El Comercio
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Fecha: diciembre, 2017
Frutas y tomates mejora la recuperación de la función pulmonar en ex-fumadores
Dámaso Escribano 27-12-2017 | 9:54 | 0

La ingesta de frutas y tomates parece retrasar la disminución de la función pulmonar en adultos, particularmente en ex fumadores, según una nueva investigación publicada en European Respiratory Journal.

El documento, que es parte del estudio Ageing Lungs in European Cohorts (ALEC) financiado por la Comisión Europea, examinó la relación entre la disminución de la funcitomatesón pulmonar y antioxidantes dietéticos en 10 años en 680 adultos de Alemania, el Reino Unido y Noruega.

Los investigadores encontraron que una mayor ingesta total de frutas y manzanas en adultos de mediana edad en Europa, se asoció con una disminución más lenta del FEV1; mientras que la ingesta de manzanas, plátanos, tomates, té de hierbas y vitamina C se asoció con una disminución más lenta de la CVF. Las asociaciones se mantuvieron sólidas incluso después del ajuste para posibles factores de confusión potenciales. Los autores dijeron que los resultados sugieren que estos efectos protectores probablemente tengan un mayor impacto en aquellos que han dejado de fumar.

“Nuestro estudio sugiere que comer más frutas de forma regular puede ayudar a atenuar el deterioro a medida que las personas envejecen e incluso ayudar a reparar el daño causado por el tabaquismo. La dieta podría convertirse en una forma de combatir el diagnóstico creciente de EPOC en todo el mundo”, dijo el autor principal Vanessa Garcia-Larsen.

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En 2030 habrá en el mundo más de 80 millones de personas con demencia
Dámaso Escribano 27-12-2017 | 9:48 | 0

Alrededor de 82 millones de personas en todo el mundo tendrá demencia en el año 2030, tasa que aumentará hasta los 152 millones en el 2050, por lo que la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha calificado este problema como una prioridad de salud pública, avisando que, además, cada año se registran cerca de 10 millones de nuevos casos y que entre el 5 y el 8% de la población mayor de 60 años la sufrirá en algún momento de su vida.

La demencia es causada por diversas enfermedades y lesiones que afectan al cerebro de forma primaria o secundaria, como la enfermedad de Alzheimer o los accidentes cerebrovasculares. De hecho, se calcula que es una de las principales causas de discapacidad y dependencia entre las personas mayores en todo el mundo y, según la OMS, puede resultar “abrumadora” no solo para quienes la padecen, sino también para sus cuidadores y familiares.

 Los signos y síntomas relacionados con la demencia suelen a aparecer en tres etapas: temprana, la cual a menudo pasa desapercibida y cuyos síntomas son la tendencia al olvido, pérdida de la noción del tiempo, desubicación espacial; la intermedia, en la que se empiezan a olvidar acontecimientos recientes, así como los nombres de las personas, se encuentran desubicadas en su propio hogar, tienen cada vez más dificultades para comunicarse, empiezan a necesitar ayuda con el aseo y cuidado personal, sufren cambios de comportamiento; y la tardía, caracterizada por una creciente desubicación en el tiempo y en el espacio, dificultades para reconocer a familiares y amigos, una necesidad cada vez mayor de ayuda para el cuidado personal, dificultades para caminar y alteraciones del comportamiento que pueden exacerbarse y desembocar en agresiones.

La enfermedad de Alzheimer esdemencias la forma más común de demencia ya que se calcula que representa entre un 60% y un 70% de los casos. Otras formas frecuentes son la demencia vascular, la demencia por cuerpos de Lewy (agregados anormales de proteínas en el interior de las células nerviosas) y un grupo de enfermedades que pueden contribuir a la demencia frontotemporal (degeneración del lóbulo frontal del cerebro). Los límites entre las distintas formas de demencia son difusos y frecuentemente coexisten formas mixtas.

Aunque, no hay ningún tratamiento que pueda curar la demencia o revertir su evolución progresiva, actualmente hay numerosos tratamientos nuevos que se están investigando y se encuentran en diversas etapas de los ensayos clínicos.

Sin embargo, la OMS ha informado de que existen diversas intervenciones que se pueden ofrecer para apoyar y mejorar la vida de las personas con demencia y sus cuidadores y familias. En concreto, los objetivos principales de los servicios de atención relacionados con la demencia son:

diagnosticarla precozmente para posibilitar un tratamiento precoz y óptimo; optimizar la salud física, la cognición, la actividad y el bienestar; identificar y tratar enfermedades físicas concomitantes; detectar y tratar los síntomas conductuales y psicológicos problemáticos; y proporcionar información y apoyo a largo plazo a los cuidadores.

Por otra parte, la OMS ha recordado que aunque la edad es el principal factor de riesgo de demencia, la enfermedad no es una consecuencia inevitable del envejecimiento, dado que, además, no afecta exclusivamente a personas mayores.

Algunas investigaciones han revelado una relación entre la aparición de deterioro cognitivo y factores de riesgo relacionados con el modo de vida que también son comunes a otras enfermedades no transmisibles, como la inactividad física, la obesidad, las dietas malsanas, el consumo de tabaco y el consumo nocivo de alcohol, la diabetes y la hipertensión. Otros factores de riesgo potencialmente modificables son la depresión, el bajo nivel educativo, el aislamiento social y la inactividad cognitiva.

En este sentido, el organismo de Naciones Unidas ha alertado de que con frecuencia a las personas que padecen demencia se les deniegan libertades y derechos básicos de los que las demás personas disfrutan “sin problema”. Y es que, en muchos países, el uso de medios de inmovilización tanto físicos como químicos está “a la orden del día” en los hogares de atención para personas mayores o en los servicios de cuidados intensivos, aunque haya en vigor normativas que defienden el derecho de las personas a ver preservada su libertad y tomar sus propias decisiones.

“Hace falta un marco legislativo apropiado y favorable basado en normas de derechos humanos internacionalmente aceptadas para garantizar la máxima calidad en la prestación de servicios a las personas con demencia y sus cuidadores”, ha detallado la OMS, para recordar que el pasado mes de mayo la Asamblea Mundial de la Salud respaldó el Plan de acción mundial sobre la respuesta de salud pública a la demencia 2017-2025.

Dicha iniciativa establece una serie integral de medidas aplicables por los planificadores de políticas, los asociados internacionales, regionales y nacionales, y la propia OMS en ámbitos tales como: la sensibilización sobre la enfermedad y el establecimiento de iniciativas destinadas a promover la adaptación a la demencia; la reducción del riesgo de demencia; su diagnóstico, tratamiento y atención; la investigación e innovación o el apoyo a los cuidadores de las personas con demencia.

Además, se ha creado para los planificadores de políticas y los investigadores una plataforma internacional de vigilancia, el Observatorio Mundial de las Demencias, que facilitará el seguimiento y el intercambio de información sobre las políticas relacionadas con la demencia, la prestación de servicios, la epidemiología y la investigación.

Del mismo modo, la OMS ha creado iSupport, una solución de cibersalud que ofrece información y capacitación a los cuidadores de las personas con demencia. El primer estudio sobre la facilidad de uso y la efectividad de iSupport se está llevando a cabo en la India.

Finalmente, el organismo ha recordado que la demencia es también una de las afecciones prioritarias en el Programa de acción para superar la brecha en salud mental (mhGAP), cuyo objetivo consiste en ampliar la atención a los trastornos mentales, neurológicos y por consumo de sustancias, sobre todo en los países de ingresos bajos y medios.

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La obesidad afecta a cuatro de cada diez españoles mayores de 60 años
Dámaso Escribano 27-12-2017 | 9:39 | 0

El 35,5% de los hombres y el 40,8% de las mujeres mayores 60 años tienen obesidad en España, según la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología (SEGG), con una tendencia en aumento, especialmente por los cambios en los hábitos de vida, lo que eleva los riesgos de sufrir enfermedades cardiovasculares.

Por encima de los 80 años estas cifras descienden a 19,4% y 29,2% en hombres y mujeres respectivamente. El mantenimiento de la actividad física junto a una adecuada dieta, son los mejores aliados para prevenir la obesidad o abordar la pérdida de peso.

“Cada vez existen más a nuestro alcance alimentos de alta carga calórica que se consumen con frecuencia, sobrepasando las necesidades de energía y nutrientes del organismo”, ha señalado el jefe de Gestión Asistencial de Sanitas Mayores, David Curto.

 obesidadUno de los hábitos saludables para prevenir el sobrepeso es el mantenimiento una actividad física de intensidad moderada, unos veinte minutos diarios. Por ejemplo, pasear a un ritmo elevado, sin llegar a tener fatiga es una buena práctica.

Junto a ello, este experto recomienda consumir una dieta rica en verduras y cereales integrales, sin olvidar incluir fruta, aceite de oliva, legumbres, frutos secos crudos, pescado, carne de ave y lácteos desnatados y evitando los azúcares refinados y la grasa saturada.

En las personas mayores el objetivo de pérdida de peso debe abordarse con cautela y sin demasiada agresividad, valorando los beneficios, pero también los riesgos de sarcopenia o pérdida de masa muscular.

Los pilares en el tratamiento de la obesidad se fundamentarán en una dieta con restricción de calorías a unas 500 menos de las que correspondería por edad y sexo, consumiendo los productos comunes en la dieta mediterránea, sobre todo verduras, frutas y cereales no refinados; actividad física, cuya opción más recomendada en personas mayores es el entrenamiento de resistencia progresiva, basado en ejercitar los músculos con algún tipo de resistencia que se incrementa progresivamente a medida que mejora la fuerza; y la terapia conductual, con la modificación de hábitos orientado a reforzar el efecto de la dieta y el ejercicio sobre la reducción ponderal

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Cáncer y calidad de vida
Dámaso Escribano 27-12-2017 | 9:32 | 0

Un nuevo estudio proporciona información sobre los factores que afectan a la calidad de vida relacionada con la salud en adultos mayores con cáncer. Los hallazgos, publicados en Cancer, respaldan la importancia de abordar los síntomas persistentes, controlar las comorbilidades, promover la actividad física en el tiempo libre y abordar los desafíos financieros.

De los 15 millones de personas que vivían con cáncer en Estados Unidos en 2016, el 62% tenía 65 años o más. Esta proporción está creciendo con el tiempo y pronto las tres cuartas partes de los supervivientes de cáncer estarán en este grupo de edad. Comprender los factores más importantes que contribuyen a mejorar o mantener una buena calidad de vida más allá del periodo de tratamiento inicial puede ayudar a identificar a los sobrevivientes que son más vulnerables y corren el riesgo de tener problemas de salud.

 cancer-mayoresPara investigar el problema, Maria Pisu, profesora asociada en la División de Medicina Preventiva; Gabrielle Rocque, profesora asistente en Hematología y Oncología, y colegas de la Universidad de Alabama, Estados Unidos, entrevistaron a 1.457 adultos de 65 años o más. La mayoría de los encuestados no estaban recibiendo tratamiento para el cáncer activamente en el momento de la entrevista y estaban en el año o más posterior a su diagnóstico. La encuesta exploró factores en las áreas físicas, psicológicas, sociales y espirituales que podrían afectar a la calidad de vida.

Los científicos encontraron que los componentes físicos y mentales de la calidad de vida probablemente se vieron afectados por factores en diferentes áreas. Los contribuyentes más importantes vinculados con una peor calidad de vida física incluyeron síntomas más severos de dolor, fatiga y sueño alterado en la semana anterior a la encuesta, así como otras afecciones médicas que los pacientes tenían además del cáncer.

También fueron importantes los factores del dominio social relacionados con las necesidades de apoyo, como la necesidad de ayuda cuando se fatiga. Ser físicamente activo parece ser un importante contribuyente a una mejor calidad de vida física. Los impulsores más importantes relacionados con una peor calidad de vida mental volvieron a ser la gravedad de los síntomas, como la fatiga y el sueño alterado. Otros posibles contribuyentes incluyen la necesidad de apoyo emocional y tener dificultades financieras.

“Los estudios de calidad de vida tienden a centrarse en un cáncer en el momento, en el periodo durante el tratamiento y en medicamentos o tratamientos específicos contra el cáncer. Sin embargo, como las personas viven más tiempo después de un diagnóstico de cáncer, es importante comprender la contribución de otros factores a la calidad de vida independientemente del tipo de cáncer o tratamiento –afirma Pisu–. El tipo de cáncer y el tratamiento recibido no se encontraban entre los factores más importantes que afectan a la calidad de vida en nuestro grupo de supervivientes”.

Pisu señala que la contribución de las dificultades financieras al componente mental de la calidad de vida fue algo inesperado. “Por lo general, se ha descubierto que las dificultades financieras y económicas son menos preocupantes para los adultos mayores”, subraya.

Los resultados del estudio tienen implicaciones para la atención de los sobrevivientes de cáncer de más edad. “El enfoque para la atención de esta población debe ser uno de promoción integral de la salud que incluya la gestión adecuada de los síntomas y las condiciones comórbidas y la promoción de estilos de vida saludables -dice Pisu-. Además, su cuidado debe reconocer la importancia de los contextos sociales de los sobrevivientes mayores y las necesidades de apoyo que puedan tener, incluidos los relacionados con los desafíos financieros”.

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Fractura de cadera en mujeres. Prevención
Dámaso Escribano 27-12-2017 | 9:24 | 0

El cribado de la osteoporosis podría prevenir más de una cuarta parte de las fracturas de cadera en mujeres mayores, según una nueva investigación liderada por la Universidad de East Anglia (UEA), en Reino Unido.

Este trabajo, publicado en The Lancet, revela que un cuestionario simple, combinado con mediciones de la densidad mineral ósea para algunas, ayudaría a identificar a aquellos en riesgo fractura-caderade fractura de cadera.

La investigación, en la que participaron más de 12.000 mujeres mayores, descubrió que el cribado a través de las prácticas de atención primaria permitía a las pacientes ser objetivo de tratamiento. En las mujeres que aceptaron participar, esto condujo a una reducción del 28% en las fracturas de cadera en cinco años.

 El investigador principal, Lee Shepstone, de la Escuela de Medicina Norwich de la UEA, destaca que, “aproximadamente, una de cada tres mujeres y uno de cada cinco hombres mayores de 50 años sufrirá una fractura por fragilidad durante lo que les queda de vida útil. En Reino Unido, alrededor de 536.000 personas sufren fracturas por fragilidad cada año, incluyendo 79.000 fracturas de cadera”.

“Una fractura de cadera puede ser devastadora con una pérdida de independencia y menos de un tercio de los pacientes que se recupera completamente. La mortalidad después de la fractura de un año es aproximadamente del 20%. Queríamos saber si las pruebas de detección, como las pruebas de cribado de cáncer de mama, podrían ayudar a identificar a las personas en riesgo de sufrir una fractura”, añade.

El gran estudio multicéntrico de detección comunitaria en Reino Unido fue una colaboración principalmente entre la UEA y la Universidad de Sheffield, e involucró a investigadores de las universidades de Southampton, Bristol, Birmingham, Manchester y York, y más de 100 consultas de atención primaria.

El equipo utilizó una herramienta desarrollada de la Universidad de Sheffield llamada FRAX, que predice la probabilidad de una fractura de cadera o una fractura osteoporótica mayor (una fractura de cadera, columna vertebral, brazo o pierna) para identificar a mujeres mayores con alto riesgo.

Se reclutó a un total de 12.483 mujeres de entre 70 y 85 años de 100 consultorios médicos en siete regiones del país. La mitad de las mujeres se sometió a un cribado para comparar el cribado con la atención habitual.

Entre las examinadas, se recomendó posteriormente el tratamiento para una de cada siete mujeres consideradas en alto riesgo de fractura de cadera. Las mujeres y sus médicos actuaron de acuerdo con esta recomendación, de modo que más de las tres cuartas partes de las mujeres en alto riesgo tomaban medicamentos para la osteoporosis dentro de los seis meses posteriores al examen.

Aunque las pruebas de detección no redujeron la incidencia de todas las fracturas osteoporóticas, la reducción de fracturas de cadera fue evidente. En el grupo de cribado, hubo 54 mujeres menos que sufrieron una o más fracturas de cadera en comparación con el grupo de atención rutinaria. El estudio sugiere que una fractura de cadera podría prevenirse por cada 111 mujeres examinadas y el análisis inicial plantea que es probable que el enfoque sea coste-efectivo.

“Este es el primer ensayo que demuestra que un enfoque comunitario de detección basado en la herramienta de riesgo de fracturas FRAX es factible y efectivo. Dado que se espera que el número de fracturas de cadera debilitantes y costosas aumente con el envejecimiento de la población, los resultados de este estudio potencialmente tienen implicaciones importantes para la salud pública”, subraya Shepstone.

“La evaluación de bajo coste con FRAX entre la población de mayor edad podría resultar en una intervención efectiva y específica para reducir la carga humana y socioeconómica de las fracturas de cadera de la misma forma que en el estudio en todas las mujeres de Reino Unido con edades entre 70-85 años. Estimamos que la estrategia podría prevenir hasta 8.000 fracturas de cadera por año en Reino Unido. Incluso, se podrían obtener mayores ganancias si pudiéramos llegar a las mujeres similares a aquellas que no participaron en el estudio”, concluyen los autores.

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