La vicepresidenta, Gimena Llamedo, ha presentado el proyecto de ley que regula la tasa turística, un tributo que han demandado varios alcaldes y, sobre todo, IU, que lo considera necesario para luchar contra la masificación. La tasa se aplicará en los cuatro meses con más visitantes (junio, julio, agosto, septiembre) y en la Semana Santa. El tributo oscilará entre los tres euros por turista y noche en los hoteles más lujosos, y los 0,5 euros en establecimientos como las casas rurales o los campings. La tasa se aplicará durante cinco noches; si el cliente prolonga la estancia durante más tiempo, no tendrá que pagar ningún gravamen. La recaudación corre por cuenta del Principado, que la transferirá, íntegramente, a los ayuntamientos que voluntariamente hayan optado por ella.
La tasa turística o ecotasa es un tributo. Uno más que habrá que pagar en Asturias. No afecta solo al turista foráneo, sino a cualquier asturiano que se aloje en un hotel o en un albergue en los meses citados. Hasta la fecha sólo se aplica con carácter regional en Cataluña y Baleares, dos comunidades autónomas con una problemática turística muy distinta a la nuestra: Cataluña recibe más de 20 millones de turistas extranjeros, Baleares rebasa los 19,5 millones. La propia Gimena Llamedo reconoció que en Asturias no hay turismo masificado, al contrario, nuestra presión turística está por debajo de la media española. Dicho con otras palabras: la tasa que ahora se regula no es necesaria. Es una disposición caprichosa que está en consonancia con la cultura tributaria del Principado: poner gravámenes a todo lo que se mueve.
Como pagar por lo que no es necesario resulta difícilmente defendible, el Principado envuelve el tributo en el discurso de la sostenibilidad al pretender que la tasa supone avanzar en «un modelo de turismo sostenible». Incurre en una confusión conceptual. Se pueden pagar tasas muy altas en los hoteles y practicar un turismo depredador o gestionar el turismo sin gravámenes, con respeto a los recursos naturales y al patrimonio histórico-artístico, por citar los dos tipos de bienes más valiosos.
La tasa es producto de la ideología del Gobierno de coalición (primero gravar y luego preguntar) y de las aspiraciones de los ayuntamientos turísticos que se apuntan al chollo de recibir un dinero que no recaudan ellos del vecindario. Para justificar el innecesario tributo, Llamedo dice que «desde Asturias nos caracterizamos por la anticipación». En este caso por la precipitación.