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Categoría: trastornos
CUANDO LOS PROBLEMAS SE JUNTAN

 

Bien porque se nos acumulan los problemas en un momento dado, bien porque por azar se juntan varios de ellos o bien porque además nos hemos descuidado en tomar las debidas decisiones o las hemos ido retrasando porque nos molestaba afrontarlas el caso es que podemos encontrarnos  emocionalmente desbordados y abrumados sin aparentes fuerzas y energía para hacer frente a nuestro malestar. Quien más quien menos habrá experimentado esa vivencia en alguna ocasión y si no, que espere su presencia más tarde o más temprano. Lo importante es no sucumbir a la angustia y la desgana cuando transitamos por ese periodo, aunque la tentación de dejarnos  caer puede ser poderosa. No apetece levantarse y afrontar el trabajo así como las variadas tareas que hemos de realizar, impuestas por nuestra situación, trabajo o rol social. No apetece relacionarse con la gente ni emplear el tiempo en ello porque no estamos psicológicamente motivados para ello. Todo cuesta trabajo y hay que hacer mucho esfuerzo para seguir la vida rutinaria. Sin embargo hay que tener las ideas claras y pensar que el vendaval ha de pasar, procurando que el mismo no nos deje tirados, desmoronados o abatidos. Hay que levantar la vista por encima de tales momentos y circunstancias y ver las cosas en otra perspectiva para relativizarlos. No dejar de afrontar y de seguir la pelea cotidiana e incluso redoblar las energías, tomando tres tazas de caldo, como dice el refrán, cuando maldita gana que uno tiene de tomarlo. Lo que puede salvarnos, además de los golpes de suerte, que no suelen estar a nuestro lado cuando son necesarios, es nuestra actitud de salvar los muebles y salvarnos nosotros. Hay que apretar los dientes y no perder de vista donde nos dirigimos, qué no queremos y qué queremos y a por ello. No dejar que las ideas, imágenes o recuerdos negativos invadan nuestra mente ni renunciar a hacer lo que debemos.  Darnos ánimos cuando la vida nos los quita, es esencial, amigos. Y poco tiempo después podremos sonreir, relacionarnos, estar eficazmente activos y  disfrutar por otra temporada.

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SUICIDIO

Lo vieron marchar en paños
menores. Después de haberse ido despojando de sus ropas una madrugada de un
sábado, estando de copas con sus amigos, lo vieron marchar camino del acantilado y se temieron lo peor. A pesar de ir en su busca no lo hallaron y lo hallaron al dia siguiente a plena luz estrellado contra las rocas de un acantilado. Se había supuestamente suicidado. De esa y de otras maneras acaban cada dia millares de personas en España, quitándose la vida en un estado de desesperación total  y de confusión que invade su mente y sus entrañas hasta llegar a ese fatídico desenlace. El suicidio, del que se teme hablar abiertamente, ocupa un importante capítulo en nuestra crónica secreta diaria pues miles de personas lo intentan cada año y otras miles lo logran consumar. Cuando una persona llega a tal extremo muchas veces es porque ya lo venía pensando y meditando hacía mucho tiempo pero no había llegado aún al límite del que no habría retorno.  ¿Es siempre un enfermo mental el suicida o puede estar sano pero llegar a tan trágico extremo en algún caso? La mayoría de los casos quien se quita la vida es porque sufre alguna enfermedad mental del tipo bipolar o alguna otra porque se ven incapaces de superar su sufrimiento y se ven condenados de por vida. El suicida no suele ser una persona equilibrada de ordinario y si se junta su desequilibrio con una sensación de malestar
constante y no se ve esperanza la idea de liberarse de si mismo ronda por su
cabeza, sobre todo en momentos de cerrazón suprema y de no ver perspectiva. La
negatividad se apodera del paciente y ve como única salida a su descanso
desaparecer de la existencia. Pero puede también darse en personas en
apariencia sanas pero que en un momento dado se ven abrumados por deudas o por
serias complicaciones y ven como única salida acabar de existir y descansar con
ello. En todo caso siempre se dice que el suicida avisa y que su aviso debe
tomarse en serio porque al intentarlo no va en serio pero está pidiendo ayuda.
Es cierto que nadie se quiere suicidar la primera vez que se ve sin  salida y por eso sus intentos son una forma de llamar la atención y de pedir ayuda. Por eso hay que actuar ayudando y buscándoles ayuda profesional en lo posible porque  muchos suicidas pueden recuperarse. Otros varios quizás no y más tarde o temprano volverán a intentarlo, pero al menos por intentar ayudarlo que no quede y para que la culpa no se cebe en los que le rodean y quedan aún viviendo.

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EN LA CÁRCEL DE SU CUERPO

“Trastorno dismórfico corporal” se califica al trastorno por el que la persona se preocupa excesiva, insistente y patológicamente, por algún defecto físico imaginado de su cuerpo, lo que le acarrea un malestar intenso, afectando a su vida social en todos los aspectos y pudiendo llegar a niveles preocupantes. Usted tardará en saberlo aunque sea un familiar porque ellos no lo dicen, hasta que se descubre al ver que se esconden de la gente para que no les vean ese defecto o salen por la noche solamente.

Se pasan las horas delante del espejo (otros los rehúyen) no para recrearse en su defecto sino para arreglarse lo que pueden y aún así no salen satisfechos porque se sienten atrapados en la cárcel de su cuerpo percibido como defectuoso. Su conciencia del defecto o defectos que sufren va en aumento y con ello su retraimiento social y el malestar que experimentan. El malestar es muy intenso porque la ansiedad y la tensión se apoderan de ellos, les esponjan deprimiendo su estado de ánimo, alterando su sueño y por supuesto sus estudios o trabajo. Llevan una vida de evitación social. Ser vistos y que les miren se convierte en una fuente de tormento y de tortura.

Los hay que llegan incluso a escuchar inventados comentarios de la gente referidos a su defecto, lo que puede alcanzar proporciones delirantes sin que eso signifique que padecen necesariamente una psicosis, pero un profesional será quien pueda precisarlo. Como creen que la ayuda les puede provenir de las operaciones estéticas algunos embarcan a los padres en dispendios económicos sustanciales que no suelen bastar para corregir su distorsión en la forma de verse. Si creen que nadie puede ayudarlos se niegan a recibir terapia. Su sufrimiento es tan devastador que algunos se preguntan qué pintan en la vida, se aíslan en casa pero su aislamiento no logra descansar su ánimo fatigado.

Sin embargo es preciso proporcionarles una ayuda psiquiátrica para que los fármacos les proporcionen tranquilidad y algo de calma y una ayuda psicológica que les permita aprender a relajarse, a verse de otro modo, aceptarse a si mismos e incorporarles a la integración social más deseable. Así y todo son fuente de tormento personal y familiar y la familia ha de tener con ellos infinita paciencia. ¿Qué cuando suele surgir? Al comienzo de la adolescencia aunque en algunos casos ya se apunta en la niñez. ¿Y tiene arreglo? Siempre es posible algún arreglo.

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Sobre el autor Miguel Silveira
Psicólogo clínico, experto en ansiedad y estrés C/ Carlos Marx,1 - 6º D Gijón (Asturias) http://www.miguelsilveira.com http://www.estresyansiedadonline.com

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