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Juan Neira

LARGO DE CAFE

EL PLAN DE CASADO

Los titulares más impactantes que suministra el PP asturiano tienen que ver siempre con la vida interna del partido. No ha destacado especialmente por hacer una crítica rigurosa del socialismo gobernante, sino por lavar los trapos sucios ante la mirada del vecindario.

Cuando está en pleno apogeo la guerra entre la presidenta de la organización regional, Mercedes Fernández, y la candidata a la Presidencia del Principado, Teresa Mallada, se abre un nuevo frente en Gijón entre los dos bloques.

Gijón

Mariano Marín, presidente local, ha hecho pública una declaración en la que advierte de que no aceptará, bajo ningún concepto, que el candidato a la Alcaldía, Alberto López-Asenjo, elabore la lista electoral a su capricho, con personas que no tienen el carné del PP o que se afiliaron el otro día. Apela al cumplimiento de las normas internas porque, en caso contrario, el fracaso está asegurado. En la misiva se alude a elección de candidatos en reuniones informales celebradas en clubes y restaurantes.

Tiene su gracia que Marín diga que cuando se cumplieron las normas «nos ha ido bien». ¿Cuándo le fue bien al PP en las elecciones gijonesas? ¿Y en las asturianas?

Descodifiquemos el comunicado. Mariano Marín es un hombre que goza de la total confianza de Mercedes Fernández. Fue candidato a la Alcaldía gijonesa, en 2015, por decisión de Cherines y ella fue también quien lo encumbró a la Delegación del Gobierno. Si me permiten una consideración personal, es un tipo agradable, pacífico, sencillo.

Alberto López-Asenjo no está afiliado al PP y nunca hizo política en Asturias. En una entrevista en Canal 10 dijo que él elaboraría la candidatura y citó como dirigente de referencia a Teresa Mallada. Por sus declaraciones me pareció una persona cultivada, acostumbrada a negociar acuerdos internacionales en el ámbito de la pesca, y que llegó a Gijón con la pretensión de tejer pactos.

Resumiendo, el enfrentamiento entre dos hombres pacíficos y pactistas no pasa de ser un eco del choque entre las lideresas.

Todo esto sucede cuando el PP está a tres semanas de participar en unas elecciones generales en las que están en juego los intereses generales de España y los particulares de Pablo Casado, como máximo líder del PP.

La pelea gijonesa no se puede resolver, como tampoco se podía implantar una gestora en Asturias, como pedían a gritos Mallada y su equipo. La razón es muy simple: para adoptar medidas extraordinarias en una organización es preciso contar con alguien de absoluta confianza a quien se le pueda confiar todo el poder.

La única persona que reúne esas características para la dirección nacional es Paloma Gázquez, pero bastante tiene con competir al frente de la candidatura PPForo en las elecciones generales. Está a veinte días del examen definitivo.

Currículum

Es probable que a primeros de año, cuando Teresa Mallada fue elegida como candidata, Pablo Casado confiara en ella, pero entonces desconocía que estaba investigada (imputada) en el sumario abierto sobre el ‘caso Hulla’; tampoco sabía que siendo presidenta de Hunosa una auditoría sacó a relucir el gasto corriente inapropiado, con facturas de alimentación (yogures, ajo, chocolate, espárragos, salteado de pollo, canelones congelados, cachopo), de hogar (ropa de bebé, joyería) y académicas (dos másteres). Solo el 14,1% de los gastos estaban bien documentados. Más tarde, la candidata dio a conocer que había contratado en Hunosa a un técnico que le dirigió la tesis doctoral.

Imagino que en Madrid, ante un currículum tan original, se habrán puesto a cantar aquella canción de Perales: ‘Y te has pintado la sonrisa de carmín y te has colgado el bolso que te regaló’.

El problema tiene su origen en el desconocimiento de la organización asturiana por parte de Génova. Pablo Casado supo de Mallada por la patronal asturiana. Cuando iba a presentar en Gijón a Alberto López-Asenjo como candidato, confesó que no lo conocía, pero le habían dicho que «sabía mucho de pesca». Del peso de Alfredo Canteli en la sociedad ovetense fue informado por unos profesionales liberales de la ciudad.

En ningún caso, la estructura del partido le valió para elegir a los candidatos. Estuvo a punto de poner a Ovidio Sánchez al frente de la candidatura para las elecciones generales, pero presidentes autonómicos del PP le salvaron de cometer el error.

Aznar

Ahora bien, Pablo Casado sí tiene un plan. A lo largo de los últimos meses, desde estas líneas, me he referido a él varias veces. Y llegó el momento de ejecutarlo.

La idea procede de Aznar: la reunificación de las fuerzas del centroderecha bajo el paraguas del PP. En una primera etapa habría candidaturas de coalición. Más tarde, la unidad orgánica, con un liderazgo de verdad.

Ni gestora regional ni peleas locales: coalición con Foro, liderada por la única dirigente del centroderecha en activo que ganó las elecciones a la izquierda en una gran circunscripción.

El plan lo tiene Casado en la cabeza desde el otoño. Los sucesos de este invierno le han confirmado que la idea es buena porque no se puede apostar por el actual guiñol que convierte las elecciones en un sainete de los hermanos Álvarez Quintero.

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por JUAN NEIRA

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