>

Blogs

Alejandro Carantoña

En funciones

Vade retro

Hace años, los 28 de diciembre solían traer a estas páginas alguna inocentada. La más notable, un fotomontaje con el puente sobre el río Piles derruido que hizo que no pocos se asomasen con el “ya sabía que era broma” al filo de los labios, pero también cierta inquietud, barrida hoy por el siglo XXI y sus cosas, que le daba sentido a aquella “información”. Conviene ser inocentes –que no ingenuos– toda la vida, para preservar y brindar algo de pureza al mirar las cosas, algo que nos devuelva durante un rato –igual que el puente del Piles– una necesaria capacidad de fascinación, de frescura.

El último proyecto en el que participé –como sobretitulador y con toda la inocencia– antes de empezar a infusionarme en el espíritu navideño fue ‘El barbero de Sevilla’ en la Ópera de Oviedo, que terminó el sábado de la semana pasada. Estaba dirigido escénicamente por Mariame Clément; musicalmente por Ottavio Dantone; sustentado por un amplísimo equipo más o menos oculto a la vista; reído y aplaudido por la inmensa mayoría del respetable y denostado por un pequeño grupo. Este club cuenta con ilustres voces de la región, como el notable escritor, eminente filólogo y ocasional francotirador cultural José Luis García Martín.

Hay una parte del público ovetense que no pudo digerir ese ‘barbero’ por convencionalismos más sociales que otra cosa: en la comentada aria de Rosina, que la soprano canta mientras que se hace la cera, siempre se escuchó un murmullo en el teatro. En la oscuridad, quienes teníamos ocasión de ver las caras a los espectadores detectamos algo muy llamativo: enjoyadísimas señoras de Oviedo que se sonreían con dulzura ante un golpe de efecto en el que se reconocían a la perfección mientras que sus maridos se revolvían en la butaca con nerviosismo.

Otros –los cuatro que montaron una operación abucheo al espectáculo en el estreno, o el propio García Martín– ya conocían de sobra a Mariame y a su trabajo por haberlo visto en el pasado, y no obstante se entregaron en cuerpo y alma a aquello que no estaban dispuestos a disfrutar. García Martín, en concreto, recibía a Clément en estas mismas páginas con un entrañable ‘Vade retro, Mariame’ para luego soltar unos cuantos mandobles, de entre los cuales sobresalía el siguiente: “Era como tratar de escuchar la ópera mientras en el escenario se representa una versión de ‘Sopa de Ganso’, de los hermanos Marx”. Varapalo este que, por otro lado, suena más a elogio que a lo que pretende ser.

Hay cierto conservadurismo inquietante ahí detrás: ¿Debido a un sentimiento de posesión sobre la obra, quizás? ¿A prejuicios? ¿O a lo peor a esperanzas de que el teatro aporte lo esperado, que no sorprenda sino calque una función de hace doscientos años, y que por tanto fracase? Sea como fuere, lo que había, hay y habrá detrás de ese ‘Barbero’, y de la inmensa mayoría de los que se producen en todo el mundo –incluido el del Met que menciona el crítico como estándar de calidad– es rigor y estudio, pero es también y sobre todo cariño, es ternura y es un tipo de sonrisa que quizás solo sea posible en un teatro: es pura inocencia. El cómo es harina de otro costal, y que no corresponde comentar aquí por ser parte “concertante” de la primera parte, que diría el otro. En fin, ¿ha quedado claro que se ha caído el puente sobre el río Piles? ¡Feliz año!

[Este artículo apareció publicado originalmente en la edición impresa de El Comercio del día 28 de diciembre de 2014.]

Sobre el autor

Letras, compases y buenos alimentos para una mirada puntual y distinta sobre lo que ocurre en Asturias, en España y en el mundo. Colaboro con El Comercio desde 2008 con artículos, reportajes y crónicas.


diciembre 2014
MTWTFSS
1234567
891011121314
15161718192021
22232425262728
293031