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Juan Neira

LARGO DE CAFE

VIEJOS Y SOLOS

En plenas fiestas navideñas, cuando el calor de la familia es para muchas personas un recuerdo o un deseo, ve la luz un informe del Observatorio Estatal de Soledad no Deseada (ente creado por la Fundación ONCE), donde se revela que Asturias es la comunidad autónoma con un porcentaje más elevado de personas viviendo solas, 31% de los hogares, frente al 26% de España. Entre los 141.500 hogares unipersonales de nuestra región, seguro que hay situaciones muy distintas, entre ellas las de muchas personas jóvenes que han optado por emanciparse como medio más adecuado de realización personal. Por desgracia, no es esa la principal problemática en España, ni mucho menos en Asturias, porque la mayoría de los domicilios con un solo morador no están ocupados por jóvenes con ganas de comerse el mundo, sino por personas de la tercera edad que la suerte, o más bien, la mala suerte, los fue dejando aislados. La mitad de los 141.500 domicilios unipersonales están ocupados por personas que tienen más de 65 años. En el estudio se constata que la soledad es fuente de quebrantos para la salud, que van desde la depresión y la ansiedad hasta provocar infartos e ictus.

Para abordar el problema, tengamos en cuenta el contexto. La familia tradicional, con el vínculo matrimonial estable de por vida, como prueba de felicidad o de cadena perpetua, no pasa de ser un recuerdo, como la capacidad prolífica de la pareja. La familia, en sentido amplio (cuñados, primos, etc.), aportaba una gran cohesión al grupo de la que se beneficiaban los individuos más vulnerables (abuelos, niños, enfermos, desempleados). En la actualidad ese tipo de beneficios los aporta el Estado, pero con un menor compromiso y sin llegar a todos los aspectos que cubría la familia. A todo lo anterior, sumemos que vivimos en una sociedad de exaltación del ‘yo’, donde el individuo no debe estar condicionado por el entorno. La plenitud, la felicidad, son fruto de una búsqueda puramente personal, no está ligada a cónyuges, hijos, padres, hermanos o amigos. A partir de ahí, hagamos planteamientos realistas.

Vivir solo no es un drama si el individuo mantiene un nivel aceptable de sociabilidad. Las administraciones públicas tienen centros para actividades sociales y en sus manos está adoptar programas que dinamicen la vida de los mayores en soledad. También deben apelar al voluntariado, porque no hace falta ser un psicólogo para dar conversación a los que tienen como únicos contertulios a la televisión y la radio.

 

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por JUAN NEIRA

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