La variante de Pajares es, sin duda, la obra pública en Asturias que ha dado más quebraderos de cabeza a las empresas constructoras, la que más expectativas ha generado y, también, la más polémica. Veinte años de obras y remiendos han sido necesarios para que el primer tren atravesara sus túneles. Dejemos a un lado los retrasos, aplazamientos y desengaños, para decir bien alto que los únicos que cumplieron lo prometido fueron las cinco tuneladoras que empezaron a horadar los túneles en julio de 2005 (la primera dovela se puso en 2004, pero fue un acto meramente protocolario, no supuso el principio de nada) y quedaron calados en septiembre de 2009. En cuatro años hicieron lo más difícil de la variante. La suma de imponderables y errores del resto de agentes alargaron dieciséis años las obras, subiendo la factura de 1.800 millones a 4.000.
Cuando se cumplen veintiún años del inicio de los trabajos y dos años y medio de haber entrado los túneles en servicio, todavía la variante de Pajares tiene asuntos pendientes. Veamos. La Federación Leonesa de Entidades Menores protestó ante el Ministerio de Transición Ecológica por el daño que habían causado las obras en los ríos. En la ladera leonesa los cauces están secos. La queja por la forma de operar de Adif (gestor de infraestructuras ferroviarias) fue atendida por el Ministerio de Transición Ecológica.
En otras circunstancias es muy probable que el Gobierno hubiese cerrado filas con el Ministerio de Transportes (Adif es un ente empresarial de Transportes), pero al frente de la transición ecológica estaba Teresa Ribera, representante del ala más radical del ecologismo; exigió a Adif una nueva declaración de impacto ambiental, valorar daños, corregir las actuaciones y ofrecer compensaciones. Todos los trazados de alta velocidad del mundo no se pueden ejecutar si es a costa de secar un balbuceante manantial. La cosa va camino de la Audiencia Nacional: Adif quitó agua a la cuenca del Duero.
Otro asunto pendiente es la estabilización de la ladera de Campomanes. Probablemente el mayor error de todos los que se cometieron en la construcción de la variante. Se han invertido montañas de dinero, pero la ladera se desliza. Dicen, en el enésimo intento de contención, que esta vez será la definitiva.
Dos cuestiones. El cambiador de vías, para que en Lena se pase del ancho estándar al ancho ibérico, es una figura decorativa. Última: los trenes van a 180 o 200 kilómetros por hora por los túneles. El Gobierno hablaba de 275 kilómetros por hora. Será para otro año.