Antes de que avance más el calendario quiero comentar dos asuntos que fueron noticia en las últimas semanas del pasado año y por su importancia merecen una reflexión. Lo hago con la voluntad de enmendar el relato dominante para servir de contrapunto a la verdad oficial. Me refiero al Informe Pisa y a la cumbre del cambio climático en Dubai. Esta segunda la voy a dejar para otro día.
En el Informe Pisa 2022 sale muy mal parado el nivel de conocimientos de los estudiantes de quince años de la OCDE (34 países desarrollados) y de la Unión Europea. La debacle es generalizada, si se comparan las notas con las obtenidas en el anterior informe, en 2018. Sólo se salvan los países del este de Asia.
España obtiene puntuaciones casi idénticas a la media de los países europeos y de la OCDE. Si leemos titulares periodísticos no encontraremos medias tintas: ‘Los alumnos españoles caen en todas las áreas del Informe Pisa y logran los peores resultados de la historia en ciencias y matemáticas’.
¿Y Asturias? Nuestros alumnos quinceañeros lograron en las tres materias investigadas (matemáticas, lectura y ciencias) unos resultados muy por encima de las medias de España y de Europa. En matemáticas sacaron más de 20 puntos de diferencia, en lectura sobre 22 y 23 puntos, y en ciencias, entre 18 y 19 puntos. Una ventaja que supone, en términos de aprendizaje, dos tercios de un curso académico.
Vista en relieve la foto española del Informe Pisa, me parece que lo más llamativo es que entre el norte y el sur hay un abismo de conocimientos. No incluyo a Ceuta y Melilla, que realmente están inmersos en otra realidad. De las ocho regiones con mejores notas, siete están ubicadas en el norte y la que queda es Madrid.
Segunda conclusión: el dinero, como ya lo demostró hace años la OCDE, no es decisivo para la transmisión de conocimientos. El País Vasco, con el mayor gasto por alumno (10.214 euros) de España, se quedó en décimo lugar, y Cataluña, la cuarta por la cola.
Asturias quedó en segundo lugar, detrás de Castilla y León, con un gasto por alumno de 2.512 euros por debajo del que realiza el País Vasco. Los alumnos asturianos obtuvieron 9 puntos más en matemáticas, 31 en lectura y 16 en ciencias que los vascos.
Aunque no voy a entrar en ello, a los vascos les sobra dinero y les falta un mínimo de cordura lingüística. Los alumnos son víctimas de un bilingüismo forzado que les deja a 31 puntos de los asturianos en lectura. Que es tanto como decir que no se enteran de lo que leen.
Si dejamos a un lado los errores de los demás y nos atrevemos a ser autocríticos, comparemos los resultados de Asturias en 2022, con los que obtuvo hace diez años, en 2012, y comprobaremos que estamos cinco puntos por debajo en matemáticas, siete en lectura y catorce en ciencias. Desde esa fecha, 2012, no hemos hecho otra cosa que perder puntos. Que los demás estén peor no quiere decir que nosotros vayamos bien.
Si nos ponemos a leer el informe encontramos que el 40% de nuestros alumnos está en los niveles más bajos de calificación, mientras que solo un 8% se encuentra en los niveles más altos. Con estos datos no caben posturas autocomplacientes.
Ahora vamos con lo más espectacular de los resultados de Asturias en el Informe Pisa.
En Asturias, en matemáticas, la escuela privada supera en 41 puntos a la pública. En lectura la diferencia es de 38 puntos, también a favor de la privada, y en ciencias es de 36. En todos los casos hay más de un curso académico de ventaja, entre la privada y la pública.
Pero hay más. Cuando se toman los datos por separado, los centros públicos, por un lado, y los de titularidad privada, por el otro, nos encontramos con que los centros privados de Asturias quedan en primera posición en matemáticas, lectura y ciencias, seguidos en las tres materias por Castilla y León. Cuando se observan los resultados en los centros públicos nos encontramos con que los asturianos quedan en séptimo lugar en matemáticas, cuartos en lectura y sextos en ciencias. En conclusión, los centros privados asturianos son los que obtienen los mejores resultados de España, incluyendo todo tipo de centros. Es decir, elevan la media de Asturias hasta colocarla en segundo lugar de España.
Las cifras son mucho más expresivas que las palabras y no dejan espacio para los malos entendidos. Hasta ahora, ningún responsable de la educación asturiana salió a la palestra para mostrar esta realidad. ¿No es acaso destacable que en una prueba internacional tan prestigiosa como el Informe Pisa los alumnos de los centros privados de Asturias obtengan las puntuaciones más altas de España? ¿No es meritorio que en una comparación internacional, solo Japón y Corea obtengan más puntuación en ciencias y matemáticas que los colegios privados de nuestra región? ¿Y que en lectura, únicamente saquen mejor nota Irlanda y Japón que la privada asturiana?
Hubo un tiempo, en la primera década del siglo, en que se puso de moda mirar para Finlandia para tratar de captar las virtudes de su sistema educativo. El rasgo diferencial del método finlandés residía en que maestros y profesores se reclutaban entre los mejores expedientes académicos. Luego, se empezó a observar a los colegios de Castilla y León, porque es la región que saca una y otra vez la nota media más elevada del pelotón autonómico. No hace falta salir de casa, entre nosotros tenemos el modelo más exitoso.