Reflexiones desde el #YoMeQuedoEnCasa
Día 22.
4 de abril 2020
No hay un solo científico, político, analista o persona sensata que no coincida en que la pandemia que nos asola va a provocar una respuesta global en donde lo único que está claro es que todos vamos a necesitar de todos. Cualquiera que se aventure en esta tragedia a intentar ir por libre sabe de antemano que estará condenado al fracaso. Nos necesitamos todos. Y posiblemente ahora nos estemos dando cuenta de que teníamos ‘abandonados’ a los que tenemos más cerca, consecuencia de ese esnobismo de ‘nuevos ricos’ (en su día éramos todos clase media, lo que no dejaba de ser un puro sarcasmo hasta que la crisis de 2008 nos despertó de repente), que nos hacía apreciar lo de los demás, los productos de fuera, y viajar a países exóticos, mientras muchos no han sido capaces de disfrutar de los extraordinarios aires del Pico Gorfolí. ¡Quién los pillara ahora!
En un día como hoy recuerdo cuando tenía 8-9 años y mi madre me mandó ir a la carnicería (la única que existía en aquel flamante Barrio de La Luz, por arriba de la calle Francisco Pizarro, pegada a Lluera) a por filetes de ternera. Llevaba 100 pesetas, que pensando que estoy hablando de 1962-63 no debía ser una cantidad menor. Entré en la carnicería y allí estaba un señor al que todavía hoy le pongo cara: sonriente, jovial, atento con todo el mundo. Llegué a casa con la compra y mi madre, ay las madres, me ‘examinó’: “¿Pero qué traes aquí? Lo que me dijiste mamá, un kilo de filetes de ternera, las cien pesetas que me diste. Pero si yo te dije medio kilo. Venga, vuelve a la carnicería y se lo explicas al carnicero. ¿Pero mamá cómo voy a ir ahora, me muero de vergüenza, ni hablar, yo no vuelvo”. Ni hablar.
Así que volví con la bolsa de la carne y se lo expliqué al carnicero, que amplió su sonrisa natural para decirme: “A mí ya me parecía que era mucho, pero no te quise decir nada”. Me dio medio kilo de filetes de ternera y me devolvió 50 pesetas.
Allí al lado estaba la peluquería de Juan Cañamero. Entré en su peluquería con nueve años y salí de ella cuando tenía 55 y Juan estaba a punto de echar el cierre por jubilación. Me cambié de domicilio varias veces, pero él siempre fue mi peluquero, así que la lealtad nunca podía estar comprometida por tener que coger el coche y subir a aquella calle de Juan de la Cosa donde él seguía ejerciendo.
Recordaba hoy estas dos anécdotas para reflexionar sobre lo que vamos a hacer mañana, cuando salgamos todos de casa después de superar esta tragedia que nos acompaña. Y tengo la sensación de que casi todos vamos a coincidir en el mismo mensaje a nuestros comerciantes, a nuestros hosteleros, a los empleados de las tiendas, a los de los supermercados, a los de las grandes superficies (el capital de sus empresas será ¡vaya a usted a saber de dónde, pero ellos son nuestros vecinos!): “Estad tranquilos, os vamos a apoyar, vamos a estar con vosotros para agradeceros lo que estáis haciendo ahora por todos nosotros. Nos hemos dado cuenta de que sois imprescindibles para nuestras vidas y que os merecéis sobradamente el apoyo que os podamos prestar”.
Y estoy seguro que lo vamos a hacer todos juntos, como no puede ser de otra forma, sin egoísmos, sin que nadie dé la “nota” de ir a lo suyo, reconociendo a toda esa gente que siempre ha estado ahí, tanto en sus negocios como en entidades que llevan toda la vida arrimando el hombro en una labor de permanente evolución sin recibir demasiados apoyos y en cambio tener que escuchar más de una crítica de los de siempre, de los guays que tienen soluciones para todo, pero que son incapaces de echar una mano y de pensar más allá de su reducido grupo de ‘gente elegida’. Como habitante de una ciudad pequeña como Avilés sé de lo que habló y me va a entender todo el mundo, salvo esos ‘elegidos’, claro.
No veo yo un solo rincón de Francia en donde el propietario de un colmado o la familia que tiene un puesto en una plaza de abastos tenga a la venta un foie que no sea francés; o un vino que llegue de fuera de las fronteras de su país, o un queso, o unos embutidos, o unas ostras o un pan…
Por eso uno quisiera, por citar solo un ejemplo, que en Asturias, una de las regiones más importantes de Europa en cuanto a su oferta de quesos, todas nuestras tiendas se convirtieran en un único escaparate de quesos asturianos, como si todos los días fueran domingo al estilo del mercado de Cangas de Onís. Hablo de queso, pero quiero referirme a todo. Y quiero hablar del comercio y la hostelería nuestros, los de al lado de casa. Les vamos a pedir que ellos también cambien en lo que tienen que cambiar tras esta pandemia (tendrán que reciclarse en cuestiones de higiene y manipulación sobre todo), pero deben saber que hemos tomado nota y que les vamos a ayudar a recuperar la normalidad y más allá.
Por eso celebro el vídeo que me hacen llegar de la Unión de Comerciantes de Avilés y Comarca (UCAYC), una entidad que lleva la friolera de 41 años al pie del cañón –un dato que ya exige que se le tenga un respeto y una consideración por parte de los que han llegado hace un cuarto de hora y por parte también de quienes demuestran en muchas ocasiones que saben muy poco de las calles que transitan a diario- y que estos días sigue dando, sus empleados, una lección de servicio a la comunidad. Empleados que siguen al pie del cañón de forma presencial y telemáticamente, trabajando sábados y domingos, atendiendo las consultas y los trámites de medio millar de empresas que quieren solventar Ertes, ceses de actividad, consultas, trámites ante mutuas y Seguridad Social, información financiera, etc.
Y ahora, pensando en mañana, la UCAYC saca a la calle un vídeo del comercio y de la ciudad en donde sobresale el color de la esperanza, con estos mensajes: “Nosotros somos tú, Amamos nuestra ciudad; Tiendas con alma, Comercio Amigo; Venceremos juntos, Juntos lo conseguiremos; Volvemos a compartir; Brindando por nuestra ciudad; Nos vemos en nuestras terrazas; Nosotros decimos sí a nuestro comercio”.
Y nosotros, la inmensa mayoría, vamos a decir mañana lo mismo: “Nosotros decimos sí a nuestro comercio”. Esperemos que todos los que están concernidos en este objetivo sepan estar a la altura.
Sábado, sol, manzanilla de Sanlúcar mirando al Gorfolí a la salud de todos, anuncio de nueva prórroga que a nadie pilla por sorpresa; buen discurso del presidente del Gobierno Pedro Sánchez (asumo los insultos de las ‘juanalalocas’ y seguidores, es más, me reconfortan), me reconcilio con la política con un video de Esteban González Pons (PP) en el Parlamento Europeo que nos ofrece Antonio Trevín (PSOE) tras ponerlo como ejemplo de la buena política más allá de las ideologías, y parece que el sacrificio del confinamiento empieza a dar resultados. Así que, juntos, vamos a poder con todo. Sin bajar la guardia.
Ánimo.
Esto lo vamos a sacar adelante entre todos. #YoMeQuedoEnCasa