El Comercio
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Fecha: septiembre, 2010
HIJOS MALTRATADORES
Miguel Silveira 26-09-2010 | 6:55 | 3

Un hijo empieza a convertirse en maltratador a partir de peticiones caprichosas que son satisfechas por los padres, desde tempranísima edad. Continúa la construcción exitosa del mismo cuando este se da cuenta de que sus peticiones acaban siendo satisfechas. Después vendrá un estadio en el que de pedir con insistencia pasará a exigir de manera grosera, con voces, amenazas o malas formas algunos beneficios y ventajas personales y si nota que a pesar de la resistencia que pueda haber los padres acaban por ceder con tal de no oirle protestar airadamente o montar el escándalo, la consolidación del personaje está servida.

Finalmente se consagra cuando además de pedir, argumentar y exigir pasa a imponer sus exigencias y los padres no ven la forma de vetarlas o no se atreven porque le tienen miedo. Se consagra también o consolida cuando pasa al insulto o la agresión, verbal la mayor parte de los casos, y física en algunos casos como es el de las madres maltratadas, y ve que gana en sus acciones.

La progresiva toma de conciencia del poder y dominio que va ejerciendo sobre los progenitores y ver que no encuentra límites o prohibiciones o si se los ponen se los salta y no ocurre nada adverso, salvo cuatro malas caras o sermones, es el mejor abono y condimento de su violencia gratuita. Un hijo no se convierte en maltratador de la noche a la mañana sino que se va haciendo a medida que crece la constatación de que suele salirse con la suya y no le pasa nada. Llegado ese momento los padres han perdido el control y no saben qué hacer para recuperarlo.

Como quiera que los padres tienen la tendencia a agradar a sus hijos y satisfacerles en sus caprichos tardarán en darse cuenta del error de esta acción educativa sistemáticamente practicada y cuando se dan cuenta suele ser tarde ya para reconducir la situación sin que haya guerra. Por eso los padres deberán cuanto antes tender a no complacer a sus hijos en todo o casi todo lo que pidan caprichosamente e incluso a decir “no” sin que les tiemble la voz ni el pulso ni se sientan culpables. No se puede ceder bajo chantaje, ante perretas, escándalos, amenazas, ni cuando lo que está en juego es la formación de una conciencia de lo que es justo en el pequeño, en el púber o en el adolescente.

Eso sí, hay que estar preparados para presiones frecuentes por parte de esos hijos y esperarlas. Pero esperarlas no significa ceder por sistema y de antemano.

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TRASTORNO BIPOLAR
Miguel Silveira 19-09-2010 | 8:49 | 0

Este trastorno, caracterizado por la alternancia de periodos de profunda depresión en que la persona siente que no le apetece ni tiene motivación para nada y de periodos de euforia, de manía o hipomanía en los que se cree capaz de todo y no para de hacer cosas aceleradamente, así como que cree que todo es maravilloso, es un trastorno grave que aunque tiende a cronificarse se puede mantener bajo control de una forma adecuada cuando se descubre y se acude a los profesionales que lo atienden. Al ser una enfermedad ocasionada por la alteración de los neurotransmisores debe ser en primer lugar y sobre todo el psiquiatra quien ha de atender a ese paciente, siendo la medicación de una importancia elevada y el psicólogo (en menor medida) quien enseñará al paciente, complementariamente, los mecanismos cognitivos que debe utilizar para controlar sus pensamientos y expectativas negativas así como aprender qué conductas practicar y qué estilo de vida llevar para evitar recaídas serias y mantenerse dentro de lo normal en lo posible.

Como quiera que el trastorno conlleva un elevado sufrimiento para quien lo padece y su familia conviene que sea diagnosticado cuanto antes, acudiendo a los profesionales que lo tratan, para comenzar pronto el tratamiento adecuado y actuar a ser posible en fases prodrómicas o leves para estar entrenado para cuando surjan las más graves.

Actuando de esta forma y sin abandonar ¡nunca! la medicación aunque el paciente atraviese por fases asintomáticas es probable que el paciente logre llevar una vida aceptable y pueda disfrutar de la vida a pesar del trastorno. Puesto que hay condiciones externas que producen estrés y que el estrés es buen aliado de las recaídas conviene que al paciente se le enseñe a prevenir y controlar sus respuestas ante los estresores, siendo la relajación sistemática un aliado muy recomendable.

Por lo demás un estilo de vida donde las drogas estén ausentes, el sueño diario asegurado y evitando los cambios bruscos de ritmo de vida y aprendiendo a tomar la vida con serenidad es una forma de asegurarse un cierto alivio, sin olvidar, otra vez, la medicación que ha de ser tomada respetando las dosis, las horas asignadas y el tiempo necesario. El caso es mitigar el sufrimiento y eso se puede en estos tiempos tal como está la ciencia.

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EL HIJO UNICO
Miguel Silveira 13-09-2010 | 1:39 | 0

Los tiempos han cambiado y los matrimonios no están por la labor de llenarse de hijos como antaño. Quieren educar bien a sus hijos y que no les falte nada y por eso tienden a reducir el número hasta uno solo. Hay más comodidad también en las parejas. La mujer (y lo entiendo) no quiere pasar los mejores años de su vida criando a su prole y prefiere trabajar al mismo tiempo. Sea cual sea el hecho sociológico el caso es que el hijo único ocupa mayoritariamente la escena familiar.

Al mismo tiempo algunos progenitores tienen dudas sobre si no harían bien en tener otro hijo que acompañe al hermano o sobre cómo hacer para que el hijo no se vuelva demasiado absorbente y para no protegerlo demasiado puesto que todos los cuidados se centrarán en él. La verdad es que, si bien tener hermanos ayuda a socializarse con más facilidad, tener uno solo no implica en absoluto que se vuelva insociable o solitario. Basta con que los padres mismos se relacionen normalmente y le pongan en situaciones de tener que relacionarse y participar en el grupo para que la labor de los hermanos la realicen los vecinos, compañeros de clase o distintos equipos.

Aunque sea único puede crecer seguro de si mismo, si desde muy pequeño procuran protegerlo lo indispensable dejándole un espacio para que desarrolle su autonomía, tome iniciativas y resuelva problemas gradualmente. Como al ser único tenderá a acaparar demasiada atención familiar conviene no prestársela en exceso para que no crezca en la conciencia de que es el centro del universo. Conviene acostumbrarlo a que pase momentos a su aire, solo y entretenido con sus cosas. Así mismo los padres le enseñarán a compartir algunas cosas, a ponerse en la piel de otros, a hacer favores, ayudar a otros niños así como a escuchar a sus iguales y mayores y respetarlos. Si al hijo único se le educa en la conciencia de que es parte del mundo y de la sociedad y a ser sensible a lo que a su alrededor se desarrolla, no hay por qué preocuparse.

Con pautas como estas los padres no tienen por qué sentirse agobiados porque un hijo único, bien educado, puede ser tan normal como uno perteneciente a una familia numerosa. Y uno con más hermanos puede resultar un egoísta redomado. Por tanto no hay que estar angustiados.

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Sobre el autor Miguel Silveira
Psicólogo clínico, experto en ansiedad y estrés C/ Carlos Marx,1 - 6º D Gijón (Asturias) http://www.miguelsilveira.com http://www.estresyansiedadonline.com

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