Ubicado en la espectacular Sierra del Sueve, este lugar que parece sacado de un cuento de hadas será el protagonista de nuestra ruta de hoy. Derivado etimológicamente de “viesca”, lugar o bosque frondoso poblado de árboles, arbustos y otras plantas, se encuentra a tan solo unos 4 kilómetros del mar Cantábrico pero, lo que realmente le hace especial es que está considerado como el hayedo que se encuentra a más baja altitud de la Península y probablemente de toda Europa lo cual le confiere un otoño tardío y, mientras que otros de sus compañeros ya han visto cómo han caído sus hojas aquí, podremos seguir disfrutando de su belleza durante más tiempo la cual, sin duda nos dejará boquiabiertos.
Era el último fin de semana de octubre y, precisamente esa noche, nuestros relojes retrasarían una hora sus agujas con lo cual dispondríamos de menos horas de luz diurna y con ello nuestras rutas moteras tendrían que adecuarse y ajustar recorridos y tiempos. En fin, era la ocasión perfecta para ir a conocer este lugar repleto de magia.
Eran las 12:00 horas cuando mi compañero de ruta de ese día, Carlos apareció junto a una gasolinera próxima a Pola de Siero. Descendimos La Campa y por la N-632, rodamos hasta Colunga donde, a la salida, la AS-260, tan conocida por llevarnos hasta el mirador de El Fitu, en uno de sus desvíos, concretamente en Pie de Potro, será el lugar en el que estacionemos nuestras monturas.
Por el camino, nos rodeamos del paisaje asturiano que en esta época luce unos verdes envidiables.
Alguna perezosa que no se inmutó al vernos.
Poco a poco, comenzaba a adivinarse lo que nos esperaba pocos metros más allá.
Los árboles nos abrazaban oscureciendo el paisaje.
Mi cámara no paraba de fotografiar los innumerables rincones de los que nos rodeábamos.
Y nuestro comedor ese día fue de lujo.
Pero la de Carlos tampoco.
Sin mirar el reloj disfrutamos de ese lugar mágico hasta que decidimos irnos para continuar nuestra ruta. Poco antes de coronar El Fitu, nos desviamos hacia un aparcamiento que hay a mano derecha y que suele estar bastante menos masificado. Desde allí, Asturias se abría ante nuestros ojos. Nos relajamos, nos sentamos y, simplemente, disfrutamos del espectáculo visual que teníamos ante nuestros ojos.
Hacia el otro lado.
Para terminar el día disfrutando de la puesta de sol en la playa de San Antolín.
Mar y montaña van de la mano en Asturias y qué afortunados somos por poder disfrutarlos teniéndolos tan a mano. Otra nueva ruta, otro nuevo lugar, para dar a conocer, poquito a poquito, esta “tierrina” en la que vivimos.¡ Nos vemos en la próxima!.