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José María Urbano

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Credibilidad, a cero

Saint-Gobain incumple sus promesas en Avilés y Asturias y su aportación a la construcción europea la traslada a África.

Trasladó el negocio de los recambios de Avilés a Rumanía y no invirtió los 21 millones anunciados en 2018. 

Anuncia una tercera planta en Egipto con 175 millones y en Avilés no es oficial ni una de cinco.

«Europa puede morir». Sin duda fue la frase más rotunda del discu y no invirtió los 21 millones anunciados en 2018rso de dos horas que el pasado jueves pronunció en la Sorbona el presidente francés Emmanuel Macron sobre la situación geopolítica y el papel que debería desempeñar Europa en la nueva etapa de la post globalización. Macron no dudó en alertar sobre la necesidad de tomar medidas para garantizar la soberanía del continente. «La UE no puede depender de Rusia para la energía, de China para ciertos suministros industriales estratégicos, ni de Estados Unidos para asegurar su defensa militar». Y recordó: «De la soberanía económica depende el mantenimiento de un modelo de protección social muy apreciado y un sistema de libertades sin parangón»

Unos días antes, otro francés, Benoit Bazin, CEO de Saint-Gobain, estuvo en Brasil para hablar de los desafíos de su empresa a nivel mundial y lógicamente los del país sudamericano, con especial incidencia en los asuntos medioambientales y de construcción. Nada nuevo, por cierto, sin salirse del guión habitual de los laboratorios de imagen. La gira no le salió del todo redonda porque tras una entrevista concedida a Jovem Pan TV, emitida el día 17, le llovieron los mensajes. Un resumen: «Isover Saint-Gobain Brasil, 70 años en Santo Amaro-Sao Paulo, cientos de denuncias registradas, una investigación civil, tres multas, generando problemas de salud y operando sin haber renovado la licencia». Discursos y realidades.

Los tres siglos de existencia de Saint-Gobain convierten a esta multinacional en un referente empresarial para la construcción europea. No se entendería otra cosa. El problema vuelve a ser el resultado de confrontar los discursos con las realidades y las promesas con los incumplimientos. Avilés, Asturias y España como ejemplos ante el anuncio inesperado, brutal, del cierre de la actividad de Sekurit Avilés y además, según la información de este periódico, de forma radical e inminente. ¿Ya no se van a fabricar coches en España?

Empezando por el segundo apartado, el de las promesas, el de los discursos, baste recordar el más reciente, del director general de Sekurit España, José Antonio Piqueras, en junio de 2022: «Avilés será el centro de referencia de España para el vidrio de recambios». La realidad: deslocalización de esa producción a Rumanía.

Gianni Scotti, en su visita oficial de 2018, en donde anunció un inversión de 21 millones. De izquierda a derecha, Isaac Pola, Gianni Scotti, Javier Fernández y Frederico Caria. E. C.

2 de marzo de 2018. Gianni Scotti, delegado general de Sekurit España, Portugal, Marruecos y Egipto, visita oficialmente las instalaciones de La Maruca acompañado del presidente del Principado, Javier Fernández, y del consejero de Industria, Isaac Pola. Sus declaraciones: «Vamos a invertir 21millones de euros entre 2019 y 2023»; «el de Avilés está entre los cinco mejores sekurits del mundo»; «tenemos un firme compromiso con Avilés y con la región». Y una declaración más de Scotti recogida por el diario económico ‘Cinco Días’: «La riqueza de un país está en su industria y es difícil competir en costes con mercados como China. Por ello debemos ir a la diferenciación tecnológica, a la industria 4.0, a productos relacionados con la inteligencia artificial, a fábricas automatizadas y con personal cualificado. Eso será garantía de futuro para nuestros jóvenes». Quedamos a la espera.

El cierre del CIDA (Centro de Investigación de Avilés) decidido en 2008 tras deslocalizar de Avilés a Asia una inversión prevista de 25 millones de la línea ‘Proteo 40’ pretende taparlo Saint-Gobain con su centro llamado ‘Avilés Research and Development Centre’ (ARDC), que es una forma pomposa de decir lo mismo, investigación y desarrollo. Pero la realidad es que el equipamiento avilesino no figura entre los centros de I+D+i que la multinacional tiene repartidos por el mundo, en donde sí figuraba en su día el CIDA. Hoy el de Avilés no pasa de ser un centro local. Los tres ‘centros mundiales’ de Saint-Gobain están en Estados Unidos (en total, más de 400 empleados), China e India. Y los ocho ‘centros de excelencia’ se reparten entre India, Luxemburgo, Francia, Países Bajos, Alemania, Brasil y Estados Unidos. Discursos y realidades.

Cuando una avería afectó a la planta única de vidrio extrafino situada en Alemania y se trasladó temporalmente la producción a Avilés para trabajar con espesores de 1,6 milímetros, nadie publicitó que gracias al CIDA se había trabajado ya aquí con espesores de 1,1 milímetros. Y ahora nadie dice nada al respecto sobre la importancia de la experiencia y la cualificación humana y técnica de este emplazamiento que se quiere cerrar de momento en su cincuenta por ciento, dejando el otro en el aire.

África no es Europa

Volviendo al primer punto, el de Saint-Gobain como referente de multinacional europea que presume de sus tres siglos de existencia y de su aportación al desarrollo de la UE, cabe preguntarse si no estamos ante un eslogan más de la ‘grandeur’ francesa. En África abre, en la UE (España, Avilés) cierra.

El pasado 27 de marzo se procedía a la firma del nuevo proyecto que llevará a cabo Saint-Gobain en Egipto, en donde ya cuenta con una planta de vidrio plano y otra de plateado (espejos). Con una inversión de 175 millones de euros, la multinacional se dispone a levantar una nueva fábrica de vidrio completa, en una superficie de 200.000 metros cuadrados, en la localidad de Ain Sokhna, a 40 kilómetros de Suez. Eso sí, el sueldo mensual medio de Egipto es de 279 dólares y un ingeniero de software en El Cairo cobra unos 384 euros al mes. Los terrenos serán gratuitos más o menos y las medidas frente al cambio climático, inexistentes o casi. Si al final esas son las cuestiones que mueven los intereses de las multinacionales europeas, mejor anunciamos ya el cierre industrial del continente.

De su inversión en Marruecos, directamente relacionada con la competencia con la planta de Sekurit de Avilés, ya está dicho casi todo. Sus trabajadores, su comité de empresa y sus directivos conocen mejor que nadie determinadas prácticas para esconder la desastrosa calidad inicial de la fábrica de Kenitra y el papel desempeñado por Avilés. Mejor será obviar este asunto para no perjudicar a la propia empresa.

Es lógico que una multinacional reparta su negocio por todo el mundo en busca de los mayores beneficios posibles. Pero no a costa de destruir una historia de 75 años en un territorio que le ha aportado todo, hasta el silencio en cuestiones como el del medio ambiente. Hay datos sobrados.

En los últimos tiempos, Saint-Gobain ha sido noticia por la compra de empresas y por el anuncio de inversiones multimillonarias. En el primer trimestre del presente año ha alcanzado un volumen de ingresos de 11.400 millones de euros, con un crecimiento orgánico del 4,7%. Y la propia empresa reconoce que espera a final del ejercicio unos márgenes de beneficios de dos dígitos por cuarto año consecutivo.

Avilés reúne todas las condiciones de cualificación de sus técnicos y trabajadores –«uno de los cinco mejores sekurits del mundo», reconoce su propia dirección– y hasta geográficamente, en beneficio del negocio. Dispone en Asturias de arena de la máxima calidad en Cornellana (el 71 por ciento del componente de un kilo de vidrio); de caliza en la cantera de Ortiguero (Arenas de Cabrales) y sosa que trae de Torrelavega. Tampoco hay disculpas aquí.

A cambio, decreta el cierre de la planta de Sekurit y anuncia, ni siquiera oficialmente, una inversión de cinco millones de euros para «ir tirando» con el horno float, lo que enciende todas las alarmas sobre el futuro de la línea de Glass.

Saint-Gobain debe una explicación en esta ciudad y en esta región sobre cuál es el valor de su palabra, de su filosofía, de su vocación europeísta, de su responsabilidad social corporativa y de toda la hojarasca que se esconde tras los PowerPoint de sus consultores de cabecera, a los que seguramente no paga con sueldos de Egipto. Seguimos a la espera.

Publicado en La Voz de Avilés-El Comercio el 28 de abril de 2025

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Sobre el autor

José María Urbano. Periodista. ExJefe de Redacción de La Voz de Avilés-El Comercio. Columnista de este periódico y director de AsturiasInnova+, el proyecto de divulgación de la innovación, la ciencia y la tecnología adscrito al Grupo El Comercio (Grupo Vocento). El relato de los hechos y los fundamentos de la opinión sólo pueden tener su base en el poder de los datos. En un mundo en el que imperan los clics, los shares, las notas teledirigidas, las ruedas de prensa sin preguntas y las declaraciones huecas en busca de un titular, hay que reivindicar el periodismo hecho por profesionales. Política, economía, cultura, deportes... la vida en general, tienen cabida en este espacio que pretende ir más allá de la inmediatez, la ficción y el ruido que impera apoyado en las redes sociales. El periodismo es otra cosa.


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