Con un pie en julio y el otro en agosto, la mayoría de los sindicatos de la Educación (CCOO, UGT, SUATEA, CSIF) siguen peleando, haciendo propuestas, dando ruedas de prensa, etcétera, para pactar con la Consejería de Educación reducciones de jornada. Quieren el acuerdo, pero como desconfían del Principado, han convocado una jornada de huelga para el 10 de septiembre, día que empezará el próximo curso escolar. Hacer huelga el día que comienzan las clases es insólito, pero los cuatro sindicatos están hartos de la Consejería de Educación después de haber realizado encierros, concentraciones y manifestaciones.
La Consejería de Educación está dispuesta a reducir dos horas lectivas la jornada de los maestros de Infantil y Primaria, siempre y cuando se desconvoque la huelga. En el colegio deberán estar 26 horas, 23 lectivas (hasta ahora eran 25) y tres complementarias. Al aplicar ese recorte de jornada se crearán 486 nuevos puestos de trabajo. El Principado deberá gastar otros 23,5 millones por el aumento de plantilla. Un punto débil del acuerdo estriba en que la reducción de las horas lectivas no se empezaría a aplicar hasta el curso 2026-2027, porque hay que modificar la norma que regula la organización y el funcionamiento de los colegios y, muy importante, porque el presupuesto de 2025 está supeditado a recuperar la regla de gasto. A los sindicatos convocantes de la huelga no les parece suficiente la oferta, al entender que solo en Madrid, Andalucía y Asturias no habrá reducción de la jornada lectiva en el cuerpo de maestros el próximo curso, y al no haber abordado en la negociación la reducción horaria para los mayores de 55 años.
Es probable que haya margen suficiente para llegar a un pacto sobre las distintas reducciones de jornada, antes del inicio de curso, que es tanto como decir que la huelga no se llevaría a efecto, pero resulta inexplicable que, en estas fechas de verano, con lo sagradas que son las vacaciones para maestros y profesores (dos meses sin interrupción) se siga hablando de cuestiones que deberían haber quedado resueltas durante el curso escolar. En este caso, todo indica que la culpa no es de los sindicalistas, sino de la cúpula de la Consejería de Educación que se dedicó durante mucho tiempo a dar largas a las demandas de los sindicatos de sentarse a negociar. Es importante que reine la cordura y, al final, pueda evitarse una huelga que resultaría difícil de entender para las familias y para los maestros que se incorporan por primera vez a los claustros.