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Juan Neira

LARGO DE CAFE

MEDITACIÓN

Jornada de reflexión. Hay que pensar en los candidatos, es una orden. Día de meditación, como los ejercicios espirituales de antaño o el yoga del presente. Las empresas demoscópicas dicen que cada vez hay más gente que deja la decisión para última hora. Cuestión de modas. Hace cuarenta y dos años, la primera vez que hubo elecciones, en el censo electoral había muchas personas que habían vivido la guerra civil. Como los traumas marcan, sabían lo que iban a votar antes de que Adolfo Suárez convocara las elecciones.

Ahora es distinto, se escoge la papeleta, con frecuencia, por antojos. Como a nadie le gusta reconocer que se deja llevar por caprichos en decisiones importantes, se apela al término ‘sensaciones’. Votar por sensaciones.

El fin de la semana de los comicios se habla por la calle del asunto, y con frecuencia se oyen expresiones como «me cae bien» o «me cae mal». Pues eso, sensaciones. Instalados en el terreno de la irracionalidad, la propaganda electoral se torna más difícil de explicar. Nunca me hubiera imaginado que la foto en blanco y negro de Pedro Sánchez para las elecciones generales, colgada de las farolas, movilizara el voto. Está claro que funcionó, así que el truco es convertir a un guaperas en un tipo gris con gesto severo para que el público empatice con él. Mañana se vota en tres urnas para tres cometidos diferentes. Antaño, con la ideología como brújula, se elegía el mismo partido para las tres urnas. Ahora es distinto. Aunque en los países católicos se oculta el voto, conozco a tres personas que espontáneamente me dieron a conocer sus preferencias electorales, y en cada urna van a votar a un partido distinto en función de cómo les cae el cabeza de lista. Es probable que dentro de unos meses no recuerden a quién votaron. No se les podrá afear el olvido porque la fidelidad en política tiene que ver más con cadenas que con espíritus libres. Para poder votar a un mismo partido toda la vida es preciso no leer los periódicos.

Para el Principado nos dan a escoger entre tres candidatos de las cuencas mineras, tres de Gijón y una de Castrillón. Más o menos como siempre. En Oviedo no hay cantera: solo salió una vez un presidente y duró dos años. Tengo un amigo que es más gijonés que el Piles y dice que Oviedo lo mangonea todo. Será por la burocracia. El mayor cambio entre los candidatos de ahora y los de anteriores elecciones estriba en la edad. La clase política apuesta por el rejuvenecimiento. Por fin un rasgo demográfico positivo en Asturias.

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por JUAN NEIRA

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