Borja Sánchez ha hablado de Indra, de la conflictiva venta del taller de Barros (Duro Felguera) y de los planes de la multinacional para Asturias y el resto de España. El consejero del Principado ha pedido a los partidos políticos que no hagan declaraciones sobre estos asuntos: «El ruido no es bueno». No puede pretender que la oposición hable o calle según le convenga al Ejecutivo. Es cierto que hay temas delicados que pueden frustrarse si salen a la luz. La fórmula para mantener la discreción es compartir información confidencial con la oposición. Un recurso que se ha utilizado, hasta en los temas más delicados (negociación con ETA), así que si el Principado no quiere ruido debe de aprender a susurrar.
El consejero asegura que la multinacional sigue con sus planes de inversión en Asturias. Para que no haya dudas dijo que «esta mañana hemos vuelto a hablar con Indra». Hablar con la empresa no quiere decir nada, porque en ella trabajan 62.000 personas, así que depende de con quién se habla y, sobre todo, qué se ha dicho. Si Sánchez pretende tranquilizar a la opinión pública es porque hay un asunto delicado en el aire, del que depende la expansión de Indra en Asturias: el taller de Barros. En él quiere la multinacional construir su segunda fábrica de blindados en nuestra región, pero para ello necesita que Duro Felguera se lo venda y no hay acuerdo sobre el precio del taller.
La multinacional ya ha amenazado con ubicar el proyecto de blindados en otra comunidad autónoma. Situados en ese escenario, las explicaciones de Sánchez, «se trata de negociaciones largas, complejas, con muchos agentes, llevan su tiempo», lejos de tranquilizar, inquietan, porque el asunto es mucho más simple de cómo el lo ha planteado.
Son unas grandes naves sin actividad que ocupan 80.000 metros cuadrados, válidas para el objetivo que busca Indra. No hacen falta informes ni auditorías; es un negocio que se sustancia entre dos partes, sin múltiples agentes que mareen la perdiz. Lo sabe todo el mundo, empezando por los trabajadores de Duro Felguera. Como han señalado, desde instituciones empresariales, el tiempo se agota.
Según el consejero las comunidades autónomas no compiten por atraer las inversiones de Indra. Para convencernos de tan imposible aserto, dice que Indra «tiene una planificación para todo el territorio de España». Así razonan los políticos: repartir para contentar a todos. Una empresa invierte donde le resulta más ventajoso. Más de media España se quedará sin un trozo de Indra.