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Pilar Arnaldo

Desde La Pontecastru

PARAÍSO MATORRAL

Con el título de “Paraíso matorral” una hostelera de Boal inició en el mes de agosto una campaña en las redes sociales para denunciar el estado de abandono en el que se encontraban las carreteras de la zona, sin desbrozar en la época del año en que más necesario es tenerlas en buen estado. Parece que la iniciativa dio sus frutos, pues pocos días después comenzaron las necesarias tareas de desbroce. A veces, las autoridades escuchan a los ciudadanos, aunque para ello sea necesaria una movilización de este tipo.
No ocurrió así en otros municipios. A Tineo no debieron de llegar los ecos de esta campaña o, si llegaron, los responsables municipales pensaron que no iba con ellos, pues las pistas de los pueblos siguen en un estado de abandono lamentable. Aquí, en el Cuarto la Riera, vivimos todos los veranos y otoños un auténtico tormento cada vez que tenemos que coger el coche. La maleza invade por completo las carreteras, ya de por sí estrechas, con lo que se vuelven realmente peligrosas. En la mayoría de los sitios no se cruzan dos coches sin rozar el matorral, con los consiguientes desperfectos que ello ocasiona. Además la visibilidad es nula y las señales ya están completamente tapadas. Pero no solo es un peligro para los coches, sino también para los peatones, que son principalmente gente mayor a quienes sus médicos aconsejan caminar para paliar sus múltiples achaques, quizá desconociendo que la aplicación de tan saludable práctica puede poner en peligro su integridad física.
Es incomprensible como el Ayuntamiento de Tineo, año tras año, deja en el más absoluto abandono una zona en la que se encuentra uno de los mayores atractivos turísticos del Concejo, la Fana Xinestaza. Medio metro o más de maleza a cada lado de la carretera es suficiente argumento para que los visitantes abandonen en el intento. Así se promociona el turismo por estas tierras.
Es absolutamente crucial mantener limpias las pistas de los pueblos. Los habitantes de las aldeas ya tienen bastante con luchar contra el matorral que poco a poco invade fincas, senderos, pastos… Si además la maleza cerca sus principales vías de comunicación, el efecto psicológico resulta demoledor. La sensación de acabamiento y derrota es total y absoluta. ¿Quieren acabar con lo poco que queda de los pueblos? Pues sigan en en esta línea, van por el camino correcto. Pero por favor, no nos engañen, no nos digan que luchan para evitar la desaparición del mundo rural. Ya hace tiempo que no nos lo creemos.

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Sobre el autor

Pilar Arnaldo, escritora y profesora de Lengua castellana y Literatura. Como columnista publico mis artículos en El Comercio sobre mundo rural, Suroccidente de Asturias y cultura tradicional

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