El Comercio
img
Fecha: septiembre, 2014
Inicio de curso
Antonio Ochoa 22-09-2014 | 6:15 | 0

Otro septiembre, otro curso, otra nueva ley. En más de tres décadas de enseñanza nunca he visto una nueva ley que no empeorara lo anterior. Es lo que pasa por tener que tragar vinos creados por alérgicos a los derivados de la uva. Gente a la que salen sarpullidos sólo con pensar en enfrentarse a una clase de adolescentes se dedican a explicarnos a los que llevamos toda la vida haciéndolo cómo tenemos que tratarlos. El resultado es una mezcla de demagogia, ignorancia y de esa prepotencia que caracteriza a los que se dedican a dar consejos sabiendo que nunca van a tener que ponerlos en práctica. Nuestra consejera decía hace poco que no hay que permitir que ni un solo alumno fracase. Y tiene razón. El problema es que a la mayoría de los que diseñan las medidas para que esto no ocurra les temblarían las piernas si les pusieran a ese alumno delante y les dejaran solos.
Otro septiembre, otro curso, nuevos problemas. Siempre he pensado que la administración hace milagros: Vas a ellos con un problema y vuelves con cinco. El Colegio de Obanca tenía problemas de patios cubiertos y aulas antiguas. Ahora siguen teniéndolos, pero les parecen pequeños comparados con los que se han encontrado. No hay que preocuparse, los maestros tienen un montón de experiencia en solucionar líos montados por otros. Saldrán adelante les cueste lo que les cueste. Adelante, claro, hasta que toque colgarse medallas; entonces los mandarán atrás y nadie se acordará de ellos.
Otro septiembre, otro curso, viejas sensaciones. Cada año empiezan menos alumnos y el futuro que les espera se vislumbra más oscuro. Sin embargo unos y otros se empeñan en convencerlos de que todo se consigue sin esfuerzo y de que tienen todos los derechos imaginables. Todos (pero esto no se dice) hasta que terminen y entren en el mercado laboral. A partir de ahí ya no tendrán ninguno.

Ver Post >
Carbón
Antonio Ochoa 10-09-2014 | 11:51 | 0

Hace sesenta años, los mineros cangueses salían de sus casas en plena noche para llegar andando al tajo, donde les esperaban jornadas extenuantes, seguridad nula y sueldos míseros. Quedan muy pocos que recuerden aquello. Gracias a la lucha y al sacrificio de muchos, cuando la mayoría de los ahora jubilados entró en la mina, las condiciones eran muy otras. Los que siguen en activo, en cambio, no necesitan recordar, pueden vivirlo de primera mano. Gracias a los abusos de algunas empresas mineras y eléctricas con la complicidad de nuestros sucesivos gobernantes y la traición de los que decían defender a los trabajadores mientras se vendían a los otros, muchos de nuestros mineros viven ahora más cerca de los años 50 que de los 80. Esto, sin embargo, no les parece suficientemente sudafricano (ellos dicen competitivo) y han hecho lo posible por cerrar las minas para importar el carbón de allí.
Se podría pensar que tienen manía a las minas en general, pero, si sigues el tema de Salave o Salas, ves que el trato que se da a las de oro es muy distinto. ¿O acaso es menos venenoso el cianuro que el CO2? Además, aquí tenemos un montón de plantas de absorción de dióxido de carbono, se llaman árboles y los hay por todos lados. ¿Deben los árboles de nuestro paraíso natural absorber el CO2 sudafricano para favorecer a los propietarios de empresas eléctricas con nombre español y capital chino y de políticos con nombre español y capital suizo? ¿Es más rentable el carbón extranjero? Para unos pocos sin duda que sí, o esto no estaría pasando; pero, para el país, el coste de empobrecer comarcas enteras, aumentar el paro y perder divisas es absolutamente ruinoso. Y, en cuanto a subvenciones, pregunten cuántas se dan a las renovables y quién se las lleva. En este país, por desgracia, aun hay muchos capaces de cegar para que otro no vea; el resto, conviene que vayamos abriendo los ojos.

Ver Post >
Descentrados
Antonio Ochoa 02-09-2014 | 8:06 | 0

Durante la transición se nos vendió la idea de que la descentralización acercaría la administración a los ciudadanos y viceversa. Lo primero fue cierto a medias. La parte recaudatoria si que se nos acercó, tanto que podemos sentir continuamente sus manos en nuestros bolsillos; la atención al ciudadano, por el contrario, se hizo cada vez más distante. Igual sucedió con la “viceversa”. Los que tenían vínculos familiares o políticos con los que mandaban dentro si que se acercaron a la administración, tanto que incluso consiguieron entrar en ella. Al resto nos han alejado lo suficiente para que no les molestemos, pero no tanto como para no poder seguir exprimiéndonos.
Una administración tan grande, tan “familiar” y tan próxima (a nuestras carteras) ha resultado ser un lujo excesivo para nosotros y nos ha dejado empeñados hasta las cejas. Y, cuanto más cercana, peor. Como se está demostrando (por si alguien no se había enterado aun) los ayuntamientos se han convertido en cortijos donde los señoritos de turno hacen y deshacen a su antojo.
Es necesario un cambio, pero, ¿quién le pone el cascabel al gato? Especialmente, cuando es un gato gordo que se ha acomodado en la poltrona y está dispuesto a defender con uñas y dientes su chollo. Por supuesto, hay gatos de su misma camada u otras que estarían encantados de defenestrarlo y ocupar su sitio, pero no creo que cambiar un gato por otro sea solución. Si queremos que nuestros ayuntamientos adelgacen, se “desfamiliaricen” y nos dejen respirar, necesitaremos otra clase de ocupantes. Tal vez deberíamos encargar a los ingenieros genéticos un híbrido que no sólo sea capaz de trabajar como un burro, sino también de defenderse como un jabalí y de ahuyentar a los ladrones como un perro guardián, porque no es probable que los que han comido tan regaladamente hasta ahora se resignen con facilidad a cambiar de dieta.

Ver Post >

Últimos Comentarios

MariaLadina 12-03-2017 | 10:22 en:
Puro aire
abochoar_517 18-06-2015 | 05:47 en:
Preguntas

Categorías

Etiquetas

Otros Blogs de Autor