El Comercio
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Autor: oquillas
Ataque marciano
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Adrián Ausín | 03-07-2017 | 4:04| 0

En los confines de Gijón, ahí donde lindamos con Villaviciosa, a unos metros de la rotonda de Quintes, se inició la invasión marciana. Era el de 2017 un verano extremadamente cálido, abrasador incluso, los humanos habían empezado a tener comportamientos paranoides, abducidos por una luz inusualmente cegadora y los alienígenas, tras años de minuciosa observación, consideraron llegado el momento de conquistar la Tierra partiendo de una prueba de fuego que espoleara su plan invasor:tomar Gijón, la fortaleza histórica del cilúrnigo, el oriciu y el babayu sabelotodo. Si la misión tenía éxito, maquinaron, lo demás sería pan comido. Así fue cómo depositaron una noche las dos primeras máquinas de guerra. Tres días después, nadie había mirado para ellas: ni los conductores ni los vecinos ni la Guardia Civil, siquiera.

La confusión, pensaron los bichos rojos, jugaba a su favor. Tras la novela de Herbert George Welles (1898), el programa radiofónico de Orson Welles (1936), el cine (1953 y 2005), la música de Jeff Wayne (1978) e incluso los videojuegos (1998) de ‘La guerra de los mundos’ los humanos no se iban a tomar en serio el desembarco de otra vida en la Tierra. Lo considerarían algo asociado a la ‘ciencia ficción’, de modo que cuando quisieran reaccionar ya sería demasiado tarde.

marcianosNi la torre de El Musel ni la del aeropuerto de Santiago del Monte notaron nada raro aquella palpitante noche de julio en la que de una nave giratoria se desprendieron dos artefactos de guerra en la rotonda de Quintes. En los días sucesivos, ya no eran dos, sino cientos, miles;con el grueso del ejército mariano instalado en un páramo llamado ‘Zalia’, vacío, llano y a tiro de las principales ciudades astures.

guerraCuando las máquinas irrumpieron en San Lorenzo aquel domingo de canícula reinó la confusión, tal y como preveían sus satánicas majestades del espacio. Los bañistas empezaron a señalarlas y a preguntarse:¿Esto ye del Festival Aéreo? El primer cañón apuntó, lanzó su rayo y dejó carbonizado, pero vivo, al primer playu que pilló por banda. La parroquia tomó el caso como una exhibición de bronceado instantáneo, un espectáculo extra del verano gijonés que permitía acortar con rapidez la fase de tostado corporal. Cuando los marcianos se quisieron dar cuenta, había una larga cola en el arenal para recibir su descarga. «Apunta bien, gallu», decía el segundo mirando a la sala de mandos. Todo el plan se había ido al garete. Su arma letal resultaba inocua en esta aldea celta poblada por extraños seres ajenos a cualquier manifestación de terror. Un marciano decidió asomarse desde su atalaya a ver si desataba el pánico, pero solo logró una llamada de atención por megafonía:«El roxu esi que vaya al botiquín pa que le echen crema». Si en sus anteriores ataques a la Tierra fueron las bacterias su peor enemigo, esta vez habían dado con un fenómeno imprevisto: el playu. La orden de evacuación fue inmediata.

(Publicado en ELCOMERCIO el viernes 30 de junio de 2017)

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En el reino de Kiker
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Adrián Ausín | 23-06-2017 | 1:31| 0

Adentrarse en la casa de Enrique Benjamín Rodríguez Rodríguez, Kiker, es una experiencia religiosa. Kiker vive desde hace veinte años en un luminoso primer piso cerca de la Puerta de la Villa y en este tiempo su inspiración diaria ha ido llenando todas y cada una de las paredes de su vivienda, convertida en taller y en museo. Lo que para cualquiera sería el salón, alineado a todos los ventanales de la fachada, para él es su estudio, ahí donde espera todos los días del año, mañana ytarde, que las musas le pillen trabajando. Y vaya si lo hacen. A través de mil lenguajes (óleos, esculturas, maniquíes, estuches, monedas, maderas labradas, metacrilatos…) y con la figura humana siempre en el eje de su fascinación.

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Capi, ¿cuándo traes la radio?
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Adrián Ausín | 09-06-2017 | 7:22| 0

Fuma cinco puros al día, utiliza gorras de la Marina o del Ejército y está instalado en el Tostaderu de sol a sol. La adivinanza no puede ser más sencilla. Hablamos de Manuel Diego, ‘El Capi’, quien a sus 79 años se ha convertido, de pleno derecho, en toda una institución en la playa de San Lorenzo.
–Capi. ¿Cuándo traes la radio?
–Enseguida. De hecho, ya la traje un día.

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Un ajedrez mirando al mar
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Adrián Ausín | 02-06-2017 | 7:41| 0

Un niño que crezca con el ajedrez como uno de sus juguetes favoritos ejercitará la mente hacia parámetros de innegable interés: estrategia, orden, cálculo, concentración… El Corazón de María lo ha entendido bien y hace dos años incluyó el ajedrez pedagógico dentro de la asignatura Matemáticas para los alumnos de 2º, 3º y 4º de Primaria, a lo que sumará el próximo curso el ‘preajedrez’ en Infantil. Según destaca su profesor de cabecera, el colaborador de EL COMERCIO Enrique Iglesias, es el único colegio asturiano que dedica una hora lectiva a la semana al ajedrez y esto, precisa, constituye «una herramienta muy útil» para el desarrollo mental de los alumnos, a los que pone pruebas, insta a hacer cálculos aplicados a las piezas del tablero y, por supuesto, deja echar partidas rápidas.


54-peon-cuatro-reyNo es necesario abundar en la oportunidad de la medida;más bien cabe preguntarse por qué no la han adoptado aún otros colegios. Quien tiene la fortuna de iniciarse en el ajedrez de niño ya no lo abandonará nunca. Ese cuadrilátero donde cada pieza tiene su función guarda claras equivalencias con la estrategia bélica y la futbolística, o de cualquier otro deporte, solo que en el caso del tablero enmarcada en un halo más pacífico e intelectual. Ojo, salvo cuando una pieza se ‘come’ a la otra, lo cual no deja de tener un componente fagocitador.

En Gijón, con la remodelación del Dindurra los que pasaban las horas sobre un ajedrez emigraron a la cafetería del Alcomar y es allí donde hay ahora un nutrido grupo de aficionados. Otros se desperdigan por la city donde pueden. Destaca especialmente el pequeño grupo que aprovechó un saliente de una roca, en el Cervigón, para incrustarle un tablero, donde uno puede echar la partida mientras contempla las olas batiendo en la bahía gijonesa, un lujo difícilmente superable en esti Xixón en cuestiones ajedrecísticas. Solo es necesario meter las piezas en la mochila junto a la toalla y el bañador.

Cuando los indios crearon el embrión del ajedrez para partidas ‘a cuatro’ quizá no sabían muy bien el juguete que nos estaban regalando. Ahora, mira tú por dónde, nos anuncian viajes de fin de semana a la Luna para dentro de diez años. Pues es un indio, Naveen Jain, quien está detrás del proyecto ‘Moon Express’.

El Codema ha puesto el granito de arena para que mientras unos niños juegan en solitario con su móvil otros se relajen y concentren a partes iguales ante un tablero de ajedrez, donde todo lleva varios siglos exactamente igual, aunque luego no se den nunca dos partidas iguales. Si a alguien le parece un deporte demasiado estático, los indios, una vez más los indios, nos ofertarán enseguida el más difícil todavía. Tras acabar un viernes de verano la partida en el Cervigón, podremos ponernos en órbita para pasar el fin de semana en la Luna contemplando el Universo. Así de fácil. Si ponen la lanzadera en El Rinconín, mejor que mejor.

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Retorno a Oslo
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Adrián Ausín | 31-05-2017 | 7:08| 0

(Doce días en Noruega 9)

o1En el vuelo de regreso desde Kirkenes a Oslo; o sea, desde el más allá hasta el más acá, de la última población de Noruega, tocando ya el Polo Norte, a la capital; piensas: si se cae el avión, no es mal sitio para espichar. De todas formas, mejor que no caiga. Pero claro, al mirar por la ventanilla en el despegue, ver un paisaje blanco intercalado de pequeños lagos, fronterizo con Rusia y Finlandia a un lado y el Mar de Bering al otro, pues no puedes evitar pensar en la placidez del lugar, la paz celestial, el aire puro, la ausencia de ruido, la distancia respecto a los peores instintos del hombre ‘civilizado’, el hielo… Y todo eso, sumado a la experiencia inicial de Oslo durante tres días, el tren a Bergen y la semana embarcado en el ‘Polarlys’ de Hurtigruten, con el remate del centollo de Kirkenes, donde debería haberse rodado ‘Doctor en Alaska’… Pues la suma da como resultado una sensación de hasta aquí hemos llegado. Pero como el avión, felizmente, no cae, queda planificar dos días de propina en Oslo, origen y final de este inolvidable viaje.

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Sobre el autor Adrián Ausín
Adrián Ausín (Gijón, 1967) es periodista. Trabaja en el diario EL COMERCIO desde 1995. Antes, se inició en la profesión en Bilbao, Sevilla y Granada. Sus aficiones apuntan en muchas direcciones: naturaleza, bricolaje, viajes, fotografía, cine y literatura. Todo ello con epicentro en Gijón.