El presidente del Principado aludía el miércoles al elevado gasto en servicios sociales de nuestra región, con una frase muy expresiva: «Somos una isla del Estado del bienestar». Al hablar de isla sugiere que estamos rodeados de territorios donde el gasto social es mucho más bajo. Una estimación que no corroboran los números. Si tomamos como medida el gasto por habitante y año, que es el indicador al que se suele referir Adrián Barbón, somos la séptima comunidad autónoma (564 euros), sobre un total de diecisiete, y muy alejados de las dos primeras, País Vasco (961) y Navarra (709). A ello hay que añadir que la ratio de gasto por habitante y año favorece a las regiones que pierden población. Basta mantener constante el gasto para mejorar la ratio. Sin embargo, perjudica a las comunidades que aumentan de habitantes, por eso Murcia, que es la comunidad con un incremento mayor de población, en términos relativos, es la que sale peor parada (366), y Madrid, que es la segunda donde más aumenta la población, es la penúltima en gasto social por habitante (412).
La Asociación Estatal de Directores y Gerentes de Servicios Sociales siempre valoró críticamente la actuación del Principado en servicios sociales. En el Informe DEC 2023, pese a puntuar la actuación de nuestros servicios sociales con un 5,74 (la quinta mejor nota), juzga de «ineficaz» la gestión realizada el pasado año. En el informe hay una serie de datos sobre recursos y prestaciones que son manifiestamente mejorables. En Asturias sólo hay trabajador social por cada 1.935 habitantes, bastante peor que la media española. No obstante, no es el asunto más inquietante, sino todo lo relacionado con la teleasistencia, la discapacidad y los centros de día.
La teleasistencia solo alcanza al 4,3% de los mayores de setenta años, mientras que en el resto de España llega al 14,1% de los mayores. Peor es aún la gestión en un tema tan sangrante como la discapacidad: Asturias es la región con menor número de plazas para mayores de dieciocho años con discapacidad. También somos el farolillo rojo en los centros de día, donde hay un déficit de equipamientos que nos lleva a dar la cobertura más baja del país. Seguro que hay otras regiones que están mucho peor en equipamientos y recursos humanos, pero no podemos vanagloriarnos de nuestra oferta. Última anotación: el balance se hace a lomos de los fondos extraordinarios europeos. Veremos qué ocurre luego, cuando tengamos que valernos por nosotros mismos, y con una demanda creciente.