiado lejos ha llegado). ¡Esto es intolerable! ¡Haga el favor autora! ¡Cómo se le ve que soñó despierta cuando escribía hasta dejar un pastelón infumable! La prota le dice un día que viene de 1945 y él la cree y la comprende. Ella le dice que a las mujeres no se les dan azotainas y él, un murlaco de las Highlands, le pide perdón y promete que nunca más le dará con la zapatilla. Ella le prohíbe matar a su enemigo total (al ser ascendiente de su futuro marido, toma ya) y él la comprende y no lo mata. Etc. Etc. Etc. Después de abandonar el culebrón, habrá un más difícil todavía. Ella le dice al ñoclón que está preñá y él le dice que ya lo sabía. ¡Le lleva las cuentas de la regla! Jajajajajaja.

outlander-avaSeñores guionistas, por favor, un poco de seriedad. Uno viene de ver ‘Vikingos’ y pasárselo bomba con Radnard y su tropa; de ver ‘The Crown’ y admirar una serie excelente con espectaculares actores, guiones, interiores y exteriores; y de sumergirse en las tinieblas de ‘The Fall’ (‘La caza’) con el terrorífico asesino en serie Spectorrrr; para caer de golpe y porrazo en los abismos de este subproducto que amenaza con poner el punto y final a la raza humana. Solo falta que nuestro Jamie viaje de las Highlands de 1745 al futuro y se nos presente con el pantalonucu prieto y el tobillo al aire bien depilau, unos piercings de futbolista, las sienes rapadas y colonia cara.

Hombres del mundo, no os dejéis engatusar por la parienta; no caigáis en las garras de ‘Outlander’ porque empezarán a miraros con lupa. “Pues Jamie esto…”, “Pues Jamie lo otro…”. Mucho cuidado. Esta serie es un material altamente inflamable que convierte a un guerrero escocés del XVIII en una marioneta hortera en manos de su amada. Protejamos nuestras esencias y hagamos el más absoluto vacío a este ñoclón que amenaza la civilización occidental tal como era hasta hace cuatro días. ¡Fuera panolis! Algarrobos del mundo, no vos dejar impresionar por dos espadazos y un castillo de época. En ‘Outlander’ se oculta la condena eterna. El exterminio del macho.

Si Saza levantara la cabeza…

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Esas pequeñas cosas
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Adrián Ausín | 13-04-2018 | 11:00| 0

Hay errores humanos muy comunes. Como comprarse un objeto caro que utilizaremos acaso una vez al año y descuidar lo cotidiano, aquello a lo que damos un uso diario. Es la diferencia entre tener un reloj de oro en un cajón o un buen cepillo de dientes. Quizá lo mejor sea lo segundo. Ahora mismo, en este aquí y ahora, procedería realizar una encuesta a los usuarios de la playa de San Lorenzo de año completo, varios cientos, y plantearles la siguiente cuestión: ‘Elija usted una de estas tres cosas; metrotrén, ZALIA o dos grifos nuevos para lavar los pies en las escaleras 2 y 15’. Es de prever que el playu entrevistado se quedaría un instante un tanto perplejo ante la disparidad de los ‘objetos’ a elegir. Sin embargo, una vez cotejados mentalmente los presupuestos, la practicidad diaria de cada uno de ellos e, importante, la esperanza de vida del interpelado y, por tanto, de poder disfrutarlos antes de que le llame el barquero, se quedara, sin dudar, con los dos grifos.

redux-1redux-2La sorpresa del playu vendría después cuando le dijeran: «Pues está usted de suerte, querido amigo. Le acaban de tocar… ‘¡estos grifos!’». Así. Sin más. Sin debates políticos ni prórrogas presupuestarias. Sin concurso de ideas ni comisiones informativas. Sin cambios de proyecto. Casi, casi casi, sin dinero. Atendiendo, eso sí, con años y paños de retraso una demanda ciudadana silenciosa, pero recogida numerosas veces por escrito en La Columna de EL COMERCIO.

Unos operarios municipales abrieron el tajo en marzo, enchufaron el agua, echaron un poco de cemento y dejaron en las escaleras 2 y 15 sendos grifos de botón para que el ciudadano pueda lavar sus pies a pie de rampa en ambos casos, un privilegio reservado hasta ahora a nuestra insigne Escalerona fuera de la temporada de baños. La situación era absurda, pues no a todo el mundo le cuadra bien abandonar la playa por El Náutico. Y la solución, tremendamente barata. No hacía falta un máster de esos que rifan en Madrid para resolverla. Pero bien está felicitarse por la buena nueva: poder darse un garbeo por la orilla y, de vuelta a casa, tener un grifo a mano para lavar los pinreles. Sin él, lo de quitar la arena ha sido un suplicio mayúsculo.

Ahora cabe esperar que no se abra un debate político sobre la idoneidad de los grifos, el coste o la ubicación. Déjenlo así, por favor. O instalen más si gustan. Ya pueden seguir llenando ríos de tinta con proyectos faraónicos que acaso vean nuestros biznietos. Nosotros, entretanto, con poder lavarnos los pies vamos que chutamos.

(Publicado en EL COMERCIO el viernes 13 de abril de 2018)

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Zhivago en Soria
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Adrián Ausín | 10-04-2018 | 11:30| 0

No es ánimo de fastidiar. Pero cuando vemos embelesados ‘Dr. Zhivago’, ese peliculón de siempre, creyendo encontrarnos en las fascinantes estepas rusas nevadas muchos hemos ignorado durante años y paños que en realidad estamos contemplando Soria. Sí, Soria. La bella, majestuosa, oxigenante y aún desconocida Soria. Así como suena. En Soria, señores y señoras del jurado, se rodó allá por 1965 el 80% de la película y 53 años después de aquello esta preciosa región castellana sigue sin promocionar debidamente el hito de haber tenido viviendo en su tierra a Omar Shariff, Julie Christie y Geraldine Chaplin, un triángulo amoroso en toda regla; acaso el más famoso de la historia del cine.

doctor-zhivago-y-casa-de-candilichera¿Por qué Soria?, se preguntará el escéptico lector. Pues, en 1964, cuando empezaron los preparativos, parece que la Metro Goldwyn Mayer eligió a los sorianos por tres motivos una vez descartada la propia Unión Soviética, doctor-zhivago-5donde se consideraba irreverente la obra de Boris Pasternak. Una vez elegida España, acaso por ser un país barato por entonces, Soria se impuso por tres motivos: tenía paisajes nevados en invierno que se asemejaban a los de la estepa rusa, aún circulaban por su territorio las locomotoras de vapor, que tienen un protagonismo importante en la película, y estaba a una distancia razonable de Madrid. 

doctor-zhivago-7Sin embargo, cuando todo estuvo preparado, los hoteles llenos a reventar, la población ensimismada con aquel desembarco comandado por el director David Lean, ocurrió lo inesperado: no nevó. Aquel invierno de 1965 Soria se quedó sin nieve cuando más necesidad tenía de ella y el rodaje debió llevarse a cabo con un sinfín de doctorzhivago_23_matamalaefectos especiales: polvo de mármol, plásticos blancos, cera blanca… Los trucos en algún caso no dieron el resultado apetecido y ciertas escenas debieron rodarse de nuevo posteriormente en Finlandia. Curiosamente, de la bellísima Soria no se rodó nada precisamente en sus lugares más señeros. Se hizo en especial en la estación de Cañuelo de Soria capital, el pueblo de Candilichera, Ólvega de Moncayo, Villar del Campo y el embalse de la Cuerda del Pozo. Unos enclaves que no figuran en absoluto en el ‘top ten’ de lo que debe verse en esta región y acaso el motivo de que no se haya hecho nunca una promoción como es debido del rodaje de ‘Dr. Zhivago’, con zh1imagesseguridad una de las diez películas más importantes de la historia del cine.

Si uno se quiere perder en Soria ahí tiene el Cañón del Río Lobos, la Laguna Negra, las Fuentes del Duero, Castroviejo, el monumental Burgo de Osma, Ucero, Calatañazor, Vinuesa, Almanza, Berlanga del Duero, la ermita de San Baudelio, Caracena y su cañón y su románico, Soria capital, Numancia y un mar de pinares por donde perderse por carreteras secundarias. Sin embargo, los lugares del rodaje, centrados al sureste de la capital, son parajes más esteparios, menos bonitos. Ahí se ambientó el pueblo de Yuriatin (la estación doctor_zhivago_candilichera_soria1es en realidad la de Soria-Cañuelo y el pueblo Candilichera) y Barykino, con aquella casa helada en mitad de un páramo donde Zhivago sube corriendo a la primera planta para romper de un golpe el cristal de la ventana para poder images-1contemplar a su amada alejándose, una vez más, acaso la imagen más bella de la película. Pues sí, ahí, Omar Shariff está en Soria. Y Julie Christie está en Soria. Y Geraldine Chapin y su camada de nenos (uno de ellos hijo real de Shariff) están en Soria, por donde pasean a diario tras el rodaje. No en aquella Rusia atacada por la Revolución Bolchevique de 1917. Y los extras, un elevado número de ellos no son rusos sino sorianos que se ganaron unas buenas pesetas de la época por convertirse en revolucionarios.

Si añadimos que los Urales rusos son en realidad el Moncayo o que ese pueblo quemado que contemplan los Zhivago desde el tren en realidad es Villar del Campo esperamos no decepcionar a nadie. La mujer que corre para entregarles un bebé (que en realidad está muerto) quedó atrapada por el tren en el rodaje y perdería ambas piernas, pero el director no mandó parar al producirse la tragedia.

zhivago1Finalizado el rodaje, la Metro dejó un regalo: el primer parque de columpios de la provincia, que instaló en La Dehesa y alguno de sus trabajadores, tras casi dos años de estancia, se casó en Soria. En 1965, la película se estrena en EE UU. En 1966, en España. Y en 1967, en Soria, en el cine Rex, todo un acontecimiento. El autor, Boris Pasternak, escribió la obra en 1957, ésta se publicó en Italia y le reportó en 7c2dabc1f6c8d5db39f10c4032925e16-david-lean-doctor-zhivagoNobel de Literatura al año siguiente, que no se atrevió a ir a recoger al ser considerado en su país “una oveja sarnosa” cuyos escritos estaban “llenos de calumnias”. No se publicó en Rusia, en formato de fascículos, por una revista que logró una suscripción millonaria, hasta 1988. Había llegado la Perestroika; mientras en Soria seguían aún ensimismados con Streinlikov parado en aquel tren en mitad de sus pinares.

PD.1 Aquel histórico 1965 ocurrió otro hecho totalmente desconocido: se rodó en Soria ‘Campanas a medianoche’, de Orson Wells. ¡¡¡¡Casun Soria!!!! Joer con la desconocida. Y nosotros viajando a la República Dominicana.

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Aprender a mirar
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Adrián Ausín | 07-04-2018 | 3:07| 0

En la inauguración de ‘La lloca’, allá por 1970, Ramón Muriedas fue el gran ausente. Una inoportuna gripe impidió su asistencia. Sin embargo, la lluvia inmediata de críticas a su ‘Monumento a la madre del emigrante’ desanimó al cántabro siquiera a visitarla. Llegó incluso chapones-reduixa estar en Gijón para su únicaexposición propia en esta ciudad unos años después sin reservar siquiera media hora para contemplar su desgarradora pieza mirando al mar. Jamás se retrató con ella.
Veinte años después, Eduardo Chillida asistió en directo a una nueva crisis artística. En plena puesta de largo de su ‘Elogio’, en 1990, un tal Eusebio propinó un puñetazo al alcalde, Areces, en protesta por los cien millones de pesetas que había costado la hoy emblemática pieza, bautizada enseguida como «el water de King Kong». ¿Qué decir de ‘Sombras de luz’? En 1998, por no haber no hubo ni acto inaugural. Pero sí un azote de críticas y un rápido bautismo: ‘las chaponas’. Al autor, Fernando Alba, no se le pudo retratar con su obra hasta cuatro años después, por iniciativa de este periódico.

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El bautismo de Rufino
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Adrián Ausín | 24-03-2018 | 8:03| 0

Los ciclos vitales también se miden por bares. Cuando el cilúrnigo con complejo de Peter Pan se hunde en los confortables sofás de El Café de La Arena y acaricia con la mano izquierda un gin-tonic de aromas cítricos, magistralmente servido por Rufino en una copa de balón, es consciente de haber atravesado su particular Rubicón. Cuatro amigos recién asomados a la cincuentena acaban de celebrar una de esas cenas nostálgicas de los viernes y en vez de alejarse hasta los ritmos del Savoy, siempre bullicioso, deciden quedarse a dos pasos de la sidrería r1donde han oriciado a placer. ¿Dónde? Uno sugiere, en plena calle Manso, un sitio adonde acude a veces con su madre. Mal empezamos. Desde el exterior se aprecian cortinonas, lámparas de mesa, butacas… Un aspecto que veinte años atrás sería a lo sumo objeto de burla. Sin embargo, apetece hablar, no ligar, y tras una lógica indecisión, estos cuatro carrozas en ciernes deciden franquear la puerta. Ahí está Rufino, atildado, vetusto, suave en las formas y profesional en el trato. «¿Qué desean?». La pregunta en este Gijón chigrero chirría un tanto. Hasta el punto de crearse una cierta confusión en estos clientes que acaban de colgar su juventud en el perchero y se entregan, resignados, al nuevo estatus dictado por el DNI. ¿Dónde quedaron el Tik y el Jardín? ¿La Ruta de los Vinos? ¿El Players y El Parlamento? ¿Y los merenderos de Somió? ¿Dónde está el Escocia? ¿Y el Café Caracol, el Varsovia o r2el Kitch (última víctima del reloj de arena)? Mejor no pensar en las ánimas del pasado. El presente es Rufino. Sus confortables sofás, un jazz amable, dos copazos de gin-tonic y dos irlandeses. Toda la vida bromeando con el Nelson y el Trafalgar, haciendo cábalas de cuándo tocaría franquear esas puertas, y ahí están estos cuatro cincuentones plácidos, risueños y cómodos entregados con gusto a las amables garras de un encorbatado señor con nombre de época. De la una a las cuatro de la mañana pasa el tiempo, como canta Sabina, hora a hora, entre sorbos de ginebra cara, frutos secos, gominolas y carcajadas al más puro estilo de animoso carcamal. Se está a gusto en El Café de La Arena. La música acompaña pero no molesta y en este salón milanés donde no falta detalle las sensaciones se aproximan mucho a las de un balneario alpino.

Asumida la edad, toca intimar un poco con Rufino, que abrió el negocio allá por 1980 y vio pasar por él a un divo conocido como Arturo Fernández, una hermosísima mujer vestida toda de blanco llamada Sara Montiel, con su marido Pepe Tous. O tres futbolistas guipuches –Zamora, Satrústegui y López Ufarte– que al día siguiente, 26 de abril de 1981, iban a ganar la Liga en El Molinón. Paredes con historia las del Café de La Arena. Esta vez, el anfitrión despliega sus buenas artes con cuatro gijoneses nostálgicos de los tiempos del Escocia. Y funciona. El nuevo ciclo vital recibe un exitoso bautismo. No queda otra.

(Publicado en EL COMERCIO el sábado 24 de marzo de 2018)

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Sobre el autor Adrián Ausín
Adrián Ausín (Gijón, 1967) es periodista. Trabaja en el diario EL COMERCIO desde 1995. Antes, se inició en la profesión en Bilbao, Sevilla y Granada. Sus aficiones apuntan en muchas direcciones: naturaleza, bricolaje, viajes, fotografía, cine y literatura. Todo ello con epicentro en Gijón.