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Juan Neira

LARGO DE CAFE

ÚTIL Y RENTABLE

Celebración de la festividad de Santo Tomás de Aquino en la Universidad de Oviedo, con la presencia del Secretario General de Universidades, Francisco García Pascual, que hizo un canto a las universidades públicas («¿alguien se puede imaginar Asturias sin la Universidad de Oviedo?»). Pascual, miembro del equipo que encabeza Diana Morant al frente del Ministerio Ciencia, Innovación y Universidades, se refirió a los cambios normativos realizados para reforzar la calidad de las universidades. Las nuevas exigencias administrativas endurecen los criterios para crear universidades, siendo más fácil constituir centros adscritos; esa vía tomó, por ejemplo, la Universidad Europea para desarrollar su actividad académica en Gijón. García Pascual aseveró que tanto las universidades, como sus centros adscritos, tendrán la calidad necesaria.

No hace falta decir que la nueva normativa se confeccionó pensando en los centros privados, porque en lo que va de siglo no se creó ninguna universidad pública, en contraste con las 27 privadas. En el cambio de la normativa influyó la opinión de los rectores de los centros públicos, preocupados por la tendencia de los estudiantes a matricularse en centros privados. García Pascual suministró un dato elocuente: en la última década creció un 2% el número de los alumnos en las universidades públicas, mientras en las privadas el incremento fue del 129%.

El discurso de García Pascual tuvo su contrapunto en la intervención de Ignacio Villaverde, rector de la Universidad de Oviedo, ya que la cuestión de los centros privados le afecta. Dijo que «la investigación, la ciencia y la I+D+i, en este país, las hace la pública». Dos observaciones. Hasta el otro día, apenas había centros privados, habrá que ver cómo es la investigación en esas universidades dentro de unas décadas. Frente a lo que dice el rector, no toda la investigación en España la hace la universidad pública. La investigación básica, sí, por supuesto, pero el desarrollo (D) y la innovación (i) la hacen las empresas privadas.

Villaverde se adentró en los conceptos: «La alta investigación nunca es rentable económicamente, porque utilidad y rentabilidad económica son cosas muy distintas». Antes de hacer una afirmación tan arriesgada, debería el rector de la Universidad de Oviedo preguntar a la Universidad de Pensilvania y a la empresa Cellscript cuánto ganaron con la patente de la vacuna del Covid. Sus colegas de Filadelfia 1.600 millones de dólares. Nada más útil.

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por JUAN NEIRA

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