En muchas ocasiones solemos responsabilizar al paso del tiempo de todo aquello que llega a perderse en el olvido sin darnos cuenta de que somos nosotros mismos quienes deberíamos tratar de ayudar a que ciertas tradiciones y oficios perdurasen con el paso de los años. En este viaje, nos remontaremos a tiempos ancestrales para conocer en primera persona una de las manifestaciones artísticas más antiguas del ser humano. Nos rodearemos de la inimitable belleza de los paisajes asturianos, de carreteras infinitas que parecen llegar a ningún lado y escucharemos los gritos silenciosos de un pequeño pueblo del extenso concejo de Cangas del Narcea que, poco a poco, ha ido viendo cómo ha ido desapareciendo aquello que tanto renombre le dio. Así que, sin más demora, subámonos a nuestras motos, metamos la primera y arranquemos rumbo a Llamas del Mouro para conocer su valiosa seña de identidad: la cerámica negra.
El mes de Octubre está dando sus últimos coletazos y con él, se desvanecen los largos días de luz que nos brindaban la oportunidad de alargar nuestras rutas moteras hasta atardeceres inolvidables. Era el momento perfecto de despedirlo a lo grande, como solo los amantes de las dos ruedas sabemos hacerlo. Nuestro punto de encuentro fue la gasolinera de Villalegre y, tras un intento fallido de llegar la primera, allí se encontraban ya Álvaro y Ole, con quienes hace mucho que no coincidía. Fue imposible no girar la cabeza cuando apareció Silvi sobre su Harley y es que, hay sonidos inimitables que no pasan desapercibidos a nuestros oídos.
Pedro tampoco quiso quedarse atrás y se apuntó a una salida de la cual, algo me dice, que solo sabía el destino pero no el camino. Durante la misma, pude comprobar que no fue el único sorprendido por el trazado de la ruta y es que, en muchas ocasiones, esos desvíos inesperados, pueden llevarte a grandes lugares. Desde Langreo, Ana y Tino no tardaron en llegar y es que, siempre que pueden , asisten a las rutas que les propongo. Algo debe estar funcionando bien puesto que han repetido en varias ocasiones y yo diría que hasta se han hecho asiduos.
Eran poco más de las 11:30 horas cuando salimos en dirección al cruce de Cornellana .
Desde allí y, poco después de acceder a la AS-15, en otra gasolinera a pie de carretera, se incorporaron Domi y Carlos. Ahora sí, el grupo ya estaba completo. Un grupo de lo más variopinto en el cual las marcas quedaban de lado y solo contaba la pasión por una misma afición.
Las intensas ansias por rodar, incrementadas después de dejar atrás una semana pasada por agua, necesitaban calmarse. La agradable temperatura fue una de nuestras compañeras perfectas durante todo el viaje y, rumbo hacia el Puente del Infierno, nos rodeamos de los escenarios del paraíso.
Linares marcó el desvió hacia lo “desconocido” puesto que muchos de mis compañeros de ruta no habían pasado con anterioridad por esta carretera, angosta y de firme no muy cómodo en algunos de sus tramos. Por el espejo retrovisor les observaba y, con sus motos, dibujaban sin saberlo, una serpenteante hilera que se desplazaba al compás del trazado del asfalto. Por el camino, algunas zonas sombrías,..
En ellas, fuimos testigos de una auténtica lluvia de hojas. Con las puertas del otoño abiertas de par en par, los árboles se visten de ocres, rojos y amarillos dando lugar a un impresionante espectáculo visual. Con cautela, rodamos por un firme roto y sucio que no tardó en mejorar y abrirse a modo de ventana al paraíso.
Después de 30 kms, para sorpresa de algunos, llegamos hasta Cangas del Narcea. Desde allí, iniciamos la empinada subida hasta el Santuario de Nuestra Señora del Acebo, el segundo más visitado después de Covadonga y el cual, personalmente, considero que es uno de los mejores miradores naturales de la tierrina.
Sin duda, no podíamos haber escogido mejor comedor …
El menú resultó ser muy variado… Unos se lanzaron a lo “rápido”,…
Otros, prefirieron sentarse tranquilamente y olvidarse de contar calorías..
Los hubo quienes se inclinaron por algo más saludable,… Una buenísima elección a la hora de recordar que después volveríamos a coger las motos.
Y no faltó quien, después de un buen bocata, se zampó un buen postre,..
La cuestión era estar a gusto y se notaba que todos lo estábamos. No había más que mirarles para darse cuenta de ello,..
Aunque nuestras risas no parecieron incomodar a los allí presentes…
Tino no tardó en darle trabajo a su cámara…
Y, por lo que parecía, yo no era la única interesada en averiguar lo que estaba fotografiando,..
Pero, desde luego, él no se quedó sin ser “cazado”..
¿Y si ascendemos un poquito más?…
¡Esperad!…. Creo que alguien se nos ha quedado atrás,….
Sin palabras…
Sin duda, un excelente lugar para desconectar. Y si no, que se lo digan a Álvaro.
A falta de cámaras, los teléfonos echaban chispas,..
Y entre fotos y más fotos se nos echó el tiempo encima. Así que digamos un “hasta luego” a este magnífico lugar porque Llamas del Mouro nos está esperando.
O más bien Manuel, nuestro artesano en esta ocasión. Hasta él nos separan poco más de 9 kilómetros desde que tomamos el desvío en el pueblo de Javita, en la AS-15. La CN-6, todo un infierno para Pedro, se encuentra en obras y en pésimo estado. Aún así, logramos alcanzar el pueblo sin incidencia alguna.
Con estas vistas, es menos trabajo el trabajar,..
De hecho, a nuestro anfitrión podéis visitarlo a diario porque él nunca cierra.
Con media hora de retraso, Manuel nos esperaba ya en la entrada…
Apenado, se diculpó porque Alicia, su hija, no pudo atendernos en esta ocasión pero, desde luego, sus explicaciones fueron más que interesantes…
Y es que Manuel, a sus 65 años (el cual él mismo dice que no aparenta y que trata de llevarlos de la mejor manera posible), lleva modelando el barro desde que era solo un niño. Algo que sus nietos, por lo que pudimos comprobar, también han heredado.
En su taller, nada se escapa a ser cubierto por este material,…
Nos confiesa que, normalmente, lo trae de fuera, pero no porque allí no lo haya sino porque es de mejor calidad. Es hora de quitarse el reloj, ponerse el mandil y comenzar a trabajar,…
Sus manos perfilaron la silueta de una jarra que, poco a poco, fue adquiriendo forma ante nuestras atentas miradas..
Y más de cerca,…
De todos los alfares existentes en el pueblo éste es el único que perdura en la actualidad. Nuestro hombre no recuerda cuando se inició la tradición. No puede darnos fecha exacta pero nos remarcó que su abuelo y su padre ya se dedicaban a este oficio. En su tienda, podremos adquirir ejemplares variados de esta representación artística tan peculiar y sorprendente de la que quisimos llevarnos una pequeña muestra.
La verdad es que era difícil escoger,..
No nos vendría mal una de estas para los ahorros de nuestros viajes…
En el exterior, le acompañamos para que nos enseñara el horno,..
Con algún espectador improvisado por el camino que nos observaba sin apartar la mirada..
Y seguimos con atención sus explicaciones,..
Eran poco más de las 18:00horas cuando nos despedimos de Llamas y de nuestro artesano y, para desgracia de Pedro, lo hicimos por la misma carretera. Pero en esta ocasión, el conocimiento previo del recorrido, como de costumbre, suele hacernos el trayecto más corto.
El broche de oro de nuestra visita estuvo marcado por una última parada en el mítico bar de Pilotuerto ..
En el cual, aparte de reforzar nuestra unión como grupo, alguno se dedicó a hacer nuevas amistades…
Siempre digo que los protagonistas de mis crónicas son los paisajes asturianos, la moto, los lugareños con los que me encuentro en los pueblos y que tanto me arropan, los artesanos a los que visito y, por supuesto, las personas que me acompañan. En este caso, espero que Silvi, Domi , Tino, Ana, Ole, Carlos y Álvaro se hayan sentido tan a gusto explorando el paraíso en moto que decidan repetir la experiencia. A ellos les dedico este relato y les doy las gracias por haber formado parte de uno de esos días que guardaré siempre en mi corazón, en donde todos y cada uno de ellos, ya tienen su lugar reservado. V´SSS.
Para ver el trazado de la ruta, pincha aquí.