EEn vísperas de estrenar el nuevo año, Adrián Barbón desgranó los 25 retos para 2025. El presidente del Principado dijo que eran «concretos, realizables y evaluables». El principal desafío es el acceso a la vivienda; el Gobierno regional se volcará en esa problemática. Según Barbón, 2025 «será el año de la vivienda». Van a poner en marcha un programa, Alquilámoste, donde se pondrá en práctica un método ya utilizado en otras regiones, consistente en actuar el Gobierno autonómico como garante del arriendo, de tal forma que los desperfectos o impagos pueda reclamarlos el arrendador ante el Principado. Hasta aquí me parece perfecto, porque uno de los motivos que dificulta el acceso a la vivienda estriba en la escasa oferta por el miedo de los propietarios a que los inquilinos sean insolventes. El problema está en los condicionantes que impondrá el Principado a los arrendadores para acogerse a esa fórmula. Si hay que aceptar que la Consejería de Ordenación del Territorio, Urbanismo y Vivenda ponga tope al precio del alquiler, el jovial programa, Alquilámoste, será irrelevante para la sociedad.
La otra iniciativa para mejorar el acceso a la vivienda es un «pacto social entre la Administración, los empresarios y los sindicatos por la vivienda pública, accesible y asequible». Sobre este asunto hay un compromiso presupuestario de licitar 400 viviendas. Ojalá funcione, aunque el formato del pacto recuerda a la concertación social, cuando son pactos distintos; aquí se trata de poner el acento en ofrecer suelo y no poner trabas. En el problema de la vivienda tengo la impresión de que tanto el Gobierno central, como el Principado, quieren hacer grandes cosas desde el área pública, cuando el gran protagonista en la puesta de las viviendas en el mercado es la iniciativa privada.
Las 25 medidas son, en gran medida, un desarrollo del presupuesto del Principado, aprobado la pasada semana. Las contrataciones en Salud mental, el refuerzo de la plantilla en educación y sanidad, la matrícula gratuita en la universidad para familias con pocos recursos, las subvenciones a los jóvenes, etc., fueron propuestas parlamentarias que ahora nos presentan como retos.
El presidente destacó «los tres rasgos diferenciales de 2024»: estabilidad política con el Gobierno de coalición (es cierto que hay estabilidad), diálogo para el impulso reformista (reformas no hay, así que deben seguir en la fase de diálogo) y orgullo de identidad (echa sidra n’esti vasu que…). ¡Que pase 2025!