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Juan Neira

LARGO DE CAFE

CORREGIR EL RUMBO

Los partidos asturianos anuncian para el próximo mandato una política de empleo basada en tres pilares: la investigación, el desarrollo y la innovación (I+D+i), el apoyo a los emprendedores o trabajadores autónomos –son dos formas de denominar una misma realidad– y una variada gama de subvenciones, bien sea a la formación dual, a las cotizaciones de la Seguridad Social, etcétera. Hace cuatro años, los mismos grupos parlamentarios proponían las mismas soluciones. No hemos avanzado nada.

Los datos nos revelan que todavía no hemos llegado a destinar la cantidad de dinero para I+D+i que se asignaba hace diez años, en plena crisis económica. En esta materia, España y Asturias se comportan como los países atrasados que al realizar el ajuste fiscal aplican las tijeras sobre las herramientas del futuro. En vez de recortar el gasto corriente podaron los recursos destinados a investigación e innovación. En Alemania el dinero para innovación aumentó en el 31%, en Inglaterra se elevó en el 16%; en la Unión Europea, de media, creció un 22%. Sin embargo, en España bajó el 5,8% y en Asturias menguó en el 23,4% el dinero para I+D+i. Nuestra región, como casi siempre, si no va en el furgón de cola, va en el penúltimo vagón. En este caso, solo Cantabria y Extremadura arrojan peores cifras. Viendo los números tal parece que entre nosotros sigue de actualidad el famoso, «que inventen ellos» de Miguel de Unamuno.

Con estos precedentes, si los partidos políticos quieren hablar seriamente de innovación y empleo, lo primero que tienen que hacer es comprometerse seriamente a aumentar en porcentajes concretos los fondos destinados a investigación básica y aplicada.

La otra cuestión pendiente, al hablar de empleo, es poner en el centro de la reflexión a los empresarios. Desde la década de los años noventa del pasado siglo no hay mandato sin acuerdo de concertación social. Los sindicatos ponen toda la carne en el asador, como si les fuera la vida en ello, y los empresarios hasta tiempos recientes hacían lo mismo. Los acuerdos sociales los utilizaron los gobiernos como una forma de legitimación ante la oposición, para obligarle a aprobar los presupuestos del Principado donde se contenían partidas sustanciales para la concertación.

Todo este cambalache ha puesto a los empresarios en un lugar indeseado, como gestores de recursos públicos para programas concretos. Los empleadores deben jugar otro papel más importante para el futuro de la región.

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por JUAN NEIRA

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