El Comercio
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Categoría: EXÁMENES
TIEMPO DE EXÁMENES

Con intención de echar una mano aquí van algunas recomendaciones para nuestros agobiados estudiantes de estos dias.

Estamos en pleno periodo de exámenes con lo que conlleva de nervios y angustia. Por eso es muy importante tener las ideas claras de lo que no debería y debería de hacerse en estos días para lograr el máximo rendimiento y reducir la máxima erosión.

En primer lugar debería vigilarse el sueño para no estar muy por debajo de las necesidades que todo estudiante tiene diariamente de desconexión y de descanso. La tentación es abusar comiéndole al sueño y al descanso un buen bocado. Sin embargo es conveniente decidir retirarse a descansar y dormir aunque no se tenga sueño suficiente, pero al menos desconectar.

Como es natural dedicar varias horas al dia al estudio es bueno interrumpir cada cierto tiempo, variable según cada estudiante, la actividad del estudio, media hora por ejemplo cada tres horas o algo así, procurando cambiar de actividad e incluso abandonar la casa, cambiando de espacio físico.

Cuando el estudiante se pone delante de los libros o apuntes es probable que algunos pensamientos o preocupaciones le distraigan en su concentración. En ese momento es mejor tener clara conciencia de qué tema o temas le dificultan  concentrarse, escribirlo y a continuación borrarlo del papel y borrarlo de la mente con total determinación, durante el tiempo que dura el estudio. Si uno decide apartar de la mente el o los temas que le distraen es más probable que aumente su concentración y rendimiento. Ya se ocupará de ellos al final del estudio.

Es conveniente cuidar la alimentación de forma que esta sea equilibrada.

Así mismo conviene dedicar algún tiempo a la semana a hacer algo de ejercicio aunque este consista en salir a dar una vuelta, a correr o andar con o sin los cascos puestos.

Esforzarse por no tener presente, para aquellos que se ponen especialmente nerviosos en los exámenes, pensamientos como “voy a suspender”, “ ya es tarde para aprobar”, “me voy a poner nervioso” o cosas parecidas, pues eso pone más nervioso y resta concentración en el contenido.

Ya dentro del examen conviene tomarse el tiempo suficiente para asegurarse de que se ha entendido la pregunta o el problema y no se interpreta otra cosa que no se le pregunta. De esa lectura serena y concentrada se derivará responder o no a la pregunta o problema y por tanto puede depender el suspenso o aprobado. Es preferible contestar primero aquellas partes que se conocen con más seguridad y después las otras en las que no esté tan seguro.

Escribir de forma legible y que facilite la lectura al profesor que lo corrija. Una buena presentación es muy recomendable, pues no en vano quien corrige después le viene bien una lectura fácil lo que le hace proclive a puntuar mejor el examen.

Podía haber más recomendaciones pero pueden ser suficientes y si son útiles para algún lector, mejor. De todas formas la mejor forma de aprobar es estudiar todos los dias del año y no dejarlo todo para última hora.

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MI HIJO HA SUSPENDIDO

Llega el final del curso y con él la angustia para muchos padres que, desesperados, observan que sus hijos suspenden y con ello les espera a todos un verano movido de clases particulares, alteración de vacaciones y el disgusto de ver que el hijo ha perdido su tiempo.

La ansiedad y con ella el enfado, que ya empezó semanas antes al ver que se acercaba un final desgraciado, aumentan y suelen explotar cuando llegan en junio los malos resultados. El dia de recogida de las notas es un momento clave y delicado porque, si el hijo ha suspendido más de lo esperado y se expone a repetir el curso, la madre se enfrentará al hijo, le reprenderá, aprovechará para darle un sermón sobre lo irresponsable que ha sido, lo vago y lo poco sensible al esfuerzo y ayuda familiar que se le ha dado. Comienza en ese instante una actitud materna de disgusto y de reproche al mismo tiempo acompañado de amenazas sobre la suerte que le espera en el verano. La madre sentirá la tentación de castigar al niño por no estar a la altura de lo que se le exige y puede dar.

Añádase a esta actitud materna, si es ella quien le acompaña al colegio o instituto a recoger las notas, la bronca que le caerá proveniente del padre cuando al volver este de trabajar se encuentre el panorama negativo. El padre, avisado previamente del desastre, comenzará a tramar una respuesta airada para cuando regrese a casa y al encontrar al hijo aprovechará quizás para echarle en cara airadamente su falta de responsabilidad y de cuidado y amenazará con castigar ejemplarmente su falta de trabajo. ¿Qué puede suceder? Que el hijo quede como humillado y cariacontecido o que se impermeabilice ante tanto sermón pensando que los padres le “rayan”. Puede ocurrir también que si es adolescente opte por huir del hogar por unas horas con lo que el disgusto de los padres será multiplicado.

Nada bueno se derivará de expresar el enfado de manera explosiva porque lo expresado no es para nada bello ni invita a corregirse. Hay que tener cuidado por lo tanto con la forma en que reaccionamos ante el fracaso académico de los hijos. Podemos estar disgustados, pero hay que cuidar las formas, evitar palabras hirientes, las descalificaciones y amenazas así como los castigos desproporcionados nacidos de la frustración. Basta con que el chico sufra algunas privaciones y deba trabajar en el verano para recuperar, si puede, pero no torturarse ni torturarlo. Simplemente no es lo recomendable. Hay que cuidar lo que se dice y cómo para no arrepentirse.

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Sobre el autor Miguel Silveira
Psicólogo clínico, experto en ansiedad y estrés C/ Carlos Marx,1 - 6º D Gijón (Asturias) http://www.miguelsilveira.com http://www.estresyansiedadonline.com

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