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Jose Manuel Balbuena

RETORCIDA REALIDAD

Ser o no ser.

Este verano ha sido espectacular desde el punto de vista turístico. Todo el sector, con una sonrisa bien grande, admitió que había sido un magnífico verano. No sólo porque hubo más visitantes, sino también debido a que gastaron en mayor proporción. Un saldo muy positivo de lo cual, oigan, me alegro profundamente. Sin embargo, parece como si otra vez ese discurso turístico quisiese volver a ocuparlo todo en una comunidad que tiene registrados, según el último dato, casi 85.000 parados. 40.000 personas más que desde que empezó la crisis. En mi ciudad levítica, Gijón, tenemos inscritos 24.497 desempleados en las oficinas de los servicios de empleo, lejanos ya, por suerte, los más de 30.000 que llegó a haber. El turismo, sin duda, ha contribuido a bajar esa cifra de forma sustancial y hay que reconocérselo. Ahora bien, de ahí a pensar que llegará a ser nuestro motor económico va un trecho largo. Es más, a veces oigo cosas chocantes como cuando se quiere justificar la obra de El Musel a base de cruceros. Ustedes me dirán si para 12 escalas que se esperan este año, más o menos, hay que gastarse 700 millones de euros en una ampliación del puerto. Absurdo. Gijón (y Asturias) será industrial o no será. Esa es la máxima sobre la que tenemos que trabajar. A nadie se le ocurre que esta ciudad (o comunidad) vaya a vivir en un futuro del turismo, porque, entre otras cosas, no deja de ser el recurso de los pobres. En Grecia también van a alcanzar récord de visitantes: 26 millones de personas esperan que pasen por allí y, en fin, ya ven cómo está el país. No amigos, el turismo es un complemento perfecto –sobre todo para las alas- en una comunidad que siempre fue industrial. Quitar este carácter y convertirnos, no sé, en una especie de Mallorca del norte, no tiene ningún sentido. Sabemos hacer chapa, barcos, grandes piezas y hasta hace poco motocicletas; pero no podemos –ni queremos, entiendo- cambiar eso por bares, restaurantes y hoteles. En resumen, en el día de Asturias yo creo que todos –especialmente nuestros gobernantes- debemos tenerlo muy claro. Nuestro paraíso natural tendrá futuro siempre y cuando siga siendo industrial. Salirnos de ese camino –debido a cierres, deslocalizaciones o malas políticas- significará la muerte económica.

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Por JOSE MANUEL BALBUENA

Sobre el autor

Economista y empresario. Colaborador de EL COMERCIO desde hace ya muchos años. Vamos, un currante en toda regla


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