Al fracasar el intento de Cogersa de vender las 150.000 toneladas de restos de materia orgánica (desechos y residuos de origen biológico) que quedan tras someter los desechos domiciliarios al tratamiento de la recién inaugurada planta de basura bruta, el Plan Estratégico de Residuos 2017-2024 resulta fallido. Tras invertir 63 millones en reducir al máximo la basura orgánica, nos encontramos con que hay 150.000 toneladas anuales de combustible sólido recuperado (CSR) que se tienen que apilar en la moderna planta, por un periodo máximo de dos años, para luego depositarlos en el vertedero de toda la vida, formando una montaña de inmundicia. El Plan Estratégico, apoyado por la izquierda, se hizo con la intención de evitar la construcción de una planta incineradora como solución para los residuos, pero ahora se ve que la alternativa no satisface el objetivo buscado.
La gerente del consorcio, Paz Orviz, afirmó que aunque la licitación del CSR quedó desierta «hay mercado para el CSR asturiano». Lo dice por haber concurrido tres empresas, entre ellas Hunosa, para comprar el combustible, pero la propia Administración desechó las ofertas. Hunosa, en concreto, sólo se comprometía a quemar unos pocos miles de toneladas. Si yo estuviese en el lugar de Paz Orviz pensaría de forma opuesta: ni pagando 100 euros por tonelada (precio marcado en la licitación) se logra vender nuestros residuos. El Principado estaba dispuesto a gastar 16 millones anuales para quitarse la basura de encima, una operación que a, largo plazo, sería ruinosa para las familias, que pagan el coste de la recogida y tratamiento de basuras. Como todo el Plan Estratégico de Residuos no deja de ser un sofisticado rodeo para evitar la llamada ‘planta de valoración energética’ (vulgo, incineradora), desde el Principado se apostaba por la valorización química, una técnica escasamente aplicada, que a saber los inconvenientes que comportaría utilizada a gran escala.
Todo lo ocurrido no se entiende sin el peso de la ideología en las decisiones: la incineradora es muy mala y el reciclaje es muy bueno. IU tuvo un papel decisivo en la estrategia adoptada por el Principado. De forma inesperada ha tomado, ahora, una decisión valiente al apostar por que el propio consorcio queme el combustible. La planta incineradora que se construya será mucho más pequeña que la proyectada hace quince años, porque el material a incinerar es muy inferior, al pasar por la criba de la moderna planta. Un aplauso para IU.