El Comercio
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TIEMPO DE ESFOYONES
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Pilar Arnaldo | 14-11-2016 | 15:34| 0

El pasado sábado se celebró en Navelgas el XXI Festival del Esfoyón y el Amagüesto, una de las citas festivas más importantes del otoño en el Suroccidente. También en el Concejo de Tineo, pero en el otro extremo, en el Cuarto la Riera, desde donde esta columnista escribe, celebramos nuestro esfoyón particular, mucho más modesto pero seguramente más cercano a la tradición.
Nos reunimos los vecinos de La Pontecastru y aquí, a la vieja usanza, realizamos esta tarea ancestral que culmina el ciclo del maíz. El esfoyón -o esfoyaza en otros lugares de Asturias_ consiste en la confección de las riestras que cuelgan de los corredores de hórreos, paneras y casas. Es, como muchos otros trabajos del campo, una tarea colectiva y festiva. Tradicionalmente participaban en ella todos los miembros de la familia y se iba rotando de casa en casa.
Se comienza preparando las panoyas para poder tejer la riestra . Para ello se le quitan las hojas de fuera, y se dejan una pocas -dos o tres- más fuertes dobladas hacia atrás para después poder trenzarlas. Una vez realizada esta tarea, se procede a confeccionar la riestra, tarea que realizan principalmente los hombres. Por cada “enrestrador” se necesita un “apurridor” que le va pasando las panoyas. El enrestrador va colocando tres o cuatro piezas en cada vuelta sujetas con carrizos que previamente, por el mes de agosto, se habían recogido en los prados y se ponían a secar a la sombra. Había dos formas de enrestrar: la llamada “de renazo de burro”, que iba formando nudos y la “de cuadriel.lu”, que teje una coleta. Las hojas restantes –la padana- se metían en sacos, ya que se usaban para confeccionar jergones.
Finalmente, las riestras del maíz se subían al hórreo donde tenían que quedar perfectamente colocadas a la misma altura. Para ello un observador, desde abajo, evaluaba la tarea y comprobaba si estaban alineadas. En la casa campesina asturiana la apariencia no era algo baladí. En que todo quedara perfecto iba el prestigio de sus moradores, especialmente del cabeza de familia. Y tras la tarea venía el convite. Como el esfoyón se realizaba después de la cena y se prolongaba durante unas horas, al finalizar se ofrecía a los asistentes una sobrecena con sidra, castañas, nueces y algún dulce elaborado en la casa.
Pero el esfoyón, además de servir para preparar un producto básico en la dieta campesina para su almacenamiento y posterior consumo, constituía un acontecimiento social relevante por ser una de las reuniones especiales para el cortejo. Las largas noches de otoño eran el momento propicio para entablar las necesarias relaciones entre los jóvenes que, en algún momento futuro, culminarían en matrimonio. Todos, solteros y casados, jóvenes y viejos, participaban de las bromas. Tirar granos de maíz a las mozas, lanzar a algún hombre la panoya rabuca –con el significado implícito que este gesto tenía- era habitual. Como en otras muchas tareas campesinas, trabajo y diversión iban de la mano.
Hoy, unos pocos resistentes que quedamos en las aldeas hacemos grandes esfuerzos por preservar estas tradiciones, navegando a contracorriente en un mundo que prefiere el bullicio del centro comercial o la comodidad de sofá y televisor. ¿Seremos los últimos románticos?

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POR AMOR A LOS RÍOS
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Pilar Arnaldo | 07-11-2016 | 11:45| 0

Un banzáu es, en Asturias, una construcción que se hace en un río para embalsar el agua que, después, se conduce por canales hacia los prados de regadío. Otro de los admirables sistemas de aprovechamiento de recursos que utilizaron nuestros antepasados, verdaderas obras de ingeniería que crearon paisaje y beneficios y que aún perviven en algunas zonas.
Pero El Banzao, con mayúsculas, es una importante asociación de pescadores surgida en Tineo en el año 2003 y que, en la actualidad, cuenta con unos 750 socios. Ellos fueron los principales promotores del proyecto de recuperación de la Laguna del Arenero y su misión es el cuidado de los ríos, las repoblaciones, las actividades relacionadas con la pesca o la concienciación sobre la importancia de nuestros ecosistemas fluviales… Pero sobre todo quiero destacar aquí la importante labor de limpieza de basuras que realizan, no solo en los ríos de la comarca, sino en otros del resto de Asturias y otras comunidades vecinas. Llevan los hombres del Banzao, junto con sus compañeros de Fuentes del Narcea, sacadas de nuestros cauces toneladas de plásticos y otros despojos que, de forma intencionada, dejan bien visibles junto a los contenedores para que la gente los vea y se conciencie con el problema. Porque la retirada de residuos es una de las grandes asignaturas pendientes del mundo rural. Los ayuntamientos tiene que gestionar mucho mejor las recogidas, especialmente de los grandes plásticos de las ganaderías, pero los habitantes de los pueblos tenemos que mentalizarnos de nuestra responsabilidad en el cuidado del entorno. No se trata de echar balones fuera. Las basuras que salen de los ríos las tiran, en su mayor parte, los habitantes de estas zonas. Me comenta Pablo Osendi, responsable de comunicación de la asociación, que si consiguen que una sola persona se conciencie, por cada jornada de limpieza que realizan, creen que esta ya valió la pena. Pues no se puede decir que pidan mucho para tanto como aportan.
Pero nuestros ríos tienen más enemigos que los que lanzan sus basuras a ellos. Creen los miembros de la asociación que las políticas conservacionistas que se aplicaron hicieron mucho daño a estos cauces fluviales. La prohibición de cortar árboles o arbustos de ribera alteró profundamente los hábitats. Una vez más, la visión urbanita del mundo rural, el legislar desde una oficina con bastante desconocimiento del lugar para el cual se legisla, trajo mucho mas daño que beneficio. Se aplicó en Asturias la misma normativa que, pongamos por ejemplo, en Castilla o Andalucía, cuando los ecosistemas son completamente distintos. Así es que en treinta años los ríos sufrieron una alteración total. Un error más del conservacionismo mal aplicado. Pero como a menudo ocurre, la iniciativa particular suple muchas de las deficiencias o errores de las administraciones. Y este es un magnífico ejemplo de ello. Un grupo de hombres que aman nuestros ríos, que los conocen a fondo y que ponen buena parte de su energía y su tiempo libre al servicio de ellos. Muchas gracias por vuestra labor. Todos estamos en deuda con vosotros y especialmente los que habitamos estas maravillosas riberas y nos dormimos todas las noches al arrullo de estas aguas.

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A LAS CASTAÑAS
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Pilar Arnaldo | 31-10-2016 | 08:09| 0

En la zona suroccidental de Asturias a la flor del castaño se la denomina trama. Y la sabiduría popular afirma que desde que cae la trama hasta que empieza a caer el fruto pasan tres meses exactos. Este año la trama cayó muy tarde, a finales de julio, y por eso la cosecha de castañas viene también muy tardía, con casi tres semanas de retraso.
Las castañas son la gran riqueza de esta zona sur del Concejo de Tineo. De sobra conocida es su fama como alimento de supervivencia en épocas de hambruna, sin ir más lejos en los años de la posguerra. Pero en la actualidad, en el valle del Riu Xinestaza se siguen recolectando y son, después de la ganadería, la principal fuente de ingresos de los campesinos de la zona y un alimento importante en la cría del cerdo, ya que hace la carne de este especialmente sabrosa.
El proceso de recolección, como todo, se simplificó bastante con respecto a cómo se realizaba en el pasado. Hoy ya no se sacuden las castañas, simplemente se recogen a medida que van cayendo. Tampoco se guardan en esas características construcciones de piedra circulares que por aquí se conocen como “xoxas”. En cuanto a los otros dos instrumentos de la recolección, las tenazas -especie de pinzas grandes de madera para cogerlas del suelo- y la fardela -bolsa de tela atada a la cintura para donde se van echando cuando se recogen con las tenazas-, todavía sobreviven y son utilizadas por algunas personas. Hay en este valle dos tipos de castañas, la que aquí denominan corriente, de color más oscuro y menos dulce y la valduna, más clara, brillante y mucho más sabrosa. Esta última es sin duda la estrella de las castañas. Mucho más cotizada -se paga hasta el doble que la otra- es muy demandada para la elaboración de postres y otros platos de alta cocina.
Se dice por estos lares que cuando llega la época de las castañas se vacían las consultas de los médicos. No sé cuánto de cierto tiene esta afirmación. Desafortunadamente, no tienen las castañas el poder de curar todas las enfermedades, pero sin duda suponen una inyección de vitalidad que hace olvidar por un tiempo esos pequeños achaques que tanto incordian en el día a día. Tenemos grabado a fuego, en eso que se llama la memoria genética, la importancia de la recolección en nuestra supervivencia; seguramente por eso resulta tan atrayente la tarea. Pero desde la temporada pasada, en esta zona, el largo brazo del fisco -a quien nada se le escapa- impide que los jubilados puedan vender unos pocos sacos de castañas con los que completaban la exigua paga que reciben. Para estas cosas sí estamos en el mapa.

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OTRO PLAN
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Pilar Arnaldo | 24-10-2016 | 08:12| 0

El Gobierno de Asturias lleva unos cuantos meses a vueltas con el llamado Plan Especial para el Suroccidente. En principio, la idea es buena. Que el Suroccidente necesita de medidas especiales nadie lo niega. Las necesita y mucho. En eso seguro que estamos todos de acuerdo.
Parece ser que dicho proyecto cuenta con más de 150 millones de euros y se articula en torno a seis ejes, 14 líneas estratégicas y 33 medidas que, a su vez, se desglosan en 183 acciones. Todo ello con un horizonte de aplicación de diez años. Números no le faltan, desde luego. Por supuesto, también tiene su plan de seguimiento y evaluación articulado en torno a cuatro acciones con sus respectivos nombres rimbombantes. Me pregunto cuántas páginas tendrá dicho documento y cuántas personas y horas de trabajo se habrán empleado en redactarlo.
¿Por qué tengo la impresión de que es más de lo mismo? ¿Por qué tengo una profunda sensación de déjà vu en todo esto? Será que una ya vio tantos planes tan admirables en el papel que luego se quedaron en tan poco… Que en este país nos encantan los papeles ya nadie lo duda. Se abusa tanto de ellos en todos los ámbitos que yo creo que somos, de todos las naciones del mundo, los que más contribuimos a la deforestación del planeta con tanto papeleo. Da la sensación, a estas alturas de la película, que importa más el documento que los hechos. Que esté todo escrito, aunque luego no se haga nada. En fin, dentro de diez años se verá. Porque si no funciona, en ese plazo de tiempo aquí no quedará casi nada. Así que va a resultar fácil de evaluar, no se va a necesitar articular ninguna de esas cuatro acciones, simplemente con la pura observación servirá. O funciona y ayuda a la zona o, para entonces, ya no habrá nada que arreglar.
Mientras tanto solo nos queda desear que empiece pronto a materializarse a ver si este sesudo plan tienen el poder de combatir la desidia y la negligencia con la que el alcalde de Tineo gobierna el Ayuntamiento y hay forma de que nos desbroce las carreteras, porque la situación, en algunas zonas, ya roza el esperpento.

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MUJERES Y RURALES
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Pilar Arnaldo | 17-10-2016 | 08:13| 0

El pasado sábado se celebró el día internacional de las mujeres rurales. Un día para darles visibilidad, hablar de sus problemas, reivindicar sus logros… Pero las mujeres rurales están presentes todos los días del año porque son el pilar sobre el que se sustenta la vida campesina. Lo han sido siempre y lo continúan siendo en la actualidad.
Antaño, cuando la vida en nuestros pueblos era especialmente dura y penosa, ellas se llevaban, por supuesto, la peor parte. Realizaban todos los trabajos del ama de casa, los mismos que realizaba cualquier mujer urbana de la época pero multiplicados y en peores condiciones. Porque las familias campesinas eran muy extensas. Había que cocinar, limpiar, lavar para abuelos, suegros, numerosos hijos, marido, cuñados, tíos… Y en peores condiciones porque había que traer el agua de fuentes, lavar en el río o en los lavaderos, elaborar muchos productos alimenticios que en la ciudad se adquirían en las tiendas. Pero a todo esto se sumaba el trabajo del campo que recaía en gran parte sobre la mujer. Ellas cuidaban los animales menores, cerdos y gallinas, pero también ordeñaban y atendían las vacas. La huerta era responsabilidad absoluta suya y las tierras de cereal u otros cultivos, también. De la recogida de la hierba, uno de los trabajos más duros en el campo, solo se libraban de la siega y no todas. Su tiempo de ocio siempre era activo; mientras que los hombres, al final del día, sobre todo en las largas noches del invierno, jugaban la partida o charlaban con sus vecinos, ellas aprovechaban para hilar, tejer, coser, zurcir.
Hoy la vida de las mujeres en el campo es bastante mejor- la de los hombres también- , pero siguen llevando una carga laboral bien pesada y por supuesto siguen siendo el pilar y sustento de la familia. Buena parte de las ganaderías, en esta zona suroccidental, son de titularidad femenina. Pero además son ellas el sostén social de estos pueblos en declive. La mayor parte de las asociaciones del mundo rural son femeninas y además estas siempre son las más activas. Son ellas las que recuperan tradiciones, las que organizan eventos culturales y sociales, las que dan vida a los pueblos. Las mujeres rurales tomaron la iniciativa y lo hicieron, como siempre, para mejorar sus entornos y las vidas de las personas que las rodean.
A todas las mujeres rurales, a mis antepasadas campesinas, a las vaqueiras y a las de la aldea, a las que parieron en tierras y caminos, a las que sembraron, labraron, cosecharon, cuidaron, curaron y consolaron y, a pesar de la dureza de sus vidas, amaron, celebraron, y fueron las principales depositarias de una cultura rural de la que hoy tantas nos sentimos orgullosas. A todas vosotras, gracias, mil gracias, porque todo lo que hoy somos es el fruto de todo lo que fuisteis. Vuestra valentía construyó nuestro futuro.

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LA SERONDA II
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Pilar Arnaldo | 10-10-2016 | 06:44| 0

Una de las recolecciones más importantes de la seronda en nuestras tierras era el maíz. Este cultivo, llegado de América en el siglo XVII, pronto ocupó un lugar privilegiado en la casería asturiana por el rendimiento que de él se obtenía. Del maíz se sacaba alimento para humanos y animales, material para el mullido de las cuadras, la fabricación de xergones o como combustible. Nada se desperdiciaba.¡Eso sí que era reciclar!
El maíz sembrado en mayo llega a su punto óptimo para la recolección a últimos de septiembre o primeros de octubre “cuando las barbas de la panoya se ponen negras”. El proceso, como todos en nuestras culturas campesinas, era complejo,según me explican magníficamente mis informantes, Higinio Arnaldo Rubio y Manuel Arnaldo Valdés. Se trataba siempre de obtener el mayor rendimiento y aprovechar todo el producto. Una quincena antes de segarlo se “espuntaba”. Esto consistía en cortar la parte superior de la planta para dar como alimento a las vacas y conseguir así que la panoya, al quedar descubierta, madure mejor. Después se segaba a “foucín” y se agrupaba en haces cónicas llamadas capel.lones. Pasados unos días se recogían las panoyas y se transportaban a la casa cargándolas en el carro sueltas hasta la altura de los “l.ladrales”. Se vaciaban en la vivienda, normalmente en alguna sala y allí estaban hasta el esfoyón, uno de los acontecimientos festivos del otoño que, por su importancia, bien merece un capítulo aparte.
Pero del maíz no solo se aprovechaba la panoya. A la planta desprovista del fruto se la denomina narvaso. Estas plantas de narvaso se agrupaban en capiel.las que, a su vez, se apiñaban para formar una especie de balagar, la ruda. Para construirlo se plantaba en el medio un palo de humeiro (aliso), a ser posible que tuviese pequeñas ramas para enganchar mejor y se iban colocando las capiel.las todo alrededor. Estas se ataban con baldiéganos-planta trepadora que crece en algunos árboles-. El narvaso seco se usaba para alimentar las vacas y también para mullir la cuadra. Se iban sacando por abajo capiel.las a medida que se necesitaban para que las de arriba continuaran impermeabilizando la ruda. Finalmente, para un completo aprovechamiento, se metían las vacas a pastar los restos, la “meruxa”; de esta forma no se desperdiciaba nada. Hasta que, hacia noviembre, en esa misma finca donde se había cosechado el maíz, se sembraba trigo para evitar, mediante la rotación de cultivos, el agotamiento de la tierra.
Todo un ejemplo de manejo eficaz del medio.¡Qué ecologistas éramos cuando no sabíamos nada de ecología!

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INOCENTADA
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Pilar Arnaldo | 03-10-2016 | 11:50| 0

El 28 de diciembre de 1999 se inauguraba el primer tramo (Cueto-Latores) de la autovía A-63 Oviedo-La Espina. ¡Fue un 28 de diciembre! Fecha significada en la cultura tradicional asturiana. Quizá eso explique el posterior desarrollo del proyecto. Porque hoy, 16 años después y con solo una tercera parte del trazado en uso, podemos decir que esta obra fue una triste inocentada para los habitantes de la Comarca Suroccidental. Una tomadura de pelo más de la que ya, por fuerza de la costumbre, casi ni se habla. Tan acostumbrados estamos que no nos inmutamos.
Si echamos mano de hemeroteca, nos enteramos de que era una obra muy importante para la zona interior del Suroccidente asturiano, nuestra primera vía de alta capacidad. Iba a suponer la integración y el resurgir económico-social de la comarca. Casi nada! Pues ese resurgimiento va a tener que esperar, porque el final de esta obra ni siquiera se columbra en un horizonte lejano. Incluso peor. Se va hacia atrás. Un tramo que durante un tiempo estuvo en funcionamiento, Salas-La Espina (un solo carril), desde febrero de 2016 vuelve a estar cortado.
Cuando una obra de estas características se eterniza en el tiempo, el problema no solo es no poder hacer uso de ella, sino que partes ya construidas, en las que se invirtieron grandes cantidades de dinero, se deterioran y contribuyen a aumentar de manera importante los costes finales. Sin contar con que el daño medioambiental que la obra pueda suponer no se amortiza, pero tampoco se va a revertir nunca.
Pues esta es la situación. El gobierno central, a cuyo cargo está la obra, no parece preocupado por acabarla. La crisis fue una magnifica disculpa para todo. ¿Pero no dicen que ya salimos de ella? Tampoco el gobierno regional se ve muy interesado en el problema. Ya se sabe. Fuera de “La Ciudadona”, nada nos inquieta. ¿Y los alcaldes del Suroccidente? Creo que deberían estar reclamando el final de esta autovía como una prioridad absoluta. Pero no se los oye. O esa es, al menos, la sensación que tenemos los habitantes de la zona.

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LA SERONDA
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Pilar Arnaldo | 26-09-2016 | 08:19| 0

Si todas las épocas del año tienen algo especial en la vida de nuestros pueblos, el otoño es, sin duda, una de las mejores. Época de recolecciones, se palpa en ella la satisfacción del aprovisionamiento, la alegría de recoger lo sembrado y cultivado. Esto, unido a la temperatura suave del equinoccio, la armonía de la regularidad de horas del día y la noche y el cromatismo de nuestros bosques caducifolios hacen del comienzo de “la seronda” un periodo muy dulce en el campo asturiano.
El cambio de estación coincide en esta zona con el punto óptimo de maduración de varios frutos, entre ellos los melocotones. Así lo ha dejado recogido nuestro magnífico refranero:

Piescos floríos ya piescos maduros
días ya nueites todo son unos

En cuanto a frutos secos, con las avellanas ya recogidas en el final del verano, la tarea se centra, ahora, en las nueces. Estas se cogen del suelo tras haber sacudido el árbol y se ponen a secar en el hórreo o panera para posteriormente quitarles el “peiro”, envoltorio de color verde que tradicionalmente se consideró venenoso en la cultura asturiana. Es también el momento de recoger el maíz, las fabas que crecen entre este y de empezar a preparar el instrumental para la recolección de las castañas, el fruto más abundante del suroccidente astur. Pero no solo hay que recoger. La vida continúa y hay que prepara la tierra para otras siembras. El alcacer para forraje y, por supuesto, el producto esencial, el trigo, un cereal tan importante en la casería tradicional asturiana que siempre se refirieron a él con el nombre de su producto final: el pan.
Hoy algunas de estas actividades se perdieron irremediablemente y otras perviven a duras penas, gracias al esfuerzo de unos pocos rebeldes y pertinaces que no nos resignamos a dejar morir todo aquello que con tanto esfuerzo nos transmitieron nuestros antepasados. ¿Ganaremos esta batalla o desaparecerá con nosotros todo este legado? El tiempo nos lo dirá… Mientras tanto, dejamos constancia de ello por escrito. Al menos, es una forma de preservarlo del olvido.

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MEJOR LAPONIA QUE EL SUROCCIDENTE ASTUR
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Pilar Arnaldo | 19-09-2016 | 11:07| 0

La región de Laponia, en el extremo norte de nuestro planeta, es una de las más deshabitadas del mundo. Esto no resulta extraño teniendo en cuenta que se trata de un territorio con una climatología adversa en los confines del continente. Lo que resulta asombroso, contemplado desde nuestras latitudes, es que esta región se consolide como un referente mundial en desarrollo social y económico y que allí se haya logrado detener el abandono rural e incluso recuperar tasas de población de hace treinta años. Una, entre muchas de las medidas que se han tomado para ello, ha sido invertir en energías renovables cuyos beneficios revierten en la comunidad. Además, la cobertura móvil alcanza al 95 % del territorio.
Aquí tenemos nuestra Laponia particular en el suroccidente de Asturias, pero solo para lo malo. Porque no somos ningún referente en desarrollo social y económico sino todo lo contrario. Y eso que nuestro país ha sido durante los últimos quince años uno de los más agraciados en el reparto de fondos europeos. ¿Qué se ha hecho con ellos? Mejor no profundizar en el tema… El caso es que estamos abocados a una muerte biológica en un plazo muy corto, unos 20 años dicen los expertos. Y ya sabemos todos que 20 años no es nada…
Tal como están las cosas, una de las prioridades del gobierno asturiano en este momento debería ser este problema. Habría que estar dedicándole tiempo, esfuerzos y medios materiales y humanos. No se trata de una cuestión baladí sino de algo muy serio. Es como si nos fueran a arrebatar una parte importante de nuestra región y la dejáramos ir sin tratar de defenderla. Sin embargo, apenas se habla de ello y mucho menos se hace nada. Ni siquiera hay un proyecto serio, riguroso, que ponga sobre la mesa, un día sí y otro también, uno de los problemas más grandes que tenemos. Aquí seguimos gastando el dinero en tonterías o en monstruosidades, mientras dejamos morir una parte importantísima de nuestro territorio, de nuestro patrimonio y de nuestra cultura. Y ni siquiera nos sonrojamos.

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FERIAS DE ANTAÑO
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Pilar Arnaldo | 12-09-2016 | 09:51| 0

Dos celebraciones de especial interés se repartían tradicionalmente la fecha del 8 de septiembre en el suroccidente astur. Se trataba de la romería de la Virgen del Acebo, en el concejo de Cangas del Narcea y la feria de Nuestra señora, en el Puerto de Somiedo. Según las prioridades del momento, divinas o humanas, las familias acudían a uno u otro lugar o se dividían entre ambos.
Pero como las necesidades del cuerpo suelen ser más acuciantes que las del alma, la feria del Puerto se llevaba la palma. Hasta allí se desplazaban con el ganado los hombres de las familias, adultos y niños, a veces alguna mujer, aunque era menos habitual. En la primera mitad del siglo XX el trato, en estas zonas de la montaña asturiana, era preferentemente de ganado cabrío. Reputados tratantes en castrones del valle del Ríu Xinestaza como Alonso L´Urrión, su madre, Pepa la Urriona, Jerónimo de La Troncada, Aurelio de Agosto, Pepón del Gayo o Benjamín del Homón, o, ya en la zona de Sierra, Angelín de Tabladiel.lu se desplazaban con el ganado a la feria de Nuestra Señora. Iban andando y partían con dos días de antelación. Había dos rutas, por Xinestaza a los Cadavales y hacían noche en La Rebol.lada o por L´Abedul a Cuevas y pernoctaban en Aguasmestas. Solían llegar al puerto al atardecer de la segunda jornada y allí, en un ambiente marcadamente festivo y comercial, comenzaban ya los tratos. Vendían el ganado a compradores castellanos que adquirían las reses de macho cabrío para elaborar cecina y aprovechar su piel para los pellejos de vino. Parece ser que en aquella época, entre los pastores de merino de la Meseta, la carne salada de castrón era el alimento preferido para las largas jornadas en el monte. Para ello era preciso que los animales estuvieran gordos y bien cuidados. Pero los tratantes asturianos no volvían de vacío a sus casas ya que vendían los machos adultos y compraban crías para engordar para la feria siguiente. Muchos de estos propietarios tenían los animales en régimen de aparcería con otros ganaderos a veces de pueblos bastante distantes.
En la segunda mitad del siglo XX, el ganado vacuno fue sustituyendo al caprino y los vehículos de motor comenzaron a trasladar a animales y personas a la feria. Como el viaje era más fácil se desplazaban familias enteras, bien pertrechadas de buenas meriendas, a veces simplemente para pasar un día de recreo. Hoy sigue siendo una de las grandes citas ganaderas y festivas del occidente de Asturias. Sin embargo, estoy segura de que a todos nos gustaría volver a presenciar, por un momento, las exclamaciones de satisfacción de aquellos hombres cuando asomaban a las Penas de Trabanco y por fin daban vista al Puerto, el orgullo con el que atravesaban las calles del pueblo bajo la atenta mirada de los compradores o los apretones de mano que sellaban, no solo una transacción económica, sino un pacto inquebrantable. Eran otros tiempos…

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Sobre el autor Pilar Arnaldo
Pilar Arnaldo, escritora y profesora de Lengua castellana y Literatura. Como columnista publico mis artículos en El Comercio sobre mundo rural, Suroccidente de Asturias y cultura tradicional