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Juan Neira

LARGO DE CAFE

EL CICLO DE BARBÓN

La aplastante victoria socialista produce desorientación. No es normal ver al PSOE ganando en los ayuntamientos de Llanera, Gozón, Villaviciosa o quedando a un concejal del PP en Oviedo. Tampoco es habitual que sus rivales, por la izquierda y por la derecha, obtengan los registros más bajos de su historia: PP, Podemos, Foro e IU se han ido a mínimos en el Principado. Si a esto añadimos que las encuestas no anticipaban las dimensiones de la victoria socialista, el pasmo está justificado.

El mapa electoral asturiano tuvo un desarrollo muy homogéneo hasta que Cascos, en 2011, creó Foro y ganó las elecciones. Las gráficas del PSOE y del PP se precipitaron hacia el suelo. Luego, en 2015, llegaron los nuevos partidos, Podemos y Ciudadanos, y se amplió el reparto de escaños.

Recuperación

El domingo, el PSOE se recuperó de los golpes electorales recibidos en 2011 y 2015, y la candidatura encabezada por Adrián Barbón alcanzó una cuota de escaños similar a las de la etapa de Álvarez Areces: 21 escaños en 2007 y 20 escaños en 2019. Con una particularidad: hace doce años la candidatura socialista competía contra PP e IU, mientras que ahora la disputa es contra seis partidos, a la vez, PP e IU entre ellos.

El PP, eterno rival del PSOE, sigue atascado en la debacle de 2011. Ya hubo otras tres elecciones autonómicas, y los populares obtuvieron diez y once escaños con Mercedes Fernández (2012 y 215) y diez con Teresa Mallada (2019). Los mismos que sacó Isabel Pérez Espinosa en 2011.

¿Cómo podemos definir el nuevo mapa electoral asturiano? Los politólogos nos han inducido al error de llamar bipartidismo a todo lo que sucedía antes de la irrupción de Podemos y Ciudadanos. Falso.

En las tres primeras legislaturas de Felipe González el PP no pasó de 107 escaños y el PSOE no bajó de 175 ¿Se puede llamar a eso bipartidismo? Para que haya bipartidismo el segundo partido debe ser una potencial alternativa de gobierno, algo inexistente con Fraga, Hernández Mancha y el primer Aznar. Y entre los dos partidos deben pasar de 300 escaños en el Congreso de los Diputados, dejando al resto en cifras mínimas.

Lo mismo pasó en Asturias. En las primeras legislaturas autonómicas, el PSOE tenía mayoría absoluta, o todos los partidos se tenían que unir para lograr algunos escaños más que los socialistas. Ejemplo de esto último fue la tercera legislatura, donde la heterogénea suma de PP, CDS, IU y PAS alcanza tres diputados más que el PSOE. No había alternativa al Gobierno socialista.

En España, el bipartidismo nace en 1993, con los 141 escaños del PP de Aznar (PSOE, 156). En Asturias nace con Sergio Marqués en 1995. En la primera década del siglo XXI, el bipartidismo goza de su edad de oro en el Congreso de los Diputados (324 escaños) y en la Junta General del Principado (41 diputados).

Hiperpartido

Desde 2015 se habla de la muerte del bipartidismo y el nacimiento de un modelo pluripartidista, con cuatro grandes partidos. ¿En qué modelo encaja la traza marcada por las urnas del 26 de mayo?

El PSOE tiene veinte diputados y el PP, diez, mientras el resto de partidos acumula 15 escaños. No hay bipartidismo que valga. Hay un partido hegemónico y el resto se entrega a afanes menores: disputa por el liderazgo en el seno de una misma familia ideológica, coaliciones electorales, ampliaciones del grupo mixto, etcétera.

A propósito: cuando se desintegró la URSS los franceses llamaron hiperpotencia a EE UU para significar que era un país mucho más fuerte que el resto. Ya no había dos potencias. Salvando todas las distancias que haya que salvar, a escala de partidos ocurre algo así en Asturias.

El reencuentro con el electorado lo logró el PSOE a caballo de un modelo de partido y una línea política marcada por Pedro Sánchez. El ‘sanchismo’ ha relanzado a un partido que estaba en decadencia. Desde estas líneas hemos criticado duramente el oportunismo del presidente del Gobierno, en muchas ocasiones, pero los frutos electorales son incuestionables.

Es importante que Adrián Barbón extraiga lo mejor del personaje para evitar quedar encerrado en el palacio de Suárez de la Riva tras la investidura, que los veinte diputados convertirán en un mero trámite. Que prefiera desplazarse a cualquier punto de la región para ver con sus ojos los problemas antes que quedarse aderezando los discursos con citas de wikipedia.

Aníbal

En una región que hemos vistos subidos al pedestal y, luego, apeados, a sucesivos líderes políticos, toca subrayar que el gran capital de un político es la credibilidad.

A escala municipal, tenemos el ejemplo en Aníbal Vázquez (IU) que sacó el domingo, en Mieres, el 60% de los votos. Recibió un ayuntamiento en la bancarrota, lideró un plan de ajuste enfrentándose a los funcionarios e invirtió en este mandato tanto como el tripartito ovetense. Ocho años más tarde, la credibilidad de Aníbal se ha acrecentado, cuando hay por ahí tanto alcalde devaluado.

Adrián Barbón, abriendo un nuevo ciclo político para un partido tan acostumbrado a gobernar, y Aníbal Vázquez, como símbolo de una izquierda que estaba acomodada a la derrota, son los dos personajes del domingo electoral.

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por JUAN NEIRA

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