Cuando empezamos la carrera de Derecho, jurar como abogadas era un sueño…
Y, como todos los sueños que deseas que se hagan realidad, no bastó con soñarlo. Para conseguirlo hubo que trabajar con todas las ganas durante los cinco años de estudios. Un mundo de apuntes, prácticas, manuales, trabajos, alguna noche sin dormir, asignaturas insoportables y otras no tanto, alguna risa, muchos nervios y unos cuantos exámenes después… teníamos nuestro título. Éramos licenciadas en Derecho. Y, con la misma ilusión con la que el primer día pisamos un aula de la facultad, pisamos el suelo del Colegio de Abogados, para formalizar nuestro futuro como abogadas.
Aquel siete de septiembre nos pusimos la toga por primera vez para jurar el compromiso de cumplir con la ley, la Constitución y nuestras normas deontólogicas.
Y, en un suspiro, como aquel viejo tango pero añadiendo cinco años más, han pasado veinticinco años en el que el mundo ha cambiado tanto que apenas si recordamos qué normas aplicábamos entonces o lo complicado que era buscar jurisprudencia en aquellos viejos tomos de Aranzadi.
Y, aunque el calendario diga que ha pasado tanto tiempo, la energía con la que abrimos cada mañana el despacho y la intención de hacer cada trabajo lo mejor posible es la misma que aquel primer día de nuestra jura. Mirándolo bien, por muchos motivos, somos más jóvenes ahora.
Gracias a todos los que de un modo u otro habéis estado a nuestro lado todos estos años como familia, como amigos, como compañeros, como clientes o como alumnos.
La historia continúa…