Blogs

Juan Neira

LARGO DE CAFE

EL WATERGATE GIJONÉS

El conocimiento del contenido de unas cintas grabadas, con intervenciones de concejales del PP del Ayuntamiento de Gijón (Luis Crego, Eduardo Junquera y Pedro Muñiz) en una reunión interna del partido, ha causado un gran impacto en la opinión pública, provocando un sin fín de reacciones, llegando a intervenir en la polémica dirigentes nacionales de los dos grandes partidos, como Soraya Sáenz de Santamaría y Leire Pajín.

El ex concejal del PP gijonés y miembro expedientado de ese partido Emilio Noval dio un paso en la lucha que mantiene contra la dirección gijonesa del PP, presidida por Pilar Fernández Pardo, entregando a la prensa el contenido de unas grabaciones efectuadas hace un par de años en una reunión interna del partido, en la que tres concejales declaraban cosas tan sorprendentes como que había que poner, disimuladamente, arena en los ejes del equipo de gobierno del Ayuntamiento de Gijón para que no le salieran bien proyectos como el acuario o el centro de talasoterapia. En otra intervención, uno de los concejales, médico de profesión, se declaraba contrario a la ubicación de una unidad de radioterapia en Gijón, prefiriendo que fuese localizada en Oviedo.

Nada más conocerse el contenido de las grabaciones las reacciones del público no se hicieron esperar. Sirva como ejemplo que en las seis horas siguientes a la noticia, en la web de este periódico (elcomerciodigital.com) quedaron reflejados 149 comentarios, una vez desechados los que contenían expresiones injuriosas. Por su parte, Pilar Fernánez Pardo dio su versión sobre el suceso, al que calificó de «caso de espionaje político en connivencia con el PSOE», y se centró en la personalidad de Emilio Noval, al que calificó de personaje «obsesivo».

Las grabación es un acto censurable y un golpe bajo para las personas que ven sus intervenciones difundidas ‘urbi et orbe’, aunque los golpes bajos entre las distintas facciones del PP gijonés se han convertido ya en costumbre. Los concejales grabados han recurrido al amparo de la Justicia.

Con independencia de lo que se sustancie en los tribunales, cabe decir que las intervenciones grabadas no se corresponden exactamente con una conversación privada (como se ha reiterado machaconamente), porque la reunión del órgano de un partido no es un acto público, pero tampoco es equiparable a las conversaciones que tienen lugar en el ámbito reservado e íntimo de cada persona. En cualquier caso, la Justicia dirá lo que considere oportuno, pero el asunto tiene, sobre todo, una dimensión política, que es la que no se ha abordado.

Un dilema universal

El asunto, lejos de ser anecdótico, tiene que ver con el núcleo de la acción política: cómo se concilian los intereses generales con los intereses de partido. La reflexión descarnada de los ediles gijoneses del PP tiene un carácter universal, al confrontar lo que es positivo para una organización (el fracaso de Paz Fernández Felgueroso) con lo que es bueno para la sociedad (la apertura del acuario).

Para empezar digamos que el rechazo del ciudadano medio hacia la política tiene que ver esencialmente con esto que estamos tratando. La gente no siente fobia porque el Ministerio de Fomento haga carreteras o el Ministerio de Educación programe planes de estudio. Lo que produce un profundo desagrado es la intromisión de los intereses de partido en la ejecución de las carreteras y en la gestión de la Educación. En un bar de carretera de Zamora leí una leyenda: «política=caca». En realidad, a lo que alude esa expresión no es la política, sino a la política de partido. Lo que más desagrada a la gente es que si el Gobierno dice blanco, la oposición tenga que decir negro. Y viceversa.

En Gijón, cuando el Ayuntamiento acudió a la llamada de auxilio del Sporting y realizó la compra de las instalaciones de Mareo, por un montón de millones, los dos grupos de la oposición (PP e IU) abandonaron el pleno del Ayuntamiento. Fue un buen ejemplo de política de partido, frente a los intereses de la gente. En Oviedo, el alcalde, Gabino de Lorenzo, abandonó al Real Oviedo a su suerte, y ahora el club de la capital milita en Tercera División, para escarnio de la afición carbayona que tiene un estadio de Primera.

Repito, el asunto no es gijonés ni asturiano, es universal. Se vio en la política nacional, antes de las elecciones generales, con el deseo de la oposición para que avanzara más deprisa la crisis económica y verse beneficiada en las urnas. Lo ha dicho en toda su crudeza un edil del PP: «El fin primordial del partido político no es el bien de Gijón».

En líneas generales, el bien común está representado por la acción de los gobiernos (solución del paro, mejora de la sanidad y de la educación, etcétera), aunque esta afirmación admite muchos matices. La oposición no debe moralmente obstruir los planes de los gobiernos, pero sí puede criticar la gestión de esos planes y presentar ideas mejores. El balneario de Gijón es muy mejorable (empezando por la estética del edificio), pero no cabe obstaculizar su construcción para dañar electoralmente a la alcaldesa.

Cuando se está 29 años en la oposición estas disquisiciones conceptuales son difíciles de hacer, porque es muy grande el hambre de gobierno. En esa línea iba la crítica de Soraya Sáenz de Santamaría. Lo que no entendí fue el silencio de Ovidio Sánchez.

Temas

por JUAN NEIRA

Sobre el autor