Esta semana nos trasladaremos hasta un lugar que parece sacado de cuento de hadas. Rodaremos hasta un pequeño rincón del concejo de Castropol, en el occidente asturiano en el que, bajarse de la moto nos ha traído una recompensa inolvidable. Mojaremos nuestras manos en un remanso de agua, paz y tranquilidad, características tan buscadas en lugares como el que hoy nos ocupa: la cascada del Cioyo.
Un día cualquiera es la mejor excusa para sacar nuestras monturas y salir en búsqueda de nuevos lugares que explorar y si es en la compañía de personas como Carlos(quien ya me ha acompañado en varias ocasiones) el motosenderismo está asegurado. La N-632 fue la elegida para surcar sobre ella curvas, curvas y más curvas.
En Cadavedo nos desviamos para visitar un lugar en el que, asombrosamente, nunca había estado y tenía ganas de conocer: la ermita y mirador de Santa María de Riégala, o lo que es lo mismo, la Regalina .
Data aproximadamente de 1930 y que se encuentra en un lugar de vistas privilegiadas conocido como la Punta del Cuernu. A un lado,..
Al otro..
El lugar es, simplemente, fascinante.
Con detalles como éste.
En Rozadas nos desviamos por la AS-361 durante unos pocos kilómetros para desviarnos hacia una estrecha empinada y mal asfaltada carretera en la que el verdín afloraba sobre el asfalto roto. Con precaución conseguimos lograr llegar a un pequeño párking de tierra donde estacionamos nuestras motos.
Un par de carteles al inicio de la caminata en los cuales nos muestran la fauna y flora del lugar(abedules y castaños) así como la leyenda asociada al mismo.
Cuentan que un mozo de Villarín bajaba a dormir en las tardes de verano a la vera del río.El frescor del agua y y el tenue ruido le proporcionaban una estupenda siesta. De tanto verle dormir, una xana que espiaba sus sueños se quedó enamorada de él.Hasta que una tarde de tormenta el caudal del río creció de repente por las lluvias llevándose al mozo aguas abajo. La xana que lo vigilaba vió que el mozo se despeñaría matándose en las rocas del fondo de la cascada del cioyo por lo que rápidamente hizo un encanto creando una pequeña laguna o poza que hoy vemos en la base, el mozo acabó remojado y tal fue el susto al despertarse en las aguas que nunca más volvió por allí. Se dice que si nadas en las aguas bajo la cascada del Cioyo aún puedes escuchar los llantos de la enamorada.
Nosotros quisimos bajar a contemplar la belleza del lugar por nosotros mismos. Y, aunque, no fue tan fácil como creíamos..
Sin duda, no pudimos tener un comedor mejor ese día.
Una ruta de diez, con una compañía de diez y un lugar al que, seguramente, volveremos `para comprobar si, realmente, allí, se oye el llanto de la enamorada.