Díaz Ayuso decidió regular el uso de los dispositivos digitales. No se contempla el uso individual de ordenadores y tabletas en Madrid. Tampoco se mandarán tareas para hacer en casa de contenido digital. En los últimos cursos de Primaria, sólo podrá haber dos horas de clase con herramientas digitales. En cursos inferiores es todavía menor el contacto con la tecnología digital.
El anuncio de esas medidas en la capital ha levantado una polvareda en toda España, que ha afectado a Asturias. La consejera de Educación, Lydia Espina, también va a regular el uso de los dispositivos digitales en los colegios. Reconoce que «el mundo en el que estamos va a exigir al alumno que sea competente digitalmente». No obstante, Espina cree que hay que evitar una posible «sobrexposición», que quizás exista en algún centro. La Consejería de Educación va a regular «el uso complementario para actividades concretas».
De lo dicho se desprenden dos cosas: los dispositivos móviles en el colegio son peligrosos para los alumnos (imagino que fuera del centro les parecerán aún más) y el aprendizaje digital no es una prioridad, en caso contrario no habría limitación de horas ni tendría carácter «complementario», como dice Espina. Sinceramente, creo que tanto en Madrid como en Asturias los responsables (Ayuso, Espina) tienen una confusión mental importante sobre el uso de herramientas digitales por los menores de edad. En su fuero interno mezclan la desesperación de familias y docentes por el uso perturbador del teléfono móvil en la vida de los alumnos, con la enseñanza escolar a través de las herramientas digitales. Quieren solucionar problemas de disciplina y, en algunos casos, de adiciones, por la vía de restringir ordenadores y tabletas.
Todo lo anterior no tendría mayor importancia si no fuera que el aprendizaje digital es tan necesario como conocer la lengua inglesa, saber expresarse de forma oral y escrita, así como manejar conceptos de estadística. En el aula de un colegio, con un profesor dirigiendo la clase, no existe sobrexposición digital. El peligro no es utilizar los ordenadores y las tabletas, sino el analfabetismo digital. Eso sí que va a lastrar sus vidas y con ellas, al país. No entro en los razonamientos –bastante cursis, por cierto– que se andan diciendo por ahí, de que la lectura de un texto bajo el formato de libro es más enriquecedora para el alumno que su lectura en pantalla. Abórdese la cuestión de la disciplina, o de las adicciones, pero no pongan obstáculos al progreso.