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Categoría: inmigración
REFUGIADOS

Siento vergüenza por el comportamiento de nuestro mundo rico. Siento vergüenza porque en Europa y también en España, no hacemos más que protestar, poner el grito en el cielo y poner trabas a la llegada de inmigrantes, seguramente por miedo a los conflictos que nos pueden generar los refugiados que entran en nuestros países ricos. Preferimos que otros países más pobres se ocupen de resolver estas cuestiones, ya que al estar más lejanos, el problema lo van a sufrir ellos  y no van a alterar nuestra sensibilidad y nuestra conciencia.

En la cumbre mundial humanitaria que tuvo lugar en Estambul hace algunos días, se inauguró el acto con esta rotunda manifestación: “Estamos en un momento de la historia en el que las vidas humanas no parecen importar” No hay solidaridad ante los conflictos que asolan el mundo y tampoco hay solidaridad ante la mayor crisis de refugiados que estamos viviendo desde la Segunda Guerra Mundial. Se pidió que Europa hiciera más, se habló mucho, pero no se llegó a ningún acuerdo vinculante. El presidente turco Recep Tayyip Erdogan, terminó calificando la Cumbre como “decepcionante”.

Turquía, que fue designada para la celebración de esta cumbre, es uno de los países más afectados por estos desplazamientos. En este momento, está acogiendo a dos millones y medio  de refugiados sirios  y a otros cuatrocientos mil de otras nacionalidades. Y para complicar más las cosas, los turcos están sumidos en un serio conflicto interno, que volvió a reactivarse entre el Estado Turco y la milicia kurda PKK. Se está pidiendo a gritos que la Unión Europea acoja a esos millones de refugiados que hay instalados en campamentos de agrupamiento turcos, griegos e italianos,  pero dentro de nuestras fronteras, con excepción de Alemania, no sólo no se está por la labor de colaborar de modo proporcional a las respectivas poblaciones, sino que para caldear más las cosas, en Londres, los partidarios de que el Reino Unido salga de la Unión, no hacen otra cosa que manifestar que esos refugiados van a ser una seria amenaza y más aún si se admite a Turquía en el seno de la UE.

Si nos referimos de modo concreto a España, a final de Septiembre del año pasado, nuestro Gobierno adquirió el compromiso de acoger a 16.231 refugiados, dentro del marco del programa de reubicación de la Oficina Europea de Asilo. Pero, aun con esa cifra tan detallada, supongo que alcanzada tras sesudos cálculos, no parece que haya mucha diligencia en el cumplimiento, y prueba de ello es que hasta el momento, parece que sólo han llegado 58 refugiados. Hace unos días el Ministro del Interior Sr. Fernández Díaz anunció que antes de Julio llegarán otras 586 personas.  Se bailan las cifras, todas ellas muy exactas, se establecen compromisos, se abren calendarios, pero ¿es verdad que vamos a acoger a 16.321 personas?. Me temo que no.

Y digo que me temo que no, porque hasta ahora, las fronteras de Ceuta y Melilla estaban muy tranquilas, pero tal y como se están desarrollando los acontecimientos, cerradas las fronteras turcas o griegas, y con la arribada en tan sólo en 15 días, de más de 14.000 personas que navegan en pateras por el Mediterráneo, provocando una ingente cifra de muertos, en cualquier momento volveremos a ver masivos intentos de asalto a las vallas y, tal y como pudimos observar hace tan solo dos años, nos encontraremos otra vez con las devoluciones en caliente, con las repatriaciones exprés ilegales y con la violación de la Convención de Ginebra sobre derecho de asilo y refugiados políticos y protección de derechos humanos.

En este momento, la Unión Europea es incapaz de responder a las necesidades humanitarias sobre la base de la solidaridad. No se cumplen los objetivos del milenio. Se han reducido los programas de Cooperación y al tiempo se explota a países africanos. Sólo hay una política común que es cerrar fronteras (se buscan fórmulas para evitar las consecuencias, pero no las causas). Europa explota a los países del sur y a la vez les pone barreras.

La consecuencia directa de todo esto es que, si no somos capaces de resolver los mecanismos de la inmigración legal, difícilmente podrá resolverse el problema de la inmigración ilegal. En este momento los derechos humanos sucumben ante la necesidad de imponer el orden público interno y a más abundamiento, nuestras actuales políticas llevan inexorablemente a inmigrantes y refugiados, a la exclusión social. El refugiado va a entrar de lleno en la economía sumergida.

El gran problema que se plantea es que nos están llegando seres humanos y dada la situación de crisis que tenemos ¿qué hacemos? ¿los confinamos cerrando herméticamente nuestras fronteras o les prestamos ayuda humanitaria?. He aquí el dilema.

 

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NO SON DELINCUENTES

“No somos delincuentes. Vendemos en los bares y en  la manta para sobrevivir. Voy por la calle a trabajar con mochila y aunque tengo papeles, la policía me para porque soy negro.  A un amigo mío lo detuvieron cuando se bajaba del Alsa y como no tenía papeles lo mandaron a Barajas, lo subieron a un avión y en 24 horas lo deportaron a Senegal. Me han detenido cuando estaba vendiendo Cedes en un bar de la Avenida de Galicia y el Fiscal me pide dos años de prisión”.

Estas son manifestaciones que constantemente  hacen esos pobres senegaleses que llegan en busca de ayuda a las ONG . Probablemente, cualquier lector que me conozca, dirá que no puedo ser imparcial en estos temas, debido a las actividades que realizo ayudando entre otros,  a senegaleses.  No obstante, deseo dar mi opinión sobre lo que está pasando con estas gentes, que llegan a Asturias en busca de trabajo y de una vida mejor, pero que después de cuatro o cinco años entre nosotros, malviviendo y ganándose la vida como pueden, terminan siendo deportados o juzgados por vender CDs piratas

Tras la reforma del Código Penal propiciada por el ex Ministro de Justicia Sr. Gallardón, los artículos  270 a 276 del Código Penal, catalogan como delito la venta con ánimo de lucro, de artículos protegidos por la propiedad intelectual e industrial. Se trata en definitiva de penalizar lo que todos conocemos como “top manta”. Esta injusta reforma va en contra del principio de intervención mínima del derecho penal  y también en contra del ámbito del derecho mercantil, que no comprende la distribución o venta al detalle de estos productos de bajo precio y que dejaría la persecución de estas ventas ilegales en el ámbito del derecho administrativo.

El senegalés que vende estas copias de artículos protegidos por la propiedad intelectual o industrial, es un mero intermediario entre el productor de los mismos (generalmente mafias organizadas) y el cliente final que compra en el bar o en la calle. Y lo que hay que tener claro es que los titulares de esos derechos tienen diferentes medios de protección en el ámbito del derecho administrativo y que por tanto el derecho penal no debería de ser aplicable por ese principio de intervención mínima al que me refería antes. Este principio de intervención mínima ha sido recogido en una sentencia del TS de 24 de Febrero de 2013 que dice “sólo ante los ataques más intolerables o las conductas más graves como la reproducción en masa de una obra amparada por el derecho, puede configurar el delito. La venta callejera es el último eslabón del comercio ilegal y no tiene entidad suficiente para justificar la aplicación del derecho penal”.

La venta callejera de estos productos ilegales, practicada habitualmente por esos senegaleses que vemos en las calles con su top manta, o en los bares de la ciudad, sólo busca la manera de que puedan ganarse la vida y por ello la lucha no ha de pasar por la aplicación del Código Penal, sino por la aplicación de normas de orden público que impidan o restrinjan estas ventas. Pese a esto, un buen día la Policía detiene a Mamadou cuando estaba vendiendo cedes en un bar de la Avenida de Galicia y trasladado el asunto al Juzgado, se solicita para él la condena a dos años de prisión, una multa por valor de 3.000 euros, la expulsión del país y por si fuera poco, una indemnización de 500€ para la SGAE que es en lo que esta entidad valora como precio de las copias ilegales. Se omite por esta entidad que ese sería el precio correcto si se tratara de cedes legales de los que se venden en las tiendas, pero que se trata de burdas y males copias con un valor que en modo alguno superaría los 50 euros. Si uno de los principios básicos de la rama punitiva del derecho, es el principio de la intervención mínima del derecho penal,  por qué el Ministerio del Interior se empeña en criminalizar este tipo de ventas. Por qué  colapsamos  los Juzgados con este tipo de cosas y en sentido contrario, dejamos que todas las tramas de corrupción sigan impunes y sin que ninguno de esos ladrones políticos y de guante blanco que han robado el dinero de los ciudadanos, ni tan siquiera entren en prisión. Ante flagrantes delitos, ni tan siquiera la Fiscalía solicita la aplicación de medidas cautelares. Por el contrario sí que está presto para acusar y condenar a un pobre senegalés que vende CDs piratas.

La cruda realidad de este escenario, es que existe una gran desproporción entre la protección que se concede a entidades como SGAE o EGEDA para preservar sus derechos de autor y la situación que se plantea a estos senegaleses que venden para sobrevivir sin recurrir a las ayudas públicas o a la limosna y que ven arruinada su estancia entre nosotros, perseguidos por la acción policial. La voz de las entidades protegidas se escucha más alta y más fuerte que la de los senegaleses y esto hace que el ciudadano de a pie conozca más los problemas de los músicos o de los cineastas, que la penosa situación de este último y frágil eslabón de la cadena de venta de estas reproducciones ilegales.

Mamadou  aún no ha podido obtener los papeles (permiso de trabajo) y como estrategia de supervivencia, porque en modo alguno está dispuesto a pedir o a vivir de ayudas públicas, compraba a las mafias copias de películas, gorras o gafas falsificadas y trataba de vender para obtener un beneficio de que va de 5 a 10 euros diarios. La mitad de estos beneficios tiene que destinarlos a conseguir más mercancía y el resto lo destina a comprar comida y a reservar lo que puede para contribuir al pago del alquiler en un piso que comparte con otras seis personas.  Ahora está asustado, tiene miedo y ya no sale a la calle. Malvive en un piso patera donde gracias a la ayuda de sus compañeros puede comer diariamente un plato de arroz hervido, lo que hace que cada día esté más flaco.  Pese a esa lamentable situación, si le ofreces algunos alimentos te dice que no, gracias, hay otras personas que lo necesitan más que yo. Mejor es que se lo deis a ellas. En el entorno de los senegaleses que viven en Oviedo hay miedo. Igual da que tengan o no tengan papeles. Si les pillan vendiendo se los pueden quitar y después pueden ser víctima de una redada, los meten en un avión y los deportan a Senegal

¿Hacen daño o molestan a alguien? Parece ser que sí. El Gobierno español llegó a algún inconfesable acuerdo con el Gobierno senegalés y como consecuencia del mismo, más o menos cada dos meses, se pasan instrucciones a la Comisaría de Policía para que proceda a la detención de un cupo de senegaleses que han de ser enviados al aeropuerto de Barajas para llenar un avión y proceder a su deportación masiva. Se calcula que en este último año han sido deportados 5000 senegaleses por el simple delito de “no tener papeles”. ¡¡Qué casualidad!! Con nosotros, en Asturias,  conviven empadronados más de cuatro mil sin papeles de múltiples nacionalidades y algunos de ellos imputados por determinados delitos, pero hete aquí que la Policía, para repatriar, a los que busca es a los senegaleses, no a otros, aunque estén imputados por algo.  Como consecuencia de estas deportaciones selectivas, se ha dado un grotesco caso que conozco, en el que detienen a un chico que convivía aquí con su mujer e hijo de dos años. Al ser detenido, pasa aviso a su mujer y esta rápidamente se persona en la Comisaría para que también la deporten a ella y a su hija de dos años, ya que sin el marido ella no hacía nada aquí. ¿Resultado final de esta detención?: El marido deportado y la mujer con su hijo pequeño aquí, abandonada a su suerte.  Ella tampoco tenía papeles, pero, claro, el cupo ya se había llenado y no cabían más en el avión. Bah,  es una simple cuestión administrativa. Y ante los procedimientos administrativos, para qué hablar de problemas solidarios.

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JAPON FRENTE A LA YIHAD

Es incuestionable que nuestro mundo occidental está viviendo unos serios procesos de transformación cultural, como consecuencia de la inmigración de personas procedentes de países islámicos.  Estos procesos se están agudizando aún más a causa de las fuertes presiones migratorias que han llevado a Europa a afrontar la peor crisis de desplazados del mundo islámico, desde la Segunda Guerra Mundial. Paralelamente a estas transformaciones culturales, se está generando un clima de miedo y hasta terror por la amenaza que representa el radicalismo yihadista que ha masacrado a muchos ciudadanos occidentales mediante terribles atentados. Las respuestas de nuestros gobernantes europeos frente a estas amenazas no son uniformes, llegan incluso a ser erráticas y no hay modo de llegar a ese gran pacto global que se necesita para atajar la amenaza.

Mientras esto ocurre aquí, tenemos en el mundo a un país, Japón, que aplica un enfoque de la cuestión musulmana, desde una óptica diametralmente diferente a la occidental.  ¿Por qué afirmo esto? Sólo basta ver las noticias de prensa o de TV para darnos cuenta de que nunca hay informaciones relativas a que dirigentes políticos, líderes, ministros u otras autoridades musulmanas, visiten o hayan visitado Japón. No hay noticias sencillamente porque estas visitas no se producen, ya que Japón mantiene una política muy definida en cuanto al islam y esta política hace que las figuras políticas musulmanas no visiten Japón, al igual que los dirigentes japoneses  difícilmente visitan países musulmanes.

Por las informaciones que han llegado a mi alcance, las relaciones de Japón con los países islámicos, se limitan prácticamente a las importaciones del petróleo y gas que los japoneses necesitan. La política oficial de Japón está basada en poner todas las trabas del mundo para dar permisos de residencia o trabajo a los musulmanes que los visitan. Japón prohíbe que se haga propaganda o se adopte la religión islámica. El islam para los japoneses es una cultura extraña e indeseable y cualquier musulmán que fomente el islam será considerado como culpable de proselitismo. En las universidades japonesas no hay asignaturas de lengua árabe o de religión islámica.

Los musulmanes que residen en Japón suelen ser empleados de empresas extranjeras y están autorizados a residir en el país con visados, pero restringiendo enormemente la posibilidad de que puedan adquirir no sólo la nacionalidad, sino el permiso de residencia indefinido. Resulta realmente difícil importar libros del Corán y las mezquitas existentes son muy escasas (Las que hay tienen su origen en la segunda guerra mundial). La política oficial de los japoneses pasa por no autorizar la permanencia indefinida de musulmanes, aunque sean ingenieros, médicos o empleados de empresas extranjeras que operen en el país. La sociedad japonesa exige que los ciudadanos musulmanes, si quieren rezar, que lo hagan dentro de sus casas.

Cuando las empresas japonesas necesitan trabajadores extranjeros e inician los correspondientes procesos de selección de personal, en sus ofertas de trabajo dicen claramente que no quieren trabajadores musulmanes. Igualmente cuando un musulmán consigue entrar en Japón y desea quedarse a vivir, lo va a tener muy difícil ya que le va a resultar muy complicado comprar o alquilar un apartamento. Los ciudadanos japoneses están muy sensibilizados y cuando tienen algún vecino musulmán próximo, se sienten inseguros. Japón restringe al máximo cualquier tipo de organización islámica o la creación de escuelas o mezquitas. Se llega hasta el extremo de que en Tokio sólo haya un Iman.

Contrariamente a lo que ocurre en Europa, los japoneses no se sienten atraídos por el Islam y se llega hasta el extremo que si una mujer japonesa se casa con un musulmán, será repudiada por su entorno familiar y social. La Ley Sharía no es aplicable en Japón. Este rechazo social hacia lo musulmán queda también reflejado en las cifras de población, ya que en un país de 127 millones de habitantes, sólo hay censados catorce mil musulmanes, que en la mayor parte de los casos son trabajadores de empresas extranjeras dedicadas a la construcción, principalmente de Pakistan.

La posición japonesa frente al Islam es claramente negativa. Y esta situación puede ser explicada por varias razones: Para el japonés, el islam es una religión extraña y las personas inteligentes deben de evitarla. Los musulmanes que no están dispuestos a renunciar a su religión y a adoptar las formas de pensamiento y comportamiento japonés, serán rechazadas. De otra parte, la mayoría de los japoneses no practican ninguna religión, pero los comportamientos relacionados con el sintoísmo, junto con elementos del budismo, están integrados en las costumbres ciudadanas. En Japón, la religión está conectada con el concepto nacionalista y se han creado claros prejuicios hacia los extranjeros tanto si son chinos, como coreanos, de Malasia o de Indonesia. Y tampoco nos occidentales nos escapamos de este fenómeno.

Hay quien llama a esto un “sentido muy desarrollado del nacionalismo” e incluso hay quien lo puede tildar de “racismo”, pero, el resultado final es que en Japón, contrariamente a lo que nos pasa en Europa, no tiene dentro el problema islámico. ¿sería procedente que Europa empezara a utilizar las políticas japonesas frente al islán o seríamos considerados racistas?. En un claro estado de guerra como el que estamos viviendo, yo no lo descartaría.

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INCAPACIDAD PARA GESTIONAR LAS MIGRACIONES

Probablemente, Europa se está enfrentando en estos tiempos, a la peor crisis migratoria desde la segunda guerra mundial. Las continuas oleadas de refugiados que huyen de las guerras del Oriente próximo o de los Balcanes, en busca de asilo y refugio en el viejo continente, o la de subsaharianos que tratan de llegar a Europa por Ceuta, Melilla, Italia o Grecia, para huir de la pobreza y encontrar un mundo mejor, están generando una presión demográfica sin  precedentes. De modo paralelo, este fenómeno ha creado una floreciente industria de traficantes de personas que, según parece, los gobiernos occidentales son incapaces de eliminar.

Tras lo que se está viendo, parece que la Unión Europea está siendo incapaz de mantener una política común para atajar el problema de la gestión de las fronteras y del acogimiento de esos tantos refugiados que quieren llegar a los diferentes países. Los Estados europeos en primera medida y principalmente Alemania, empezaron a tomar decisiones llenas de voluntarismo, pero al final resultan desbordados y empiezan a aplicar políticas contradictorias, se generan tensiones, discrepancias, resistencia y sobre todo miedo a lo que se avecina.

Por su parte, los ciudadanos estábamos dispuestos a acoger sin reserva a esas gentes y nos mostrábamos dispuestos a ayudarlos e integrarlos pero, pasados esos primeros momentos de voluntarismo, todo está quedando en un espejismo. Nuevamente aparece el miedo a los desconocidos  y aparecen esos mitos y estereotipos que provocan racismo y xenofobia.

Los ciudadanos europeos estamos acostumbrados a interrelacionanos de modo cotidiano con las gentes de la misma cultura y nos sentimos cómodos, pero, cuando a nuestras ciudades llegan personas procedentes de otras culturas, empezamos a sentir miedo. Conocemos poco o muy poco de esas gentes que no entendemos su lengua, que no conocemos sus tradiciones, que no sabemos nada de su comportamiento que para muchos resulta extraño e inmediatamente nos ponemos a la defensiva. Miedo a que nos alteren nuestros modos de vida y en definitiva a que puedan llegar a destruir nuestras culturas.

La gente dice que los inmigrantes y refugiados van a quitarnos el trabajo,  van a abaratar la baja de los salarios y el abaratamiento del ciclo productivo. Decimos que cuando español emigra es que va a buscar oportunidades, pero, en cambio, cuando un extranjero nos llega decimos que nos viene a quitar el trabajo. Decimos también que abusan de nuestra sanidad y que colapsan nuestros servicios sanitarios. Decimos que son vagos, que tienen muchos hijos y que viven de subvenciones. Decimos que traen delincuencia. Decimos que bajan el nivel educativo. Decimos que no se adaptan a nuestras costumbres. Decimos que traen prostitución. Decimos que aquí no cabemos todos.

En nuestro mundo globalizado al borde de la desregulación, solemos ver a los refugiados e inmigrantes como portadores de malas noticias. Estas víctimas que primero, voluntaristamente estábamos dispuestos a acoger, las vemos como algo que nos recuerda a algo que queríamos olvidar. Las vemos como la avanzadilla de un sospechoso ejército que va a querer robarnos nuestro estado del bienestar. Se está incrementando la retórica populista  contra los refugiados, en muchos lugares. En países como Alemania ha habido ataques incendiarios contra albergues en construcción para evitar que se muden los extranjeros.

En la actual realidad que ha generado la masiva migración, se está produciendo el caldo de cultivo de unas políticas contradictorias. Por un lado aparecen partidos políticos oportunistas dispuestos a conseguir votos enarbolando la bandera del acogimiento a todos los que nos lleguen y por otro aparecen  otras corrientes políticas que no están dispuestas a compartir nuestro bienestar con la gente menos afortunada que llega de otros continentes y que se mueven en la indiferencia y en la falta de humanidad.

En este difícil escenario  se necesita que los gobernantes europeos decidan unir y no dividir, pensando que a medio/largo plazo la solidaridad va a ser el único camino para no empeorar esta catástrofe humana. Es imperativo que la UE se ponga manos a la obra para que de modo urgente empiece a gestionar la gran cantidad de refugiados que están llegando a nosotros y a la vez es necesario que también se regule la inmigración económica para poder dar soporte y protección a quienes más lo necesitan.

Es necesario que Europa busque una solución política al conflicto sirio y afgano, que también mejore la situación de países vecinos y entre ellos particularmente Turquía que se ha convertido en la puerta para llegar a Europa.  Es también necesario establecer reglas y dejar claro en los países de donde proceden los inmigrantes económicos, que no van a poder conseguir asilo político. Habría de incidirse en estos estados de donde llegan los inmigrantes económicos para que se creen programas concretos, controlados y controlables, para que los trabajadores pueden realizar los trabajos que puntualmente nuestra sociedad necesite.

Europa y particularmente España, deberían de ser más consecuentes con las expulsiones en caliente o con las expulsiones de las personas que no corren peligro. Para terminar, los políticos europeos tienen que decidir si quieren un sistema organizado o si desean el caos que ahora existe. En sus manos está.

 

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EUROPA CIERRA LAS PUERTAS A AFRICA

En estos últimos días, todos los medios de comunicación están ocupados en comentar el problema de la corrupción. Quizá por esta causa,  las noticias de los reiterados asaltos a las fronteras de Ceuta y Melilla y a las devoluciones en caliente, han pasado a un segundo plano. Pero, la realidad es que ese drama humanitario de la inmigración sigue ahí y que la presión subsahariana continúa y continuará.
Ante este drama humanitario, cabría preguntarse si esos inmigrantes que sistemáticamente pretenden asaltar las fronteras, son “invasores” o si por el contrario son “víctimas”. En 2008 Europa aprobó la llamada “Directiva de la vergüenza” que restringe los derechos de los inmigrantes, sin tener en cuenta las causas que provocan este fenómeno. Posteriormente España transpuso esta Directiva a nuestra Ley de Extranjería. Ahora, en estos últimos días, nuestro Presidente Sr. Rajoy, como consecuencia de la fuerte presión que sufren las fronteras de Ceuta y Melilla,  manifestó que iba a modificar nuestra ley para agilizar y permitir las devoluciones en caliente. España y Europa, sencillamente, en vez de buscar la integración social y controlada de los inmigrantes, utilizan la represión y vulneran la dignidad de las personas.
Resulta totalmente hipócrita la tenacidad con la que los gobiernos europeos y particularmente España, tratan de evitar la llegada de inmigrantes africanos, sin consideración alguna a que estas personas son un residuo patético de las correrías coloniales de los civilizados estados europeos. Es más, ahora, acosados por la grave crisis económica que sufrimos, los europeos queremos fabricar un castillo de murallas cada vez más altas para blindarnos, vivir lo mejor posible y olvidarnos de aquellos a los que después de tantos años saqueando África, despojándolos de sus riquezas, de su cultura, de sus recursos, e infectándolos de fiebre consumista, ahora se mueren de hambre, de miseria, de guerras fratricidas y de desesperación.
Nos hemos olvidado pronto de que, en mucha medida, los europeos ahora vivimos bien y disfrutamos de altos estándares de vida, gracias tanto a lo que nos hemos llevado de África, como al duro trabajo que ahora realizan para nosotros estos ciudadanos inmigrantes. Por el contrario estos pobres africanos se quedan padeciendo su miseria sin que nadie se acuerde de ellos. ¿Resulta tolerable que, quien durante dos siglos esquilmó recursos naturales y riquezas, e incluso mató y violó, venga ahora a dar lecciones sobre derechos humanos y moral europea? ¿Se acuerda alguien de las masacres que los ingleses realizaron en Kenia o Rodesia? ¿nos acordamos de lo que han hecho los franceses en Dakar y Costa de Marfil? ¿Y qué decir de las atrocidades promovidas por los belgas en el Congo o por los alemanes en Namibia? ¿y de las cacerías portuguesas en Angola y Mozambique? Y nosotros españoles ¿qué hemos hecho en Guinea, Fernando Poco o Sahara? ¿No fue la codicia por los diamantes la que regó de sangre Sierra Leona?
Hace aún poco tiempo, todos estamos preocupados por los ciudadanos muertos en la Franja de Gaza o en Crimea. Todos los medios de comunicación se hacían eco de esas noticias. En cambio ¿hay leído ustedes alguna noticia de las muertes que en este momento se están produciendo en África? Pues señores, diariamente están muriendo más de mil personas y en estos últimos años han muerto cinco millones de personas víctimas de guerras fratricidas y de hambre. Y además de todo esto sumamos los muertos por Abola. Pero claro, esto es poco importante para nosotros. Nos pilla muy de lejos.

Hoy, con la crisis económica que tenemos, con el paro o con los problemas de la corrupción política, todo esto nos importa aun menos. Lo que verdaderamente nos importa, es repeler con más eficacia esas pateras llenas de desesperados, para detenerlos, encerrarlos durante un tiempo y deportarlos. Y de paso, promocionamos el turismo y evitamos que estas pobres personas afeen nuestras glamurosas playas o para evitar que esas personas colgadas en las vallas de Ceuta y Melilla, afeen el paisaje de los campos de golf colindantes. Si verdaderamente los europeos y por ende los españoles, fuéremos consecuentes con nuestras propias políticas de derechos humanos, con nuestros principios de solidaridad y de buena ciudadanía, tendríamos que acoger con los brazos abiertos a estos pobres africanos que llegan a nosotros, pedirles perdón y ayudarlos compartiendo con ellos algo de lo que a nosotros nos sobra. Porque, no lo olvidemos, llegan a nosotros y nos piden migajas. Nos piden vender cuatro baratijas en la calle, nos piden hacer aquellos duros trabajos que el ciudadano europeo no quiere hacer, nos piden….. un poco de dignidad que parece ya no nos queda.

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A POR EL SENEGALÉS

Un joven senegalés se enfrenta a una pena de dos años de prisión por vender CDs en los bares.
Probablemente, cualquier lector que me conozca, dirá que no puedo ser imparcial en estos temas, debido a las actividades que realizo en la fundación Cauce ayudando entre otros,  a senegaleses.  No obstante, deseo dar mi opinión sobre lo que está pasando con estas gentes, que llegan a Asturias en busca de trabajo y de una vida mejor, pero que después de siete u ocho años entre nosotros, malviviendo y ganándose la vida como pueden, terminan siendo deportados y en el peor de los casos condenados a prisión, por vender CDs piratas, algo que constituye un delito contra la propiedad intelectual, tras la última reforma del Código Penal.

Después de algunos años tratando con senegaleses, me he formado una clara opinión sobre ellos: Son gentes educadas, bien aseadas, trabajadoras y muy solidarias. (No he conocido a ninguno que, a excepción de la venta de copias de CD, consideradas delito en algunos casos, hayan cometido delitos de cualquier naturaleza). No vienen buscando limosna ni ayudas sociales, ya que son orgullosos y quieren ganarse la vida trabajando. Cuando vienen a pedirnos ayuda para encontrar un trabajo, al ver su calamitoso estado físico, les ofrecemos un lote de alimentos. ¿Sabe amigo lector lo que suelen decirnos?: “No, gracias, déselo a otro que lo necesite más que yo”. Antes encontraban empleo en la construcción y trabajaban duro, pero la crisis del ladrillo hizo que perdieran el empleo. Hoy en día, la gran mayoría, como tienen habilidades para ello, suelen dedicarse a la venta ambulante en los bares, en la calle (top manta) o en los mercados.

¿Hacen daño o molestan a alguien? Parece ser que sí. De un año a esta parte, el Gobierno español llegó a algún inconfesable acuerdo con el Gobierno senegalés y como consecuencia del mismo, más o menos cada dos meses, se pasan instrucciones a la Comisaría de Policía para que proceda a la detención de un cupo de senegaleses que han de ser enviados al aeropuerto de Barajas para llenar un avión y proceder a su deportación masiva. Se calcula que en este último año han sido deportados 5000 senegaleses por el simple delito de “no tener papeles”. ¡¡Qué casualidad!! Con nosotros, en Asturias,  conviven empadronados más de cuatro mil sin papeles de múltiples nacionalidades y algunos de ellos imputados por determinados delitos, pero hete aquí que la Policía, para repatriar, a los que busca es a los senegaleses, no a otros, aunque estén imputados por algo.  Como consecuencia de estas deportaciones selectivas, se ha dado un grotesco caso que conozco, en el que detienen a un chico que convivía aquí con su mujer e hijo de dos años. Al ser detenido, pasa aviso a su mujer y esta rápidamente se persona en la Comisaría para que también la deporten a ella y a su hija de dos años, ya que sin el marido ella no hacía nada aquí. ¿Resultado final de esta detención?: El marido deportado y la mujer con su hijo pequeño aquí, abandonada a su suerte.  Ella tampoco tenía papeles, pero, claro, el cupo ya se había llenado y no cabían más en el avión. Bah,  es una simple cuestión administrativa. Y ante los procedimientos administrativos, para qué hablar de problemas solidarios.

Ahora, entre tanto se fleta otro avión para la deportación masiva, sigue la caza del senegalés pero con otros procedimientos. En el pasado mes de Abril, mi amigo Talla, es detenido en un bar tratando de vender el lote de CDs que habitualmente portan los senegaleses y que previamente tuvo que comprar a una organización mafiosa. La Policía levanta atestado, lo pone a disposición judicial y se le abren diligencias previas. Talla interpone recurso de reforma para que el asunto fuese declarado falta, pero la Audiencia Provincial resuelve diciendo que en virtud del informe emitido por la “Asociación de Gestión de los derechos intelectuales, AGEDI” el proceso debe seguir adelante, no como falta si no como delito. Resultado final: Talla es imputado y mañana deberá de comparecer el en Juzgado, en calidad de imputado por un delito contra la propiedad intelectual.

Confío en que, bien defendido por la Letrada que ha designado, el Magistrado que tenga que resolver, acogiéndose a la abundante jurisprudencia existente, entienda que no hay infracción penal alguna, dada la escasísima entidad del teórico perjuicio que Talla ha causado a los titulares de esos derechos de autor, llamados en este caso AGEDI, y por la escasísima magnitud del beneficio obtenido (50 céntimos en cada CD vendido). Si uno de los principios básicos de la rama punitiva del derecho, es el principio de la intervención mínima del derecho penal,  por qué el Ministerio del Interior se empeña en criminalizar este tipo de ventas. Por qué  colapsamos  los Juzgados con este tipo de cosas y en sentido contrario, dejamos que todas las tramas de corrupción sigan impunes y sin que ninguno de esos ladrones políticos y de guante blanco que han robado el dinero de los ciudadanos, ni tan siquiera entren en prisión. Ante flagrantes delitos, ni tan siquiera la Fiscalía solicita la aplicación de medidas cautelares. Por el contrario sí que está presto para acusar y condenar a un pobre senegalés que vende CDs piratas.

Que nadie me malinterprete, que yo no estoy defendiendo la venta de copias falsas, que lo que estoy denunciando aquí es que si lo que se están vendiendo son copias de películas en su mayor parte americanas, que AGEDI persiga a las tramas organizadas que duplican burdamente estas películas y que se forran vendiéndoselas después a los senegaleses, o que vayan a la vía administrativa a defender sus derechos sobre la propiedad intelectual. Pero caramba, si la copia falsa vendida es de una película americana, por ejemplo de la Metro, por qué AGEDI tiene que acusar a un senegalés, si sus socios son españoles y nada tienen que ver con los que rodaron la película en América. En definitiva, por qué malgastamos dineros públicos colapsando a los Juzgados penales para que dictaminen si esas ventas son delito o simplemente son un medio de subsistencia. Por qué no utilizamos a la Policía para perseguir a esas mafias organizadas que copian los CDs y que son las que realmente se lucran. Por qué no despenalizar las ventas de estas pobres gentes, y hacer que esas poderosas organizaciones que defienden los derechos de autor, vayan a la vía administrativa para defender sus derechos. Caramba para eso han luchado y han conseguido la Ley Sinde.

Concluyo diciendo que, aun cuando critico abiertamente los atentados contra la propiedad intelectual que es algo que ha de respetarse, considero que vender esas burdas falsificaciones de películas copiadas en un CD, provoca un escasísimo perjuicio a los titulares de los derechos de autor, que en la mayor parte de los casos ni tan siquiera son españoles (por tanto ni AGEDA, ni ASGAE ni sociedades parecidas tendrían legitimidad para exigir perjuicios) y considero también que dan a los senegaleses un escasísimo beneficio, y tienen que subsistir malamente con estas ventas, en vez de pedir limosna, algo que a todas luces debería de ser excluido de las penas que actualmente prevé el artículo 270 del Código Penal, que debería de ser modificado. 

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Sobre el autor Guillermo Díaz Bermejo
El blog de un jubilado activo dedicado al voluntariado social, permanentemente aprendiendo en materia del derecho de las nuevas tecnologías y crítico con la política y la injusticia social.